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En África ya no están tan contentos con China

The Economist tiene un artículo muy interesante sobre la evolución de las relaciones entre África y China. El texto empieza con un par de citas de Zhu Liangxiu, un zapatero que ha viajado por segunda vez a África. Zhu le dice al periodista que en ningún sitio del mundo se sintió tan bien recibido como en África: “He estado en muchos continentes y en ningún sitio el recibimiento fue tan cálido (como en África)”. Dejando de lado el que sólo hay cuatro continentes además de la Asia natal de Zhu (o cinco si, como los estadounidenses, cuentas América del Norte y América del Sur como dos continentes), la cita es ilustrativa. China, los chinos, solían ser bien recibidos en África. Venían con dinero, con trabajadores que daban ejemplo currando como negros (ja, gran chiste), hacían el trabajo (construir la carretera, la escuela o el hospital) y se iban. Nada de poner condiciones a los gobiernos o a las empresas locales sobre el respeto a los derechos humanos o a ciertas normas laborales, como molestamente suelen hacer los occidentales. Así que los africanos, en general, estaban encantados.

Por supuesto, la cosa no era ni es tan simple. Ni en el caso de los occidentales, que muchas veces se comportan como aves rapaces a las que no les importa apoyar regímenes corruptos con tal de conseguir un buen acuerdo o contrato; ni en el caso de los chinos, que también muchas veces aprovechaban para imponer condiciones muy desfavorables para los africanos en sus contratos de trabajo. Y por supuesto, tanto chinos como europeos como americanos babeaban y babean ante la posibilidad de conseguir petróleo y recursos minerales baratos en África -para eso sí que somos todos humanos e iguales-, sin importar las consecuencias sociales, políticas, económicas o medioambientales para el país africano en cuestión.

Pero en gran parte de África sí que había una imagen general de que los occidentales seguían manteniendo una actitud colonialista y paternalista que sólo buscaba el propio beneficio. Y de que los chinos venían a hacer negocios sin más, de que trataban a los africanos como socios, con las cartas sobre la mesa y sin tonterías colonialistas de por medio.

Y parece que esa imagen de China como mero socio comercial está cambiando – para peor.

Pero la actitud de los africanos ha cambiado. Sus socios dicen que (Zhu Liangxiu) los está timando. Productos chinos son considerados trabajos chapuceros. La política se ha colado en las reuniones. La palabra ‘colonial’ ha empezado a circular. Los niños se burlan y sus padres hacen comentarios sobre perros callejeros que desaparecen en los pucheros.

Estén más o menos fundadas, ¿te suenan estas imágenes? Como yo no puedo decirlo más claro y con mejor estilo que The Economist, traduzco más párrafos significativos (y si The Economist se llegara a enfadar, pues yo lo estiraría un poco y me amparía en el derecho de cita y a esperar que colara):

En parte, tienen la culpa las pobres prácticas empresariales importadas junto con bienes y servicios. Los trabajos de construcción chinos pueden ser chapuceros y en ocasiones se han derrumbado edificios erigidos por firmas de la China continental [que no incluye Hong Kong].

Los chinos en África vienen de una cultura empresarias sin respeto por las reglas y en la que todo vale, donde importan poco normas y regulaciones. El sentimiento local se ignora rutinariamente en China y en el extranjero.

A veces, a los empleados (africanos) les va poco mejor que al medio ambiente. En las minas administradas por empresas chinas en el cinturón de cobre en Zambia, los mineros deben trabajar durante dos años para poder recibir cascos de seguridad. La ventilación bajo tierra es pobre y accidentes mortales ocurren casi a diario. Para evitar las críticas, los mánagers chinos sobornan a los jefes de los sindicatos y los llevan en ‘viajes de estudios’ a ‘salones de masaje’ en China. Representantes sindicales obstruccionistas son despedidos y empleados que se reúnen en grupos son dispersados violentamente. Cuando los casos acaban en el juzgado, los testigos son intimidados.

También hay enfado y decepción en el lado chino. En la ciudad sudafricana de Newcastle, fábricas textiles chinas pagan sueldos de unos 200 dólares al mes, mucho más de lo que pagarían en China pero menos del salario mínimo en Sudáfrica. Los sindicatos han intentado cerrar las fábricas. Los dueños chinos ignoran a los sindicatos o hacen como que no hablan inglés. Señalan que muchas empresas sudafricanas también pagan menos del salario mínimo, que es demasiado alto para que la producción valga la pena. Sin los chinos, el desempleo en Newcastle sería aun mayor que el actual 60 por cien.

“Fíjate en nostoros”, dice Wang Jinfu, un joven dueño de una fábrica. “No somos tratantes de esclavos”. Él y su mujer llegaron hace cuatro años desde la provincia de Fujian en el sur de China con sólo 3.000 dólares. Duermen en sucios colchones en el suelo de la fábrica. Mientras sus 160 empleados trabajan 40 horas a la semana, el matrimonio empaqueta cajas, comprueba el inventario y envía pedidos desde el amanecer hasta la medianoche cada día del año. “¿Por qué nos odian por eso?”, se pregunta Wang. [...] Una respuesta a su pregunta es que la competición, sobre todo si viene de extranjeros, no es nada popular. Cientos de fábricas textiles en Nigeria han quebrado en los últimos años porque no podían competir con prendas chinas baratas. Se perdieron miles de empleos.

Gran parte de las críticas a China son proteccionismo disfrazado. Negocios establecidos intentan mantener sus posiciones de privilegio – a costa de los consumidores. La reciente llegada de comerciantes chinos a los mugrientos callejones del mercado de Soweto en Lusaka redujeron a la mitad el precio del pollo. El precio de la col cayó un 65 por cien. Los comerciantes locales enseguida llevaron sus jaulas llenas de animales a la comisión local de competición para quejarse.

La economía de la China continental está plagada de corrupción, incluso para los estándares africanos. Clasificaciones internacionales de sobornos pagados ponen a los mánagers chinos cerca de los primeros puestos. Cuando estos mánagers se van al extranjero, continúan sobornando y socavando el buen gobierno en los países adonde llegan.

Los africanos dicen que se sienten acosados. Decenas de miles de emprendedores de una de las economías modernas más exitosas se han diseminado por el continente. Sanou Mbaye, un antiguo alto cargo en el Banco de Desarrollo Africano, dice que han llegado más chinos a África en los últimos 10 años que europeos en los últimos 400 años.

En mi opinión, no es que los chinos sean inherentemente mejores o peores que los occidentales a la hora de venir a África a hacer negocios. Por supuesto, toda empresa busca maximizar sus beneficios. Y las empresas extranjeras que vienen a África no son una excepción. Simplificando mucho, las occidentales provienen de una cultura empresarial donde es más complicado saltarse las leyes y donde es más fácil que las comunidades afectadas y los clientes protesten si no están de acuerdo con las prácticas de la empresa. Como dice The Economist, las chinas vienen de una cultura empresarial diferente, donde la corrupción es más común y las comunidades afectadas tienen mucha menos voz. Además, en el caso de las empresas occidentales, y en parte debido al pasado colonial, sus sociedades de origen las ‘obligan’ a contribuir al desarrollo del país africano en cuestión y a no colaborar con regímenes políticos no democráticos.

Todas llegan a África, donde la corrupción suele ser generalizada y los recursos humanos y materiales abundantes y baratos.

Las empresas occidentales se pueden ver tentadas a pasarse por el forro la ley y los derechos de la población local con tal de conseguir más beneficios, pero al mismo tiempo tienen una cierta presión e incentivos para ser percibidas -’en casa’ y fuera- como cumpliendo con unos mínimos de respeto a unas condiciones laborales justas. Puede haber dos resultados: que las empresas occidentales sobreexploten a los africanos y sus recursos de un modo más sofisticado para mantener esa percepción positiva, o que de hecho acaben imponiendo unas prácticas laborales más o menos justas.

