El Carter Center tiene una misión de observación electoral en sur Sudán. En su último informe (pdf), nos da un tirón de orejas a los periodistas que estamos en Juba, sudaneses e internacionales (lo he visto primero en el blog de Maggie Fick):
Media coverage. At the start of registration, Carter Center observers noted that members of the domestic and international media acted intrusively in Juba, interfering in the process to take pictures of people registering and conducting interviews with referendum center staff at the height of the registration process. The Carter Center urges members of the media to demonstrate respect for the referendum process while performing their duties, particularly during what will likely be a high-volume polling day on Jan. 9.
The Carter Center remains disappointed by the prevalence of media coverage that seeks to emphasize the potential for volatility rather than the progress that has been made toward implementation of the referendum. The Carter Center calls on representatives of the media to provide balanced and accurate coverage of the referendum process.
Un par de comentarios:
1. Yo no estuve en ningún centro de registro durante el proceso de registro, así que no sé si los periodistas dieron realmente tanto por saco, aunque no me sorprendería. Muchas veces, es verdad que somos un coñazo y un problema. Los que tienen que conseguir la imagen, fotógrafos y cámaras, bueno, precisamente, tienen que conseguir la imagen. Tienen que captar el momento y tienen que estar allí, en la escena. Si no, no habría imágenes de televisión y los artículos en la web, los periódicos y las revistas no tendrían fotos. Además, suelen estar sujetos a una enorme presión por parte de sus editores, que están sentados cómodamente en sus oficinas en Nairobi o Madrid o París o Londres o Nueva York. A una enorme presión por conseguir la imagen y que sea lo mejor y más cercana posible, y luego por ser los primeros en enviarla. Por ejemplo, hay mucha competencia entre Reuters, AP y AFP en estos temas. Ante tanta presión y también debido a la ambición personal, hay veces que fotógrafos y cámaras se pelean con quien tengan delante con tal de conseguir la imagen. Y no sólo los que necesitan imágenes sino también los que necesitan audio e incluso los que únicamente van a escribir. Aunque tengan menos presión o puedan encontrar otras formas de hacerlo, también tienen que estar ahí cuando el tema está ocurriendo y hablar con y escuchar a la gente que está allí. Cuando hay muchos periodistas y se trata de una momento particular como el registro para votar en el referéndum en sur Sudán, en el que además mucha gente no habla inglés, la situación puede ser aun más problemática. No hay una solución perfecta, todas las partes deberían comprender y ponerse en el lugar de las demás y tratar de no ser más cabrón de lo necesario.
2. Me parecen llamativas estas líneas: “The Carter Center remains disappointed by the prevalence of media coverage that seeks to emphasize the potential for volatility rather than the progress that has been made toward implementation of the referendum.” (“El Carter Center sigue dececpionado por el predominio de cobertura mediática que pone el énfasis en la posibilidad de volatitlidad en lugar en el progreso que se ha hecho hacia la implementación del referéndum“.)
Es la historia de siempre. Las malas noticias venden y las buenas noticias no es que no vendan, es que no son noticia. Imagina estas dos portadas de periódico (o ‘homepages’ de dos medios en internet). Una dice en letras bien grandes: “Todo va bien en sur Sudán”, y tiene la foto de un niño sonriente. La otra dice en letras bien grandes: “Sudán podría volver a la guerra”, y tiene la foto de soldados o tanques o cadáveres o algo así. ¿Cuál te llama la atención? ¿Qué periódico cogerías para hojear o en qué titular pincharías para leer la noticia? Es un comportamiento humano, creo. Cuando te juntas con tus amigos en el bar, ¿qué tipo de historias les cuentas? Las más llamativas o los cotilleos o que ayer hubo una pelea o un accidente de coche o hablas mal del cabrón ése que te cae tan mal. No cuentas que “todo va bien y no pasa nada”. O, si lo haces, tus amigos te dejan de prestar atención y pasan a escuchar al que está contando las otras historias.
