Encuentro a Hussan junto a la mezquita vieja de Juba, en el mismo centro de la ciudad y pintada de un llamativo color verde. Hussan es un tío muy simpático y que está siempre sonriendo. Está tomando té junto con su padre -vestido con túnica y turbante- y otros dos hombres mayores. Por supuesto, me obligan a sentarme y tomarme un té con ellos. Por supuesto, no me permiten pagarlo.

El té estaba bastante bueno
Hace calor pero sentados en la calle en la sombra de un árbol, no se está mal – aunque el ruido del generador a mi lado es bastante molesto. Frente a nosotros, un edifico medio en ruinas o medio en construcción y, a nuestro alrededor, todoterrenos y más todoterrenos. Es una típica imagen de Juba. La gente no tiene mucho que hacer y se dedica a pasar el tiempo a la sombra de los árboles, tomando té y viendo pasar los 4×4 del gobierno, la ONU y demás. Y con la banda sonora de los generadores, ya que el tendido eléctrico no llega a toda la ciudad y, de todas formas, los cortes de luz son muy habituales.
Hablamos un rato y Hussan, de origen árabe pero que ha nacido y vivido toda su vida en Juba, me cuenta que se va con su familia al norte antes del referéndum. No es que se sientan amenazados aquí pero, aun así, creen que es mejor marcharse.
Pero Hussan tiene trabajo y me dice que volvamos a quedar el domingo, cuando parte de la comunidad musulmana de Juba se reúne en casa de su padre, para hablar más tranquilamente. Y así quedamos.
Más tarde, en la mezquita Kuwait (construida con dinero de este país), también en el centro de Juba, hablo con Omar, Deng, su tío Garang y otros. Todos son musulmanes excepto Garang, que se considera cristiano. Esta vez no hay té pero podemos hablar un rato más largo.
Como el resto de sudaneses del sur, todos van a votar por la independencia en el referéndum que debería empezar el 9 de enero (además, esta mezquita es la sede del Foro Musulmán de Sudán del Sur por la Separación). “No se trata de si eres cristiano (señalando a su tío) o de si eres musulmán (señalándose a sí mismo)”, me dice Deng, “sino de que somos del sur, ésta es nuestra tierra y tenemos que ser libres”. Ellos son musulmanes moderados, sus familiares y amigos son cristianos y les gustaría que el Estado siga siendo secular (todo lo secular que es en sur Sudán).

Desde la izquierda, Garang, Omar y Deng
Al rato, y ya aburridos de la política, me empiezan ellos a preguntar a mí. Que si hay musulmanes y mezquitas en España, que si viven en paz con los cristianos y que cuál es mi religión. Ninguno de ellos, musulmanes o cristianos, parece satisfecho cuando les digo que ni lo uno ni lo otro, que no soy una persona religiosa. Me preguntan que si soy de Barcelona y les digo que no, que de un pueblo bastante más abajo. Y entonces, Omar me pregunta en árabe (el único que habla inglés es Deng, que hace de traductor): “¿Conoces a Puyol?” Y yo, “¿Puyol?, ¿el jugador de fútbol del Barcelona?” y Omar ríe y dice, “¡Sí, Puyol, Barcelona, ¡el mejor equipo!” Y yo le digo, “Hombre, Puyol es bueno pero también te gustará Messi, ¿no?, e Iniesta, Xavi…” Y Omar dice, “¡Messi, Xavi, Xabi Alonso!” Y yo, “No, Xabi Alonso es del Madrid, del equipo rival”. Y Deng me pregunta, “¿Y qué equipo te gusta a ti?” Y el caso es que me han hecho la misma pregunta ya bastantes veces en sur Sudán. “Yo…, mmm”, empiezo, “bueno, supongo que soy del Madrid – pero en realidad me da bastante igual y también me gusta el Arsenal porque vivi en Londres”, siempre añado con rapidez para intentar que se olviden del Madrid. Algo que no suele funcionar. “Ahh, 5-0, 5-0″, dice Omar riendo. Aquí, a la mayoría de gente le gusta el Barça y me han recordado el 5-0 ya más veces que si estuviera en España.
Por la noche, hablo con otro sureño que es un voluntario en la mezquita vieja de Juba. Llegó hace poco desde Jartum, donde trabajaba en el gobierno. Es musulmán convencido, cumple con la ley Sharia y le gusta el norte de Sudán y Jartum. Pero, me cuenta, al norte de Sudán y a la gente de Jartum nos les gusta él. Me dice que allí, en él, no ven a un musulmán obediente sino a un negro, a un africano de Sudán del sur, y que, a medida que se acerca el referéndum, era maltratado y no se sentía seguro. Así que se ha venido a buscar trabajo y, cuando pueda, se traerá a su mujer y sus tres hijos. Y va a votar por la separación. Me dice que hay muchas cosas del sur que no le gustan, como que la gente beba alcohol y las chicas lleven pantalones. Me cuenta que a veces se tiene que tapar los ojos cuando va por la calle. Le gustaría que el sur se rigiera por la ley Sharia, que no es una ley para castigar sino para regular las costumbres, me dice. Pero admite que aquí la mayoría es cristiana y que, por tanto, el Estado debe ser cristiano y no pasa nada. No parece aceptar la posibilidad de un Estado laico.