A las empresas chinas les preocupa menos cómo son percibidas y no tienen la ‘carga’ del tener que contribuir al desarrollo del país africano y de no poder llegar a acuerdos con regímenes no democráticos. Por lo que vienen a hacer negocios ‘sin más’ y directamente buscarán su máximo beneficio sin apenas consideraciones por los africanos y sus recursos materiales.

Los africanos no están muy felices con los productos chinos -porque son malos o porque son más baratos que los producidos por los africanos- ni con la poca transferencia de capital humano y tecnológico, así que empiezan a exigir unos mejores estándares a los chinos.

Y en ocasiones, las empresas chinas se sorprenden de que los africanos se quejen por condiciones que los chinos encuentran adecuadas.

Repito que lo anterior se trata de una burda simplificación, pero creo que sí ilustra significativamente las diferencias que puede haber entre empresas occidentales y chinas en África.

Conclusión: qué complicada es la economía del desarrollo y las relaciones -de cualquier tipo- entre países o instituciones con enormes diferencias económicas.

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Uno que sabe del tema es Javi, corresponsal de Efe en Kenia y que antes lo fue en China. Él ya ha escrito un par de veces sobre los chinos en África.

Bienvenido al centro del mundo – con un mes de retraso

Vale, estoy borracho. Pero no es (sólo) por las no sé cuántas cervezas y por los dos tres vodkas polacos con zumo de manzana.

El desierto, desde el avión, parecía otro planeta. Inabarcable. Como una tierra futura o como una tierra pasada que ya no existe.

El Cairo, desde el avión, tenía el aspecto de una ciudad apocalíptica o post apocalíptica. Una visión desde el futuro. Deteriorada, ruinosa, irregular, abandonda, cansada. El Cairo es el centro del mundo – con un mes de retraso.

Desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, con un taxista loco conduciendo a toda hostia, El Cairo es grande, marrón, sucia y tiene ese aspecto – desesperado, salvaje, como si fuera un animal luchando por salir de la tierra y alcanzar el cielo. Es, parece, una ciudad vieja, fatigada, como si nadie la cuidara.

Me gusta.

Más tarde, en Tahrir Square…

Cada viernes, su día sagrado, la gente, el pueblo, las personas se juntan en Tahrir Square, la Plaza de la Liberación, el lugar desde donde echaron a su dictador.

Salgo del piso. Entro en la parada de metro. Llega el tren, todos los vagones están a rebosar. Ah, no, uno no. Entro. Silencio tenso. Todo el mundo me mira. Yo miro a mi alrededor. Mmm, todos los pasajeros son, de hecho, pasajeras. El vagón está lleno de chicas, mujeres – y yo. Todas me miran. Una señala al vagón contiguo. Yo asiento con la cabeza y mantengo la mirada en el suelo. Primera metedura de pata. Aunque apenas dura dos minutos, siento el trayecto entre El Dokki y Opera como una tortura inacable.

En Opera, me cambio de vagón. Ahora somos todos chicos y hombres y estamos hacinados entre el sudor y la expectación por llegar a Tahrir.

Todos salimos en la siguiente parada, Sadat. Tahrir Square. El centro del mundo.

La parada de metro es enorme, complicada. ¿Hacia dónde ir? Fácil. Sigue a las hordas de personas cargadas de banderas egipcias, pintadas con banderas egipcias en sus mejillas, en sus frentes, en sus muñecas, con cintas con la bandera egipcia en la cabeza.

Llego, llegamos, a la salida del metro. Las escaleras. Fuera, arriba, unos jóvenes piden algún tipo de identificación. Enseño mi pasaporte, me sonríen, Bienvenido a Egipto, me dicen en inglés. Salgo a Tahrir Square.

Miro a mi alrededor. Hace un mes, en Kampala, vi este lugar en televisión y por internet cada día. Los egipcios luchaban contra su gobierno, contra su presidente o dictador, contra su régimen, contra Mubarak. Y ganaron. Hoy, con un mes de retraso, estoy aquí.

Suena cursi al escribirlo en este plan – pero estar aquí pone los pelos de punta. Es caminar por los libros de historia, es caminar por la Wikipedia.

Es el momento del rezo. Cientos de miles de personas llenando Tahrir Square y las calles adyacentes se mueven a una. A la voz que surge de los altavoces en un árabe que no entiendo. El suelo cubierto de páginas de periódico, de pañuelos, de banderas. Todos se vuelven hacia La Meca y rezan a su dios. El silencio y el sonido de la oración lo llenan todo. Y no dejan espacio para nada.

Tahir Square

Tahir Square

Después, la manifestación. Cientos de miles de personas, quizá medio millón o quizá más, se manifestan en Tahrir Square, la Plaza de la Liberación, en el centro de El Cairo, en Egipto.

Avanzo hacia el podio desde donde los líderes, sean quiénes sean, gritan sus consignas, sean éstas las que sean. No entiendo ni una palabra. Mi árabe se limita a ‘hola’, ‘adiós’, ‘gracias’, ‘de acuerdo’. Pero, en realidad, claro, no hace falta entender las palabras.

No tengo nada que ver con ellos. Soy de otro país, de otra cultura, de otro mundo. Y sin embargo la comunicación es fácil. Una mirada cómplice, una sonrisa, un ‘welcome to Egypt’ que se repite una y otra vez, un saludo con la mano, una mirada de comprensión.

Esta gente ha echado a un dictador que llevaba más de 30 años atormentándoles. Mientras en occidente nuestros diplomáticos hacían su trabajo: mentían; y nuestros gobiernos hacían su trabajo: no hacían nada y decían estupideces y expresiones vacías a los periodistas.

Y nosotros, los periodistas, hace dos meses llamábamos a Mubarak ‘el presidente egipcio’. Pero, ay, hace un mes ya era ‘el dictador egipcio’ y encarnaba toda la maldad típica de un Hitler. Qué ciegos que fuimos, que no la vimos en 30 años. Pero con qué felicidad saltamos al bando de los buenos una vez los buenos tuvieron los huevos que nosotros, los periodistas, no tuvimos para decir, para mostrar, la verdad en 30 años.

Hago amigos entre la multitud. Me explican quién habla, me traducen qué dicen. Es el nuevo primer ministro. ‘Voy a trabajar para vosotros’, ‘Los culpables de la violencia no van a quedar impunes’. Ojalá esté diciendo la verdad, digo a mis nuevos amigos.

Tahir Square

Tahrir Square

Ahí dentro, rodeado de cientos de miles de personas que se sienten, que saben, que pertenecen a ese lugar y que ese lugar, por fin, les pertence – uno se siente invencible. Uno se siente, es, parte de algo tan grande que se cree, se sabe, capaz de todo. Uno, ahí dentro, lo puede todo, nada se le puede resistir porque uno no es uno sino medio millón que piensan, que actúan con una sola cabeza, con una sola meta. Uno es, sólo y tanto, parte de un monstruo infinitamente mayor que él mismo, de una bestia, de un leviatán al que nada se puede resistir. Al que nadie, nada, puede detener. Nada, excepto la bestia misma. Ella, no sólo es invencible sino inmortal. Pero tú, ay, tú eres sólo una célula prescindible. Los cientos de personas que te rodean, sólo un órgano sin el que se puede pasar. Un pisotón, un malentendido, un empujón, pueden provocar una pelea, una estampida, una reacción en cadena que te puede aplastar, matar, como si fueras una mosca.

Da miedo.

Pero es excitante.

Eres omnipotente.

Y tan frágil.

No has hecho nada.

Pero has eliminado a un dictador.

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Mañana, más. O no.

Elecciones en Uganda

Colas para votar

Colas para votar

Hoy son las elecciones parlamentarias y presidenciales en Uganda. Las encuestas dan como favorito al actual presidente, Yoweri K. Museveni, de unos 67 años (nadie sabe cuándo nació) y que sólo lleva 25 años en el poder y le apetece seguir en el puesto otros cinco. El único rival que puede hacerle sombra, como ya pasó en las dos últimas elecciones, es Kizza Besigye, de 54 años y su compañero de fatigas y médico particular durante la guerra en 1980-86. Estos días, Besigye ha dicho que no se fía de la Comisión electoral (nadie con dos dedos de frente se fía de esa comisión), que él va a publicar sus propios resultados (algo ilegal y por lo que podría ser arrestado) y que sus seguidores deberían salir a la calle a protestar si creen que les han robado las elecciones.