Los editores piensan igual – o peor. Guerra, conflicto, muerte, sangre, son algunos de los temas que más venden en los medios (junto con famosos, sexo y cosas raras: el tema perfecto sería una guerra entre famosos en la que haya sexo extraño) (de hecho, si algún empresario mediático lee mi blog -ja ja-, seguro que roba la idea y crea un ‘reality show’ exactamente con esas características) (¿o quizá debería dejarme el periodismo y montar yo ese ‘reality’?) (mmm…). Los periodistas estamos aquí, en el terreno, en Juba. Hace un calor acojonante (hoy hemos llegado a los 45 grados). Unos están alojados mejor que otros pero en general todos estamos bastante puteados. Todo es carísimo y a muchos nadie nos paga los gastos y muchos cobramos por pieza vendida. Y al final del día o de la semana o de lo que sea, o vendes artículos, reportajes y fotos o no cobras y pierdes dinero por venir a un sitio tan complicado como Juba (y, hey, que no me estoy quejando, que a ningún periodista le obligan a venir aquí, todos estamos porque queremos y nos gusta esto y sabíamos de antemano cuál iba a ser la situación – lo que tampoco evita que sea una situación difícil y muchas veces frustrante). Y cuando le dices a tu editor: “Tengo estas historias:
- gente que vuelve del norte y está formando campos de personas desplazadas
- los bombardeos del norte y un tío del ejército del sur que me dice que si quieren guerra, la tendrán
- problemas técnicos con las papeletas que pueden retrasar el referéndum y gente del sur diciendo que, como se retrase el referéndum, la liarán
- y el testimonio de un tío de un centro de registro que dice que todo fue bien y que espera que no haya problemas durante el referéndum.”
¿Qué tres historias crees que te dirá que hagas? Y si sólo ofreces historias bonitas o de que todo va bien, no te cogerán ninguna. Y los periodistas en Juba no acaban de empezar a trabajar, llevan ya un tiempo en esto y saben qué historias venden y cuáles no. Es algo que se vuelve automático y es una preselección que haces en tu mente sin pensar, de forma instantánea. Empiezas a trabajar y le ofreces a tu editor las historias que sabes que puedes vender. Que suelen ser las malas noticias y las más llamativas. La posibilidad de guerra vende y el decir que todo va bien no vende. En ocasiones, sí puede haber historias bonitas o de que toda va bien que se conviertan en un artículo. Y si el referéndum va bien y no hay problemas, también será noticia (“Sudán del sur celebra el referéndum sin problemas”). Pero cuando la posibilidad de conflicto es real (aunque pequeña, yo quiero creer) y cuando hay tantos problemas reales en sur Sudán (bombardeos ocasionales del norte en territorio del sur, personas desplazadas, altísimos niveles de analfabetismo, una de las peores situaciones sanitarias del mundo, un país lleno de tribus diferentes que tienen un historial de enfrentamientos armados entre ellas…), es complicado vender buenas noticias e historias bonitas – que las hay. Además, y cuando estableces una relación con una fuente, alguien del gobierno o del ejército, te llaman para contarte sus ‘propias malas noticias’. Que el norte nos vuelve a atacar, que Khartoum esto, que Bashir lo otro. No te llaman para decirte, “Eh, todo va bien”. Si todo va bien, no te llaman. Y cuando sólo se publican malas noticias o historias agoreras, esta impresión negativa se retroalimenta y entramos en un círculo vicioso en el que estas malas noticias crean más malas noticias. Todas las partes tenemos algo de culpa. Pero también es un problema, digamos, estructural del periodismo y de la comunicación (oh, qué intelectual que suena eso). Lo malo, en este y otros muchos casos, es las posibles consecuencias reales y que una cobertura negativa de la situación pueda acabar contribuyendo a que haya un conflicto de verdad. Pero, de nuevo, ése es un problema presente en muchos otros ámbitos porque el resaltar lo malo es algo bastante humano y que tendemos a hacer en general en el día a día. Y, bueno, y eso.