Tag Archives: corrupción

En África ya no están tan contentos con China

The Economist tiene un artículo muy interesante sobre la evolución de las relaciones entre África y China. El texto empieza con un par de citas de Zhu Liangxiu, un zapatero que ha viajado por segunda vez a África. Zhu le dice al periodista que en ningún sitio del mundo se sintió tan bien recibido como en África: “He estado en muchos continentes y en ningún sitio el recibimiento fue tan cálido (como en África)”. Dejando de lado el que sólo hay cuatro continentes además de la Asia natal de Zhu (o cinco si, como los estadounidenses, cuentas América del Norte y América del Sur como dos continentes), la cita es ilustrativa. China, los chinos, solían ser bien recibidos en África. Venían con dinero, con trabajadores que daban ejemplo currando como negros (ja, gran chiste), hacían el trabajo (construir la carretera, la escuela o el hospital) y se iban. Nada de poner condiciones a los gobiernos o a las empresas locales sobre el respeto a los derechos humanos o a ciertas normas laborales, como molestamente suelen hacer los occidentales. Así que los africanos, en general, estaban encantados.

Por supuesto, la cosa no era ni es tan simple. Ni en el caso de los occidentales, que muchas veces se comportan como aves rapaces a las que no les importa apoyar regímenes corruptos con tal de conseguir un buen acuerdo o contrato; ni en el caso de los chinos, que también muchas veces aprovechaban para imponer condiciones muy desfavorables para los africanos en sus contratos de trabajo. Y por supuesto, tanto chinos como europeos como americanos babeaban y babean ante la posibilidad de conseguir petróleo y recursos minerales baratos en África -para eso sí que somos todos humanos e iguales-, sin importar las consecuencias sociales, políticas, económicas o medioambientales para el país africano en cuestión.

Pero en gran parte de África sí que había una imagen general de que los occidentales seguían manteniendo una actitud colonialista y paternalista que sólo buscaba el propio beneficio. Y de que los chinos venían a hacer negocios sin más, de que trataban a los africanos como socios, con las cartas sobre la mesa y sin tonterías colonialistas de por medio.

Y parece que esa imagen de China como mero socio comercial está cambiando – para peor.

Pero la actitud de los africanos ha cambiado. Sus socios dicen que (Zhu Liangxiu) los está timando. Productos chinos son considerados trabajos chapuceros. La política se ha colado en las reuniones. La palabra ‘colonial’ ha empezado a circular. Los niños se burlan y sus padres hacen comentarios sobre perros callejeros que desaparecen en los pucheros.

Estén más o menos fundadas, ¿te suenan estas imágenes? Como yo no puedo decirlo más claro y con mejor estilo que The Economist, traduzco más párrafos significativos (y si The Economist se llegara a enfadar, pues yo lo estiraría un poco y me amparía en el derecho de cita y a esperar que colara):

En parte, tienen la culpa las pobres prácticas empresariales importadas junto con bienes y servicios. Los trabajos de construcción chinos pueden ser chapuceros y en ocasiones se han derrumbado edificios erigidos por firmas de la China continental [que no incluye Hong Kong].

Los chinos en África vienen de una cultura empresarias sin respeto por las reglas y en la que todo vale, donde importan poco normas y regulaciones. El sentimiento local se ignora rutinariamente en China y en el extranjero.

A veces, a los empleados (africanos) les va poco mejor que al medio ambiente. En las minas administradas por empresas chinas en el cinturón de cobre en Zambia, los mineros deben trabajar durante dos años para poder recibir cascos de seguridad. La ventilación bajo tierra es pobre y accidentes mortales ocurren casi a diario. Para evitar las críticas, los mánagers chinos sobornan a los jefes de los sindicatos y los llevan en ‘viajes de estudios’ a ‘salones de masaje’ en China. Representantes sindicales obstruccionistas son despedidos y empleados que se reúnen en grupos son dispersados violentamente. Cuando los casos acaban en el juzgado, los testigos son intimidados.

También hay enfado y decepción en el lado chino. En la ciudad sudafricana de Newcastle, fábricas textiles chinas pagan sueldos de unos 200 dólares al mes, mucho más de lo que pagarían en China pero menos del salario mínimo en Sudáfrica. Los sindicatos han intentado cerrar las fábricas. Los dueños chinos ignoran a los sindicatos o hacen como que no hablan inglés. Señalan que muchas empresas sudafricanas también pagan menos del salario mínimo, que es demasiado alto para que la producción valga la pena. Sin los chinos, el desempleo en Newcastle sería aun mayor que el actual 60 por cien.