Al contrario de en España, donde aún hay gente que cree ver diferencias entre los distintos partidos políticos, aquí tanto los candidatos como los votantes son más honrados y saben que de lo que se trata es de votar un nombre y una cara. Aquí no hay partidos de izquierdas ni de derechas, todos los programas y promesas electorales son minimalistas y se resumen en ‘desarrollo económico’ y todos los candidatos dicen que son el único no corrupto.

Bueno, pues esta mañana, mi amigo Yannick (fotoperiodista alemán) y yo hemos llamado a un par de bodas y nos hemos ido a hacer fotos y a hablar con la gente a sabiendas de que ningún medio estaba interesado y nadie iba a publicar nuestras fotos ni artículos. Si esto no es amor por la profesión, que venga Museveni y lo vea.

Comparado con el primer día de votación del referéndum de independencia en Sudán del Sur, el ambiente aquí en Kampala estaba muy calmado y aburrido. Las colas eran en general cortas y no había música por todas partes ni banderas ni gritos ni nada, como sí había en Juba. De hecho, Kampala está casi vacía, muerta, parece una ciudad fantasma.

El barreño para votar

El barreño para votar

En lo que sí se parece Uganda a Sudán del Sur es en la curiosa forma de votar. Aquí, la privacidad para que el voto sea secreto te la da un barreño. El barreño tiene dentro una cajita con tinta, tu mojas tu pulgar, imprimes tu huella en la papeleta junto al candidato de tu elección y a la urna. Al final, te pintan la uña con rotulador permanente para que no puedas volver a votar.

“Me siento bien, llevo esperando desde las 9 de la mañana (eran las 11 y poco) y he votado por Museveni”, me ha dicho cerca del mercado de Soweto y tras depositar su voto Isah Semanda. ¿Y por qué Museveni? “Porque nos dio tranquilidad de espíritu (peace of mind) y trajo la paz a nuestro país”, me ha respondido Semanda, de 32 años y que dice ser un hombre de negocios.

Aunque hoy mucha gente se refiere a él como un dictador benevolente, en 1986 Museveni fue bienvenido en Uganda -y por la comunidad internacional- casi como un salvador y como uno de los nuevos líderes africanos que parecía iban por fin a sacar al continente de la miseria. Museveni y su guerrilla lucharon contra el segundo régimen de Milton Obote, que estaba haciendo poco para sacar al país del caos en el que lo había sumido Idi Amin.

Manicura gratis

Manicura gratis

En un principio, Museveni trató de gobernar con un gobierno de unidad nacional y se adhirió a las políticas económicas del Fondo Monetario Internacional, algo que le hizo ganar muchos amigos en Estados Unidos y occidente en general, y la situación en Uganda empezó a mejorar poco a poco. También en un principio, Museveni se quejó públicamente de los políticos africanos que se aferraban al poder y que nunca querían dejar el puesto. En esa línea, la constitución ugandesa de 1995 permitía un máximo de dos mandatos por presidente y en 1996 se convocaron elecciones por primera vez tras la guerra que finalizó en 1986. Museveni venció en las elecciones de 1996 y 2001 y entonces, y a pesar de sus palabras, su partido modificó la constitución para que Museveni pudiera presentarse por tercera vez en 2006, cuando volvió a ganar. Y este año se ha vuelto a presentar para intentar ampliar su mandato a unos nada despreciables 30 años. Aunque sigue contando con el apoyo de Estados Unidos y occidente, en todo este tiempo su gobierno ha pasado a ser más conocido por la inactividad, la corrupción y el casual enriquecimiento de Museveni y sus allegados, que ocupan importantes puestos públicos. Durante esta campaña electoral, varios medios nacionales y la gente de la calle hablaban de cómo Museveni y su partido se dedicaban a recorrer la Uganda rural dando a la gente literalmente bolsas y sobres llenos de dinero para que les votaran hoy. Dinero que, además, provenía de las arcas del Estado, que prácticamente está en bancarrota.

Y el tema es que, por unas razones u otras, Museveni sigue teniendo bastante apoyo. “Voy a votar por Museveni. Yo viví bajo Amin, viví bajo Obote y aquello era malo. Museveni trajo la paz”, me contaba hace unos días Mathias, quien se ocupa de la seguridad de la casa en la que vivo en Kampala. Y se trata de una opinión bastante extendida entre la gente de a partir de 50 años.

¿Museveni o Besigye?

¿Museveni o Besigye?

Siguiendo con nuestro recorrido por la ciudad, Yannick y yo hemos ido al área de Kijjwa, en Bukasa. “No te voy a decir a quién voy a votar, es un secreto”, me ha dicho Nicholas Kakembo, un profesor de 35 años que se quejaba de llevar más de dos horas en la cola y bajo el sol. Le he preguntado qué le parecía lo que decía Besigye de que la gente debería protestar en la calle si creen que les han robado las elecciones. “¡Por supuesto!, eso es lo que deberíamos hacer”, me ha respondido Kakembo, quien de esta forma me confirmaba que iba a votar a Besigye. “¿Por qué tienen que robarnos las elecciones cada vez?, puede que haya protestas porque lo que no puede ser que el gobierno vuelva a robar las elecciones y que la gente se quede sentada y no haga nada. Si pierdes las elecciones, pues has perdido y ya está, no es el fin del mundo, pero aquí esta gente (el gobierno) se agarra al poder y no quiere soltarlo”.

En otra parte de la ciudad, mientras hacía cola para votar en un centro electoral instalado en una escuela, Sylvia Muwanguzi, también de 35 años y oficinista, iba igualmente a votar a Besigye (a pesar de no decírmelo tal cual): “Tengo que votar por el cambio (el lema de Besigye), llevo aquí desde las 7 de la mañana (ya eran las 12 y pico) y ésta es la cuarta cola que hago y no me voy a ir hasta que no vote”. Muwanguzi se quejaba que había hecho cola donde se había registrado pero, al llegar su turno, su nombre no aparecía y la han enviado a otra cola, donde al final ha pasado lo mismo, y de ahí a otra cola donde al final tampoco ha podido votar. “Me da la impresión de que estos fallos de los nombres que no aparecen son los de personas como yo, que vamos a votar por el cambio…”, me ha dicho Muwanguzi.

Llegamos al centro de Kampala, que normalmente es una de las zonas más caóticas del mundo, lleno de coches, bodas, autobuses, furgonetillas-minibús (los típicos mataus kenianos, que aquí llaman taxis) y gente, gente por todas partes en la calle y en cada planta de esos edificios, llenos de tiendecillas, puestos y establecimientos de todo tipo. Pero hoy la zona estaba muerta, desierta. “Nunca había visto estas calles así de vacías”, me ha dicho un taxista cuando me ha visto ponerme a hacer fotos, “la gente se ha ido porque tiene miedo y no van a volver hasta que no pasen las elecciones”. Bueno, también habrá influido que ayer por la tarde Museveni declarara el día de hoy festivo para que la gente pudiera votar y el que la gente tiene que votar en el mismo lugar donde se registra, y la inmensa mayoría de vendedores y trabajadores de la zona viven en las barriadas o pueblos de las afueras de Kampala, donde seguramente se habrán registrado.