Juba, ¿la capital mundial de los 4x4?
Esta gente es interesante porque muestra lo simplista que es decir que la guerra “enfrentó al norte, árabe y musulmán, con el sur, animista y cristiano”, como hacen casi todos los medios. Yo lo hice en el par de artículos que escribí sobre Sudán cuando estaba en Efe y estoy teniendo ahora el mismo problema en las historias que estoy escribiendo desde aquí en inglés y español.
Es difícil explicar en un artículo de 300 palabras -como las noticias de Efe- todas las complejidades de un país tan grande como Sudán y de un conflicto que viene tan de lejos y tiene tantos factores como la guerra entre norte y sur que acabó en 2005. Además, para dar el contexto sólo tienes el último párrafo, que a veces puede hasta desaparecer en el proceso de edición si el texto es demasiado largo. Pero incluso con estas ‘excusas’, la realidad de sur Sudán es muy diferente de esa mínima descripción que muchas veces los periodistas nos limitamos a copiar y pegar.
Es complicado decir cifras pero, de acuerdo con el World Fact Book de la CIA, de los casi 44 millones de personas que viven en todo Sudán, sólo el 5 por cien es cristiano y vive “sobre todo en Jartum y en el sur”. Eso sería unos 2,2 millones de cristianos. En Sudán del sur, y según diferentes estimaciones, viven entre unos 8 y 10 millones de personas. Con estos datos, sólo alredor de un 25 por cien de la población del sur sería cristiana, tirando por lo alto. Pero ocurre, además, que muchos sureños que se consideran cristianos también tienen varias esposas y siguen sus propias tradiciones culturales, que no tienen nada que ver con el cristianismo. Aunque es igual de cierto que la asitencia a misa (donde hay iglesias) sí es muy alta, al contrario de lo que pasa por ejemplo en España. ¿Son entonces cristianos o no? ¿Qué pensaría el papa?
El resto de la población del sur, entonces y según los medios, es animista. Pero el ‘animismo‘ es una etiqueta tan vaga y general y engloba tantas creencias diferentes que, prácticamente, no significa nada. Es como si en occidente, todo lo que no se identifique con alguna de las religiones típicas (cristianismo, islam, judaísmo…), se puede llamar animismo. Y aun así, lo escribimos y yo lo sigo escribiendo porque me parece la solución menos mala dadas las circunstancias.
Además, y algo que los medios casi nunca dicen, en Juba y en las ciudades más cercanas a la ‘frontera’ con el norte hay una importante población musulmana, formada por sureños y por árabes del norte que han vivido toda la vida en el sur. Y además, en los dos grupos los hay moderados, más integristas y radicales. Buf, demasiado complicado para los medios de comunicación, mejor lo dejamos fuera de los artículos sobre Sudán y sur Sudán – como también yo he hecho.
Y por último, aunque esto es sólo mi opinión y llevo aquí sólo cuatro semanas, me da la impresión de que, en realidad, en el sur de Sudán la religión tampoco es tan importante para la gente. Al menos no en el sentido de ‘religión organizada’ que solemos tener en occidente. En las zonas más rurales, la forma de vida, las costumbres y la socialización están imbuidas de creencias que podríamos llamar religiosas. Pero todo está entrelazado de una forma que no se corresponde con lo institucionalizado de la práctica religiosa en occidente. En Juba, la población urbana sí se parecería más a la occidental en este sentido pero, aun así, la religión forma parte del conjunto de normas y valores sociales de una forma mucho confusa porque todo está mezclado. Bueno, igualmente pienso que en España la religión tampoco es que sea muy importante para la inmensa mayoría de la gente. Aunque puede que sólo piense esto porque la religión no es imporante para mí. El caso y como conclusión, que etiquetar a todo un país y describirlo con esa alegría como “animista y cristiano” -algo que yo también he hecho-, me parece en el mejor de los casos excesivamente ingenuo y simplista y, en el peor, excesivamente ingenuo, simplista, interesado, engañoso, vago y, básicamente, equivocado.
Pero, ¿qué podemos hacer?, y más teniendo en cuenta que de todas formas a la casi totalidad del público de estos medios de comunicación les da bastante igual Sudán. Entonces, tampoco pasa nada, ¿no?