“Fíjate en nostoros”, dice Wang Jinfu, un joven dueño de una fábrica. “No somos tratantes de esclavos”. Él y su mujer llegaron hace cuatro años desde la provincia de Fujian en el sur de China con sólo 3.000 dólares. Duermen en sucios colchones en el suelo de la fábrica. Mientras sus 160 empleados trabajan 40 horas a la semana, el matrimonio empaqueta cajas, comprueba el inventario y envía pedidos desde el amanecer hasta la medianoche cada día del año. “¿Por qué nos odian por eso?”, se pregunta Wang. [...] Una respuesta a su pregunta es que la competición, sobre todo si viene de extranjeros, no es nada popular. Cientos de fábricas textiles en Nigeria han quebrado en los últimos años porque no podían competir con prendas chinas baratas. Se perdieron miles de empleos.

Gran parte de las críticas a China son proteccionismo disfrazado. Negocios establecidos intentan mantener sus posiciones de privilegio – a costa de los consumidores. La reciente llegada de comerciantes chinos a los mugrientos callejones del mercado de Soweto en Lusaka redujeron a la mitad el precio del pollo. El precio de la col cayó un 65 por cien. Los comerciantes locales enseguida llevaron sus jaulas llenas de animales a la comisión local de competición para quejarse.

La economía de la China continental está plagada de corrupción, incluso para los estándares africanos. Clasificaciones internacionales de sobornos pagados ponen a los mánagers chinos cerca de los primeros puestos. Cuando estos mánagers se van al extranjero, continúan sobornando y socavando el buen gobierno en los países adonde llegan.

Los africanos dicen que se sienten acosados. Decenas de miles de emprendedores de una de las economías modernas más exitosas se han diseminado por el continente. Sanou Mbaye, un antiguo alto cargo en el Banco de Desarrollo Africano, dice que han llegado más chinos a África en los últimos 10 años que europeos en los últimos 400 años.

En mi opinión, no es que los chinos sean inherentemente mejores o peores que los occidentales a la hora de venir a África a hacer negocios. Por supuesto, toda empresa busca maximizar sus beneficios. Y las empresas extranjeras que vienen a África no son una excepción. Simplificando mucho, las occidentales provienen de una cultura empresarial donde es más complicado saltarse las leyes y donde es más fácil que las comunidades afectadas y los clientes protesten si no están de acuerdo con las prácticas de la empresa. Como dice The Economist, las chinas vienen de una cultura empresarial diferente, donde la corrupción es más común y las comunidades afectadas tienen mucha menos voz. Además, en el caso de las empresas occidentales, y en parte debido al pasado colonial, sus sociedades de origen las ‘obligan’ a contribuir al desarrollo del país africano en cuestión y a no colaborar con regímenes políticos no democráticos.

Todas llegan a África, donde la corrupción suele ser generalizada y los recursos humanos y materiales abundantes y baratos.

Las empresas occidentales se pueden ver tentadas a pasarse por el forro la ley y los derechos de la población local con tal de conseguir más beneficios, pero al mismo tiempo tienen una cierta presión e incentivos para ser percibidas -’en casa’ y fuera- como cumpliendo con unos mínimos de respeto a unas condiciones laborales justas. Puede haber dos resultados: que las empresas occidentales sobreexploten a los africanos y sus recursos de un modo más sofisticado para mantener esa percepción positiva, o que de hecho acaben imponiendo unas prácticas laborales más o menos justas.

A las empresas chinas les preocupa menos cómo son percibidas y no tienen la ‘carga’ del tener que contribuir al desarrollo del país africano y de no poder llegar a acuerdos con regímenes no democráticos. Por lo que vienen a hacer negocios ‘sin más’ y directamente buscarán su máximo beneficio sin apenas consideraciones por los africanos y sus recursos materiales.

Los africanos no están muy felices con los productos chinos -porque son malos o porque son más baratos que los producidos por los africanos- ni con la poca transferencia de capital humano y tecnológico, así que empiezan a exigir unos mejores estándares a los chinos.

Y en ocasiones, las empresas chinas se sorprenden de que los africanos se quejen por condiciones que los chinos encuentran adecuadas.

Repito que lo anterior se trata de una burda simplificación, pero creo que sí ilustra significativamente las diferencias que puede haber entre empresas occidentales y chinas en África.

Conclusión: qué complicada es la economía del desarrollo y las relaciones -de cualquier tipo- entre países o instituciones con enormes diferencias económicas.

—–

Uno que sabe del tema es Javi, corresponsal de Efe en Kenia y que antes lo fue en China. Él ya ha escrito un par de veces sobre los chinos en África.

¿Van a llegar las revueltas del mundo árabe a Sudán (del norte)?

La gran historia estos días en los medios de comunicación son las revueltas populares en Túnez y Egipto, que además parecen estar extendiéndose a Jordania, Siria, Arabia Saudí y Yemen. En español, y además del buen trabajo que están haciendo los corresponsales en el terreno, hay que leer a Íñigo Sáenz de Ugarte si se quiere entender el tema.