Quien conozca esta zona de Kampala verá lo irreal que resulta esta imagen

Quien conozca esta zona de Kampala verá lo irreal que resulta esta imagen

Uno de los que seguía ahí currando al pie del cañón era Abraham Akena, de 25 años. Tras decirle que no, gracias, que ya sé que mis zapatillas están sucias pero que no quiero que las limpie (ése es su trabajo: limpiar zapatos), Akena me ha dicho que él iba a votar a Olara Otunnu. Entre otros puestos internacionales, Otunnu fue el representante especial de la ONU para los niños y los conflictos armados. Y Akena vivió 15 años en campos de desplazados en el norte de Uganda, la zona donde operaba el Lord’s Resistance Army. “No me fío de Museveni ni de Besigye, Olara fue el único que cuando teníamos problemas, pidió ayuda fuera (de Uganda) y consiguió que nos ayudaran. Pero sé que, si el gobierno no roba las elecciones, tendría que ganar Besigye”.

Por su parte, Moses, el boda que me ha ido llevando por Kampala, va a votar a Besigye y coincide con el juicio de Akena. “Necesitamos un cambio y, si por una vez Museveni no roba las elecciones, va a ganar Besigye”.

Ahora mismo están cerrando los colegios electorales, que debían cerrar a las 5 de la tarde hora local pero que lo están haciendo con retraso, y el recuento comenzará de inmediato. La Comisión electoral tiene 48 horas desde el fin de la votación para publicar los resultados. Veremos qué pasa.

Juba NO va a ser la capital del país más joven del mundo

Chabolas en Juba

Chabolas en Juba

Ups, tantas veces que los periodistas hemos escrito que Juba se iba “a convertir en la capital del país más joven del mundo” -yo el primero y lo he vuelto a hacer esta mañana, por ejemplo- y ahora van los del gobierno de Sudán del Sur y dicen que van a construir una ciudad nueva para que sea la capital, porque Juba, bueno, pues que Juba no mola (como también nos hemos cansado de repetir los periodistas).

Sudán del Sur va a implementar el enorme proyecto de contruir una nueva y moderna capital para el nuevo Estado independiente, ya que la capital histórica de la región, Juba, no tiene el nivel que se le requiere a una capital nacional en cuanto a infraestructura para las instituciones públicas, inversión y el alojamiento de misiones diplomáticas.

Varios grupos de potenciales inversores interesados en invertir en la capital durante los últimos seis años no lo han hecho por falta de terrenos para invertir, según las autoridades del sur.

La comunidad local de los Bari advirtió en contra de expandir Juba para incorporar los poblados limítrofes sin su permiso, citando la cláusula de la constitución temporal que indica que la tierra pertenece a la gente, lo que dificulta al gobierno y al Estado la expansión.

Ciudadanos que hablaron con Sudan Tribune en Juba el sábado respaldaron la idea de una nueva capital. Un estudiante de la Universidad de Juba que quiso ser identificado sólo como Achol dijo: “Me alegra escuchar la idea de que vamos a tener una nueva y moderna capital. Juba está tan congestionada y desorganizada. Y, además, las autoridades no le dan terreno a la gente que quiere construir casas (…).

Barnaba Marial (ministro de Información) dijo que el ambicioso proyecto no va a comprometer otras prioridades en la entrega de servicios y en el desarrollo de Sudán del Sur. Si se confirma un nuevo emplazamiento, el nuevo país independiente contratará compañías o firmas para que hagan un estudio de viabilidad y planteen el coste de construir la nueva y moderna capital y atraigan inversores que puedan financiar el proyecto.

Las autoridades dicen que construir la nueva ciudad podría llevar hasta cinco años.

El centro de Juba

El centro de Juba

Es cierto que Juba, por decirlo de alguna forma, es una ciudad de mierda. El tendido eléctrico cubre una pequeña parte de la ciudad y hay cortes de luz casi a diario. El resto de la ciudad depende de generadores privados y de gasoil muchas veces difícil de encontrar en las pocas gasolineras, que se quedan ‘secas’ a menudo. La ciudad no tiene sistema de agua corriente y todo el mundo depende de depósitos privados que hay que rellenar casi a diario, algo caro y sin muchas garantías de que el agua que te estén dando haya sido tratada o venga directamente del Nilo y por tanto sea insalubre. La mayoría de las calles no están asfaltadas y son caminos de tierra y rocas llenos de agujeros y, muchas veces, basura, por lo que los coches que no son 4×4 lo tienen muy difícil o, por algunos tramos, simplemente no pueden circular. La ciudad es terriblemente cara, ya que casi todos los bienes, incluyendo los más básicos, como whisky o papel del wáter, provienen de Uganda o de Jartum en el norte de Sudán. En Sudán del Sur y en Juba apenas se produce nada, excepto, precisamente, una cerveza llamada White Bull que sabe a aguachirri. Y también hace muchísimo calor y la ciudad es sucia, polvorienta y está llena de mosquitos de la malaria. Eso sí, ver el amanecer junto al Nilo no está nada mal.

Amanece en Juba el 9 de enero, día de inicio del referéndum

Amanece en Juba el 9 de enero, día de inicio del referéndum

Y Juba es así después de seis años tras la firma de la paz, con el enorme gobierno de Sudán del sur allí plantado y con una muy intensa presencia de agencias de la ONU, ONGs y empresas privadas que no han sido capaz de mejorar la ciudad lo suficiente.

Eso sí, si te lo puedes pagar, puedes ir a un hotel con piscina a las afueras de Juba (yo me lo pude pagar una vez) (vale, me lo pagaron) o comer sushi en un par de sitios. Si te lo puedes pagar, algo que no puede la inmensa mayoría de la gente que vive allí.

Y entonces yo me pregunto, ¿lo van a hacer ahora mejor el gobierno de Sudán del sur, la ONU, las ONGs y las empresas privadas a la hora de construir una nueva capital? Porque Juba tenía ya el reconocimiento histórico, está -dentro de lo que cabe- más o menos bien conectada con el resto de Sudán del Sur y de Uganda, tiene puerto y aeropuerto, y es la ciudad que conocen la gente y todas las organizaciones.

Y repito en plan cansino: desde hace seis años, al final de la guerra y cuando Juba estaba en gran parte destruida pero aún contaba con esos factores positivos, ni el gobierno de Sudán del Sur ni la ONU ni las ONGs ni las empresas privadas han sido capaces de construir una ciudad suficientemente funcional para que funcione como la capital de un país.

¿Qué les hace pensar que ahora sí van a ser capaces de sacarse una “nueva y moderna capital” de la manga?

En Kampala, Uganda

Aunque están relativamente cerca una de otra -unos 500 kilómetros en línea recta-, el contraste no puede ser mayor cuando uno llega por carretera a Kampala, en Uganda, o a Juba, en Sudán del sur, y cuando uno pone el pie en la ciudad.

En Juba el calor es insoportable, la ciudad es plana, con pocos árboles, está llena de tierra, de polvo, todo es muy caro y cuesta encontrar productos básicos, pocos sudaneses del sur hablan inglés. Digamos que no es un lugar muy acogedor.

Kampala está construida sobre siete colinas llenas de verde, las calles están asfaltadas (aunque llenas de agujeros), el clima es agradable todo el año (como junio en Alicante, por ejemplo), puedes encontrar de todo a precios asequibles y la gente es simpática, de sonrisa fácil y habla inglés. Es una ciudad agradable y acogedora. Y si vienes tras haber pasado dos meses en Juba, la impresión es aun más clara.

Aunque también hay similitudes: La obsesión y la exageración ante supuestas amenazas a la seguridad. En Kampala, como en Juba, es llamativa la gran cantidad de policías y militares fuertemente armados por toda la ciudad. Además, en Kampala, y tras los atentados del 11 de julio (algo que en España pasó desapercibido, no sé porqué), la ciudad se llenó de personal de seguridad que te inspecciona antes de entrar a casi cualquier sitio. En apenas 50 metros, desde la puerta de entrada del Nakumatt Oasis a la cafetería Java’s en el mismo recinto, pasas junto a cinco tíos jóvenes de uniforme -cada uno en la puerta de un banco-, sentados en sillas de plástico, aburridos o medio dormidos y con viejos fusiles en sus regazos. Es curioso cómo te puedes acostumbrar a ver armas por todas partes y cómo ya apenas te llaman la atención ni eres consciente de para qué sirven realmente.

Pero, como suele pasar con este tipo de seguridad, se trata más que nada de hacer algo, lo que sea, de cumplir y quizá de dar una falsa ‘ilusión de seguridad’ al público. Ejemplo, durante mi anterior estancia en Kampala, un día que, cargado con mi mochila, iba a entrar a Garden City, un enorme complejo comercial en el centro de la ciudad. Me paran los guardas en la entrada y me preguntan: “¿Llevas alguna bomba?”. Y yo, “Hoy he salido de casa con tres pero ya las he explotado, así que no os tenéis que preocupar”. A lo que ellos respondieron con risas y dejándome pasar sin registrar mi bolsa y sin cachearme.

Las diferencias entre Sudán del sur y Uganda vuelven en cuanto a la atención mediática prestada a un sitio y a otro. En Juba y en el resto de Sudán del sur éramos muchísimos los periodistas extranjeros dando por saco con el referéndum (al menos durante los días de votación en sí). Y cuando sólo faltan unos días para las elecciones generales en Uganda, aquí no están ni algunos de los periodistas que suelen tener Kampala como base.

Pero Kampala y toda Uganda también son lugares muy interesantes, las elecciones vienen en un momento crítico para el país y toda la región (independencia de Sudán del sur e inicio de la industria petrolífera en Uganda, entre otros)  y, además, hay otras historias relevantes para cubrir, como el clima tremendamente hostil que hay en este país en contra de los homosexuales.

Además, en los últimos días, la policía nos envió un email a los periodistas en el que advertían del riesgo de ataques terroristas durante las elecciones. Bueno, la amenaza terrorista en Uganda y en otros lugares es mínima pero constante. Las autoridades siempre envían este tipo de comunicados poco antes de la celebración de grandes eventos, y para mucha gente se trata de poco más que una excusa para poder tener a más policías y militares en las calles y para ejercer algo más de control sobre lo que la gente puede ver, oír o decir.

En este sentido, 20 personas han sido arrestadas durante un acto electoral por abuchear a Yoweri Museveni, que lleva 25 años como presidente y es el favorito para ganar las elecciones por las buenas o por las malas. Según el policía citado en ese artículo, en inglés, la gente dijo cosas como: “Estamos cansados de ti, llevas demasiado tiempo en el poder” y “Eres un dictador, te gusta demasiado el poder, no quieres dejar que otros gobiernen”. Esas detenciones ante tal ‘gravísimo’ acto son una de las razones por las que no creo que en Uganda -ni en otros países de la región- puedan desarrollarse rebeliones como las de Túnez o Egipto.

Alguien que no piensa como yo es Kizza Besigye, antiguo aliado de Museveni (y su médico) pero principal candidato de la oposición durante las dos últimas elecciones y que en éstas cuenta con opciones reales de victoria (si las elecciones fueran libres, abiertas, justas y bla bla). Hace unos días, Besigye dijo a los periodistas que si le roban la victoria en las elecciones, no impugnará los resultados en un tribunal sino que convocará a la gente, al pueblo, a las calles para derrocar a Museveni, al estilo de lo que está ocurriendo en Túnez y Egipto. Mmm. Lo malo, creo yo, es que por aquí ese tipo de crisis se suelen resolver de un modo diferente, más al estilo de lo que está ocurriendo en Costa de Marfil y de lo que pasó en Kenia.

En el África subsahariana hay más pobreza y desigualdad que en el mundo árabe y los gobiernos son quizá aun más corruptos, pero no existe una masa crítica de ciudadanos educados, de clase más o menos media, conectados y sin perspectivas de futuro para provocar y protagonizar las revueltas. Lo que aquí sería la poca clase media vive muy bien, y aun mejor si se les compara con los ciudadanos realmente pobres. Además, son ellos los que disfrutan y aprovechan las pocas posibilidades y recursos que hay y, simplemente, no están interesados en un cambio de la situación. Además, muchos de estos países no pueden permitirse poner en suspenso sus economías durante varios días: mucha gente no tendría qué comer al par de días de las revueltas.

No quiero decir que no pueda o no vaya a haber rebeliones sino que, por lo que yo sé y en mi opinión, serían diferentes a las del mundo árabe, más violentas y seguramente dirigidas a distancia por las élites. Pero a saber.

¿Van a llegar las revueltas del mundo árabe a Sudán (del norte)?

La gran historia estos días en los medios de comunicación son las revueltas populares en Túnez y Egipto, que además parecen estar extendiéndose a Jordania, Siria, Arabia Saudí y Yemen. En español, y además del buen trabajo que están haciendo los corresponsales en el terreno, hay que leer a Íñigo Sáenz de Ugarte si se quiere entender el tema.

Imagen de convocatoria de la protesta

Imagen de convocatoria de la protesta

Mientras tanto, los periodistas en el África subsahariana nos comemos las uñas y nos morimos de envidia por no estar al otro lado del desierto cubriendo las revueltas.

La situación en el este de África -la zona que yo conozco- es diferente y no creo que por aquí vayamos a ver rebeliones similares durante bastante tiempo. Aunque puede que me equivoque y ojalá sea así si la gente de Kenia, Uganda, Etiopía o cualquiera de estos países es capaz de rebelarse contra sus gobiernos, que por lo general se aprovechan de ellos tanto o más como los regímenes árabes del norte de África y Oriente Medio hacen con sus poblaciones.

Y, de hecho, puede que las revueltas se estén acercando al África subsahariana. Quizá Sudán (del norte) sea el próximo escenario de una rebelión popular contra un régime abusivo:

Jóvenes sudaneses han convocado una manifestación masiva este domingo (mañana), inspirados por los miles de manifestantes que han desafiado a las autoridades en Túnez y Egipto para pedir a sus líderes que se vayan.

Un email que apareció el viernes, y que Sudan Tribune ha parafraseado debido a sus errores ortográficos, convocaba manifestaciones masivas en Jartum el domingo diciendo que es “el momento apropiado para alzarse contra la opresión y la desesperanza”.

“Todo el mundo podría hacer algo positivo”, decía el email, “debemos alzarnos y dejar de lado la pasividad… Tenemos que hacer esto, para que nuestros hijos vivan con dignidad… para que podamos vivir la vida que todo humano se merece”.

“Si los egipcios pueden romper la barrera del miedo… nosotros también podemos. ¡¡¡QUÉ ESTAMOS ESPERANDO!!!”

El email, también publicado en internet, también recordaba que anteriores gobiernos sudaneses fueron derrocados por revueltas populares.

En 1964, la Revolución de Octubre supuso el final del régimen militar del general Abboud y en 1985 cuando Jaafar Nimeiri fue depuesto por el ejército tras otra revuelta popular.

El email decía que el lugar y la hora de la manifestación sería anunciada en facebook y animaba a la gente a “enviarlo a tus contactos telefónicos..a imprimirlo y dárselo a tus vecinos.. en el transporte (público) y en las calles …tráete a gente de otros sectores.. profesiones.. médicos.. trabajadores .. inicia la hoguera”.

Durante los últimos tres días, tinyurl.com, una página web que reduce direcciones web para que quepan en los 140 caracteres permitidos en la herramienta social Twitter, ha sido bloqueada por la Organización Sudanesa Nacional de las Telecomunicaciones. Comparado con Facebook, Twitter no es tan popular en Sudán y no está claro porqué el sitio ha sido bloqueado o si esto está relacionado con los hechos en Túnez y Egipto.

Los organizadores también han proporcionado instrucciones sobre cómo reaccionar ante gas lacrimógeno si es utilizado por las fuerzas de seguridad.

Como en las protestas en Túnez y Egipto, los organizadores de las manifestaciones planeadas para el domingo se presentan como no apoyados por ningún partido político sino más bien una movilización de gente con las mismas quejas a través del boca a boca, teléfonos móviles y redes sociales.

Las exigencias de las manifestaciones propuestas en Jartum reflejan las de otros sitios, ya que piden que se tomen acciones para mediar con el desempleo, los aumentos en los precios, la falta de democracia y la aparente insatisfacción con el largo mandato del presidente Omar Hassan Al-Bashir, quien lleva en el poder desde un golpe de Estado en 1989.

Sin embargo, la situación en Sudan es diferente de las tensiones en la región, ya que los hechos en el norte de África llegan en un momento que ya es de por sí política y extremadamente sensible para el gobierno de Sudán del norte. Además del incremento de los precios, empeorado por la escasez de reservas de divisas extranjeras y una disminución del valor de la libra sudanesa, el norte está a punto de perder la región rica en petróleo del sur de Sudán a través de un referéndum que tuvo lugar recientemente.

El referéndum de independencia formaba parte del acuerdo de paz que en 2005 puso fin a una guerra entre norte y sur que se había iniciado en 1983. El conflicto se había iniciado ya un año antes de la independencia de Sudán del Reino Unido y Egipto en 1956. En 1972 se firmó la paz pero la tensión se mantuvo hasta que la guerra abierta volvió a estallar en 1983. Aunque la historia es mucho más compleja, el norte, que es mayoritariamente musulmán y cuya población es más árabe y similar a la del norte de África, quería mantener el control sobre el sur, de población más negra africana y con creencias tradicionales mezcladas con cristianismo. Además, el sur es rico en recursos petrolíferos y cuenta con tierras muy fértiles.

Imagen de convocatoria de la protesta

Imagen de convocatoria de la protesta

Los resultados del referéndum, cuya votación duró del 9 al 15 de enero, se esperan para el 6 de febrero, si no hay quejas ni recursos en contra, o para el 14 si hay que revisarlos. Pero, de momento y con casi todas las papeletas contadas, el voto por la separación obtiene cerca del 99 por cien. Si no hay problemas o extrañas sorpresas de última hora, Sudán del sur declarará oficialmente su independencia el próximo 9 de julio.

En la página en Facebook de la manifestación (en árabe), se han apuntado de momento 9.880 personas como asistentes a las protestas (hace un rato eran 9.500 y pico). Una nota en inglés, publicada hace unas tres horas, dice lo siguiente:

La gente de Sudán no va a permanecer en silencio. Ya es hora de que exijamos nuestros derechos y tomemos lo que es nuestro en una manifestación pacífica que no incluya ningún acto de sabotaje. Nos vamos a manifestar contra el aumento de los precios, la corrupción, el desempleo y todas las prácticas falsas del gobierno, como la violencia contra las mujeres y el darles latigazos de una forma que va contra todas las leyes de la religión y la humanidad y la violación de los derechos de las minorías.

Ya es hora de que usemos la voz que dios nos ha dado para manifestarnos contra un gobierno injusto al que no le importa sacrificar a su gente y a su tierra para mantenerse en el poder.

Ya es hora de que enseñemos de qué estamos hechos realmente, ya es hora de que recuperemos nuestro honor perdido, ya es hora de que luchemos por los derechos que dios nos ha dado.

Nuestros hermanos en Túnez lo han hecho y también nuestros hermanos en Egipto.

Ahora es nuestro momento.

En Sudán, como en muchos otros países, los alimentos básicos se han encarecido, las cifras de desempleo son muy elevadas, los jóvenes no tienen expectativas de futuro y el gobierno es uno de los más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional.

Imagen de convocatoria de la protesta

Imagen de convocatoria de la protesta

En definitiva, en Sudán (del norte), como en otros países, se dan los ingredientes adecuados para una revuelta popular. Si se añade la capacidad de las redes sociales y de los teléfonos móviles para movilizar a la gente y se le pone el puntito extra de ver en Al Jazeera cómo en otros países las revueltas están teniendo un cierto éxito, sólo falta que prenda la chispa para que se inice la rebelión.

Pero también es cierto que Sudán, incluido el norte, es un país diferente y con una situación diferente a las de Túnez, Egipto o los otros países árabes.

La historia seguirá mañana y, aunque me sorprendería, ya veremos si Jartum y Sudán sirven de puerta de entrada para que las protestas se extiendan al África subsahariana.

‘Feliz’ cumpleaños, Somalia

El puerto viejo de Mogadiscio

El puerto viejo de Mogadiscio

Hoy hace 20 años que cayó Siad Barré en Somalia. Desde entonces, el país ha vivido en una situación de guerra prácticamente constante y no ha tenido un gobierno o un Estado reconocible. El resultado: un conflicto interminable y sin solución a la vista, una catástrofe humanitaria y el lugar al que todos los periodistas del este de África queremos ir.

En 1960, las colonias somalíes de Italia y Reino Unido formaron lo que hoy es Somalia. Mogadiscio había sido la capital de la colonia italiana y se convirtió en la capital de la Somalia. Entonces era una coqueta ciudad a la que acudían turistas y dignatarios para disfrutar de su costa. En octubre de 1969, el presidente Abdirashid Ali Shermarke fue asesinado por uno de sus guardaespaldas y el día después de su funeral el ejército dio un golpe de Estado bajo el mando de Siad Barré.

Barré y su nuevo gobierno impusieron un régimen que mezclaba islam y nacionalismo somalí con un socialismo que se fue acentuando en los siguientes años. En 1977, Somalia invadió e intentó anexionarse la región etíope del Ogadén, pero fue expulsada al año siguiente por el ejército de Etiopía, que contaba con apoyo soviético.

Un tanque junto al K4 en Mogadiscio

Un tanque junto al K4 en Mogadiscio

Durante los años 80 y con la Guerra Fría acercándose a su fin, la importancia estratégica de Somalia disminuyó, el régimen se fue endureciendo y la situación en el país fue empeorando.

Finalmente, el 26 de enero de 1991, una serie de facciones opuestas al gobierno, apoyadas por Etiopía y lideradas por Mohamed Farrah Aidid tomaron el control de Mogadiscio y expulsaron a Barré del poder. La antigua parte británica de Somalia declaró entonces su independencia y es lo que hoy se conoce como Somalilandia, que internacionalmente no ha sido reconocida como independiente.

En 1991, Aidid y otros líderes de la rebelión no pudieron ponerse de acuerdo para formar un gobierno estable y Barré siguio luchando desde el sur durante unos meses. En la práctica, la situación era de guerra civil entre diferentes clanes, facciones y señores de la guerra que luchaban por el poder y el control de los escasos recursos.

En 1992, la ONU envió una misión de paz que mejoró algo la situación, pero en junio del año siguiente Aidid atacó las tropas de la ONU y en octubre tuvo lugar la “Batalla de Mogadiscio” en la que dos helicópteros Black Hawk fueron derribados por los somalíes. En 1995, las tropas de la ONU y de Estados Unidos se retiraron de Somalia.

Siguieron años de caos. En 2004, se creó en Kenia el Gobierno Federal de Transición de Somalia (TFG, en inglés) y reclamó ser la autoridad legítima del país. Pero en Somalia el conflicto continuaba, hasta que en junio de 2006 la Unión de Tribunales Islámicos (ICU, en inglés) tomó Mogadiscio y alcanzó el poder. Entonces, tropas etíopes apoyadas por Estados Unidos e ‘invitadas’ por el TFG invadieron Somalia y tomaron Mogadiscio en diciembre de ese año. La ICU se disolvió y siguió una guerra de guerrilla contra las tropas etíopes, que acabaron retirándose del país en 2009. Desde febrero de 2007, la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM, en inglés) se había unido a la fiesta y estaba presente en el país para defender al TFG de las milicias rebeldes.

Una calle de Mogadiscio

Una calle de Mogadiscio

De los restos de la ICU se consolidaron grupos radicales como Al Shabab y Hizbul Islam, que desde entonces siguen combatiendo a las tropas de AMISOM y al TFG, que es en teoría el gobierno ‘oficial’ de Somalia pero que sólo controla unas pocas áreas de Mogadiscio. A día de hoy, Al Shabab controla gran parte del centro y sur de Somalia. En el norte, las regiones de Puntlandia y, sobre todo, Somalilandia, son más estables y están más desarrolladas que el resto del país.

Y ya desde los inicios de los 90 empezaron a ser cada vez más comunes los ataques de piratas somalíes en las aguas del golfo de Adén.

Se cuenta pronto desde un blog pero son 20 años de conflicto casi continuo que han dejado Somalia destrozada y a su población prácticamente abandonada a su suerte. Y lo malo es que todo parece indicar que el país va a ‘cumplir muchos más’.

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Mis artículos desde Mogadiscio:

Mis fotos de Mogadiscio en Flickr.

Posts sobre Somalia en este blog.

Y algunos antiguos enlaces en español:

La República de Sudán del Sur

Finalmente, el nombre del nuevo país será República de Sudán del Sur, según dijo el ministro de Información al New York Times el pasado domingo.

Aunque el nombre aún no es oficial, los miembros de un comité directivo sobre el gobierno posterior a la independencia dijeron que la decisión, tomada la semana pasada, podría ser anunciada tan pronto como el 14 de febrero, cuando los resultados sobre el histórico referéndum de este mes se harán públicos.

“La mayoría prefiere Sudán del Sur”, dijo Benjamin Marial, el ministro de Información para el gobierno del sur y miembro del comité directivo, que está trabajando sobre el nombre del país entre otras cuestiones.

“Ha habido Corea del Sur, Corea del Norte, Vietnam del Sur, Vietnam del Norte”, dijo Marial. “Sudán del Sur y Sudán del Norte”.

“Es lo más fácil por el momento; ya hay muchas cosas con ese nombre”, dijo, refiriéndose a los numerosos ministerios y agencias que ya usan el nombre. “Hace fácil transformar el gobierno”.

“Aún quedan muchas cosas por cambiar”, dijo Marial. “Pero en el caso de que la gente de Sudán del Sur quieran en el futuro un nuevo nombre, tendrán esa oportunidad“.

El tema es que no creo que el norte de Sudán cambie su nombre oficial, que es el de República de Sudán, por lo que podríamos acabar con Sudán a secas y Sudán del Sur. Otra cosa es cómo la prensa y la gente en general se referirán al norte. Durante estas semanas, la mayoría de los periodistas hemos escrito “el norte de Sudán” y en inglés “North Sudan” y “Northern Sudan”.

Mujeres ondean la bandera de Sudán del Sur en Juba

Mujeres ondean la bandera de Sudán del Sur en Juba

Por lo que la gente del sur me comentó, otros nombres que se barajaban para el que será un nuevo país eran República del Nilo (Nile Republic), Nuevo Sudán (New Sudan) y Jawama. Este nombre está formado con las primeras letras de las tres principales ciudades de la región: Juba, Wau y Malakal.

Al principio, yo pensé que la gente del sur querría un nombre que no contuviera la palabra “Sudán”, para así poder empezar ‘de cero’ y poder desligarse de la historia y la mala prensa que ‘Sudán’ tienen para mucha gente. Pero no. Casi la totalidad de sur sudaneses a los que pregunté me dijeron que para ellos estaba bien “Sudán del Sur”. Y el 9 de enero, el día que se inició la votación, mientras estaba sentado junto a la tumba de John Garang, el héroe de la guerra contra el norte y el primer presidente del sur, un hombre que también estaba allí sentado me explicó la razón:

“Quiero que se llame Sudán del Sur, o algo diferente pero que tenga la palabra ‘Sudán’, porque somos sudaneses, esto también es Sudán y no queremos renunciar a lo que somos ni dejar que los árabes del norte se lo queden para ellos solos, sería como si nos robaran la dignidad“.

Ahora mismo, según la página web oficial y cuando ya casi se han contado todas las papeletas, el 98,8 por cien de los votantes eligieron la separación, la independencia.

Si te interesa el tema, puedes leer la serie de reportajes que hicimos desde Sudán del Sur en Periodismo Humano.

El final de la cuenta atrás

El final de la cuenta atrás

El final de la cuenta atrás

Quedan muy pocos días para el inicio del referéndum de independencia en sur Sudán. La votación tendrá lugar desde el domingo 9 al sábado 15 de enero.

La excitación en Juba es palpable, pero los más excitados no son los propios sursudaneses, sino nosotros, los periodistas y demás acoplados de turno.

Más y más periodistas han empezado a llegar a Juba, desde Kenia, desde Uganda y desde otros lugares en Asia, Europa y América.

Dicen que Al Jazeera English ha reservado dos plantas de Logali House, el hotel más pijo y caro de Juba. Y ahí están, con una enorme cobertura y emitiendo en vivo desde Juba, todo un lujo en una ciudad en la que conectarse a internet puede a veces llegar a ser una aventura.

Pero para los ciudadanos de Sudán del sur las cosas siguen igual. En la calle, la gente ve el referéndum como un mero trámite. La última encuesta dice que un 97 por cien votarán por la separación y nadie se plantea que pueda pasar otra cosa, aunque los periodistas tengamos que seguir usando el condicional o diciendo que los expertos y las encuestas apuntan a una victoria de la separación por un gran margen.

La mayoría de sursudaneses corrientes con los que he hablado dicen que tras el referéndum todo será mejor. Y, de hecho, se refieren al mismo día 9, al inicio del referéndum. Al momento en el que el famoso reloj con la cuenta atrás llegará a 0.

'Símbolo de dignidad'

‘Símbolo de dignidad’

Hay una fiesta prevista para la noche del día 8 y hasta la medianoche, cuando la cuenta atrás marcará 0. Eso suponiendo que el reloj funcione correctamente. En los últimos días, dos de sus cuatro lados han funcionado la mayor parte del tiempo, otro muestra símbolos extraños (los bodas bromean y dicen que es la cuenta atrás en árabe) y el cuarto no funciona.

“Es la cuenta atrás para nuestra libertad”, te dicen. “Necesitamos nuestra libertad“, te repiten. “Es el fin de nuestra marcha hacia la libertad”.

La gente repite la palabra ‘libertad’ como una especie de fórmula mágica que hará que todo sea mejor. Creo que esa insistencia en recobrar la libertad se debe a la retórica del gobierno del sur. Éste ha plantado varios carteles en Juba con la imagen de John Garang, el difunto líder rebelde y héroe nacional, y con rótulos como “El final de nuestra marcha hacia la libertad” o “2,5 millones de vidas pagaron por nuestra libertad”. La gente lleva desde el final de la guerra en 2005 (y desde antes, en realidad), añorando esta ‘libertad’.

Además, en los últimos días han aparecido en Juba gigantescos pósters con otra cuenta atrás hasta el día 9. Pero éstos no se cortan y explícitamente hablan de los días que faltan para la separación. Los hay con varios títulos: Símbolo de dignidad, Símbolo de justicia, Símbolo de libertad… Estos carteles no son oficiales sino producto de una ONG, la Organización de Educación Cívica de Sur Sudán (SSCEO, en inglés). Pero igualmente podrían haber sido plantados por el GoSS (el gobierno de Sudán del sur), porque ésa es la línea oficial.

La gente dice que cuando acabe la cuenta atrás y sur Sudán sea independiente, pasarán muchas cosas, habrá trabajo para todos y todo el mundo será feliz.

El gran problema es que cuando la cuenta atrás llegue a 0, no va a ocurrir nada.

Para empezar, cuando finalice la cuenta atrás simplemente empezará el primer día de votación del referéndum. En principio, si el período no se extiende, la votación durará hasta el día 15. Pero cuando acabe el día 15, tampoco pasará nada. Habrá que esperar hasta febrero o marzo o abril (diferentes fuentes me han dado diferentes fechas) para saber los resultados del referéndum – aunque ya todos sabemos que más del 90 por cien (y quizá más del 95) votarán por la separación. También habrá que ver si vota al menos el 60 por cien de los casi 4 millones de personas registradas, el otro requisito para que el resultado sea válido. Pero ya miembros del gobierno, de la sociedad civil y del Southern Sudan Referendum Bureau están desplazándose por los poblados diciéndole a la gente que vayan a votar.

Parece una tontería pero podría ocurrir que mucha gente no fuera a votar porque creen que ya lo hicieron cuando se registraron. Aunque dar cifras es complicado, entre el 80 y el 90 por cien de la población de sur Sudán (según la ONU y otras fuentes) no sabe leer ni escribir y apenas ha recibido educación. Aunque en Juba es imposible escapar de la palabra ‘referéndum’ y del ambiente ‘pre-referéndum’ (también en parte creado por nosotros los periodistas), en zonas rurales y aisladas del país hay gente que no tiene ni idea del tema. Maggie Fick, la correponsal de AP en Juba y una chica muy maja, escribió ya hace dos meses un post sobre esta cuestión.

Así que, suponiendo que todo vaya bien y que no haya enfrentamientos entre el norte y el sur (que no creo), en febrero, marzo o abril tendremos los resultados del referéndum que dirán que ha ganado el voto por la separación. Y aun así, entonces tampoco pasará nada.

Secesión (derechos de imagen reservados)

Secesión (derechos de imagen reservados)

Si desde entonces hasta verano tampoco hay problemas (que ésa sí es otra historia, aunque yo sigo pensando que no habrá un conflicto armado abierto entre ambas partes), el sur no declarará su independencia oficialmente hasta el 9 de julio. Y entonces, como es obvio, tampoco pasará nada, no habrá ningún cambio real.

Como nos hemos cansado de decir los periodistas (o al menos yo), sur Sudán es uno de los países más subdesarrollados del mundo, si no el que más. Juba, la capital y el lugar más avanzado, es una ciudad llena de desigualdades. Ahora mismo yo estoy en un hotel con aire acondicionado conectado a internet pero la casi totalidad de la población local vive en cabañas y chabolas. El tendido eléctrico cubre sólo parte de la ciudad y suele fallar cada día. La ciudad no tiene agua corriente y durante varios meses al año suele superar los 40 grados durante el día. Quien puede pagárselo, tiene en casa, en el hotel o en el bar un generador propio para tener electrcidad y depósitos de agua que hay que rellenar cada día. Pero la casi totalidad de la población local (excepto los peces gordos del gobierno y otros funcionarios) no pueden pagárselo.

Y eso en Juba.

El resto del país es aun más básico y no hay apenas infraestructura. No hay industria ni sector productivo. La presencia del sector privado es mínima y, casi en cada caso, extranjera. El empleo formal es prácticamente inexistente. La gran mayoría de la población vive de la agricultura de subistencia y el comercio es escaso, entre otras razones debido al hecho de que sólo hay unas pocas decenas de kilómetros de carreteras asfaltadas en el país. En un territorio algo mayor que el de España y Portugal juntas.

En Juba, la presencia de la comunidad internacional (ONU, ONGs y empresas privadas), más la élite gubernamental sursudanesa, sí han creado algunos puestos de trabajo y revitalizado un poco la economía. Pero entre los sur sudaneses, la mayoría de los empleos creados son guarda de seguridad o chacha. Puestos de trabajo ridículamente pagados, no productivos y que contribuyen muy poco a la economía local. Los extranjeros, principalmente kenianos, ugandeses, etíopes y eritreos, son camareros, bodas y algunos administran hoteles o restaurantes.

El país salió hace seis años de una guerra que se había iniciado en 1983 y que, en esencia, continuaba un conflicto que había acabado en 1972 y empezado en 1955, un año antes de la independencia. La gente de sur Sudán no conoce otra forma de vida que la guerra o el estar en campos de refugiados. Como he dicho antes, entre el 80 y el 90 por cien no saben leer ni escribir.

Y ésta es la situación que la gente en Juba cree y espera que va a cambiar de un día para otro – cuando ganen o recobren esa libertad de la que tanto hablan.

Un 'technical' protege la rotonda del reloj (derechos de imagen reservados)

Un ‘technical’ protege la rotonda del reloj (derechos de imagen reservados)

En realidad, desde la firma del tratado de paz en enero de 2005, el sur ha sido administrado por su propio gobierno y protegido por sus propias fuerzas de seguridad. Pero ocurre que el ‘Estado’ de sur Sudán no recibe muchos ingresos y que, durante estos años, los ha destinado a ‘seguridad’, lo que significa a rearmar su ejército. Por si acaso. El gobierno del sur apenas ha dedicado recursos al desarrollo. Con un ejército que nadie sabe cuántos militares tienen sus filas (aunque las estimaciones están entre 150.000 y 180.000, para un país de entre 8 y 10 millones de personas), y una policía, servicio de prisiones, servicio de vida salvaje y cuerpo de bomberos formados por ex militares de la guerra civil, el mayor y casi único gasto del ‘Estado’ es en defensa.

El desarrollo y la construcción del país quedaban para la comunidad internacional. La ONU tiene una cantidad increíble de personal en Juba y en todo sur Sudán, y toda ONG que se precie también tiene a gente por aquí. Sin embargo, después de seis años el país sigue si contar con las infraestructuras más básicas y necesarias: carreteras, agua y electricidad. E igualmente sigue sin tener una economía mínimamente funcional.

Cuando empiece y acabe el referéndum y no pase nada, cuando sur Sudán declare su independencia y no pase nada, cuando los periodistas ya no estemos por aquí dando el coñazo y no pase nada, cuando la comunidad internacional empiece a marcharse de Juba y sur Sudán y no pase nada. ¿Entonces qué?

Cómo saber si llevas demasiado tiempo en sur Sudán

- 34 grados a la sombra te parecen “muy agradables”.

- No recuerdas qué se siente cuando uno tiene frío.

- No te extraña estar rodeado de ranas cuando te duchas.

- Cuando ves cabras por las calles les haces los mismos gestos que a los perros. Esos típicos de “Mch, mch, hey, ven aquí”.

- Has sido atacado por y te han picado tipos de bichos que ni sabías que existían.

- Cuando vas a la prisión, el director, el sub-director, los guardas y los reclusos te conocen y uno condenado a 10 años por asesinato en defensa propia te abraza cuando te ve.

- Cuando vas al puerto, los guardas de seguridad te conocen.

- Cuando vas al Central Pub, los camareros te conocen y saben que te vas a pedir la ‘Pototo Salad’ porque es lo más barato del menú (se llama ‘Pototo’, no ‘Potato’, en serio).

- No se te ocurre otro modo de transporte mejor que subirte en una moto (boda-boda) sin casco con un desconocido y acelerar a oscuras por calles de tierra y piedras llenas de baches y agujeros.

- No hiciste nada especial y ni te diste cuenta de que era navidad y no eres consciente de que en un par de días es nochevieja, para lo que no tienes ningún plan.

- Pero sí sabes automáticamente que quedan 11 días para el inicio del referéndum (si no hay retrasos).

Cicatrices en la frente

Cicatrices en la frente

- Ya no te llama la atención ver a gente con este tipo de cicatrices en la frente por la calle.

- Te sabes todos los passwords de todas las conexiones a internet de todos los hoteles y restaurantes de Juba.

- Entras en Google y lo primero que haces es buscar ‘Sudan’, entras en Google News y lo primero que buscas es ‘Sudan’, entras en tu lector de RSS y buscas ‘Sudan’.

- Te enfadas o te ríes cuando los boda-boda te quieren cobrar 5 libras sudanesas de Thong Ping al centro.

- Te la sudan aun más de lo normal las tonterías de Zapatero y Rajoy allí en España.

- Una de cada tres palabras que dices está hecha de siglas como SSDDRC, SPLM, SPLA, SAF, NCP, UNMIS…

- Y lo peor es que la gente con la que hablas te entiende.

- Sabes dónde están sitios como Yambio, Bor, Aweil, Malakal, Abyei…

- Has perdido la gracia para escribir en el blog y tienes que recurrir a posts como éste para mantenerlo más o menos activo…