Imagen de convocatoria de la protesta

Imagen de convocatoria de la protesta

Mientras tanto, los periodistas en el África subsahariana nos comemos las uñas y nos morimos de envidia por no estar al otro lado del desierto cubriendo las revueltas.

La situación en el este de África -la zona que yo conozco- es diferente y no creo que por aquí vayamos a ver rebeliones similares durante bastante tiempo. Aunque puede que me equivoque y ojalá sea así si la gente de Kenia, Uganda, Etiopía o cualquiera de estos países es capaz de rebelarse contra sus gobiernos, que por lo general se aprovechan de ellos tanto o más como los regímenes árabes del norte de África y Oriente Medio hacen con sus poblaciones.

Y, de hecho, puede que las revueltas se estén acercando al África subsahariana. Quizá Sudán (del norte) sea el próximo escenario de una rebelión popular contra un régime abusivo:

Jóvenes sudaneses han convocado una manifestación masiva este domingo (mañana), inspirados por los miles de manifestantes que han desafiado a las autoridades en Túnez y Egipto para pedir a sus líderes que se vayan.

Un email que apareció el viernes, y que Sudan Tribune ha parafraseado debido a sus errores ortográficos, convocaba manifestaciones masivas en Jartum el domingo diciendo que es “el momento apropiado para alzarse contra la opresión y la desesperanza”.

“Todo el mundo podría hacer algo positivo”, decía el email, “debemos alzarnos y dejar de lado la pasividad… Tenemos que hacer esto, para que nuestros hijos vivan con dignidad… para que podamos vivir la vida que todo humano se merece”.

“Si los egipcios pueden romper la barrera del miedo… nosotros también podemos. ¡¡¡QUÉ ESTAMOS ESPERANDO!!!”

El email, también publicado en internet, también recordaba que anteriores gobiernos sudaneses fueron derrocados por revueltas populares.

En 1964, la Revolución de Octubre supuso el final del régimen militar del general Abboud y en 1985 cuando Jaafar Nimeiri fue depuesto por el ejército tras otra revuelta popular.

El email decía que el lugar y la hora de la manifestación sería anunciada en facebook y animaba a la gente a “enviarlo a tus contactos telefónicos..a imprimirlo y dárselo a tus vecinos.. en el transporte (público) y en las calles …tráete a gente de otros sectores.. profesiones.. médicos.. trabajadores .. inicia la hoguera”.

Durante los últimos tres días, tinyurl.com, una página web que reduce direcciones web para que quepan en los 140 caracteres permitidos en la herramienta social Twitter, ha sido bloqueada por la Organización Sudanesa Nacional de las Telecomunicaciones. Comparado con Facebook, Twitter no es tan popular en Sudán y no está claro porqué el sitio ha sido bloqueado o si esto está relacionado con los hechos en Túnez y Egipto.

Los organizadores también han proporcionado instrucciones sobre cómo reaccionar ante gas lacrimógeno si es utilizado por las fuerzas de seguridad.

Como en las protestas en Túnez y Egipto, los organizadores de las manifestaciones planeadas para el domingo se presentan como no apoyados por ningún partido político sino más bien una movilización de gente con las mismas quejas a través del boca a boca, teléfonos móviles y redes sociales.

Las exigencias de las manifestaciones propuestas en Jartum reflejan las de otros sitios, ya que piden que se tomen acciones para mediar con el desempleo, los aumentos en los precios, la falta de democracia y la aparente insatisfacción con el largo mandato del presidente Omar Hassan Al-Bashir, quien lleva en el poder desde un golpe de Estado en 1989.

Sin embargo, la situación en Sudan es diferente de las tensiones en la región, ya que los hechos en el norte de África llegan en un momento que ya es de por sí política y extremadamente sensible para el gobierno de Sudán del norte. Además del incremento de los precios, empeorado por la escasez de reservas de divisas extranjeras y una disminución del valor de la libra sudanesa, el norte está a punto de perder la región rica en petróleo del sur de Sudán a través de un referéndum que tuvo lugar recientemente.

El referéndum de independencia formaba parte del acuerdo de paz que en 2005 puso fin a una guerra entre norte y sur que se había iniciado en 1983. El conflicto se había iniciado ya un año antes de la independencia de Sudán del Reino Unido y Egipto en 1956. En 1972 se firmó la paz pero la tensión se mantuvo hasta que la guerra abierta volvió a estallar en 1983. Aunque la historia es mucho más compleja, el norte, que es mayoritariamente musulmán y cuya población es más árabe y similar a la del norte de África, quería mantener el control sobre el sur, de población más negra africana y con creencias tradicionales mezcladas con cristianismo. Además, el sur es rico en recursos petrolíferos y cuenta con tierras muy fértiles.

Imagen de convocatoria de la protesta

Imagen de convocatoria de la protesta

Los resultados del referéndum, cuya votación duró del 9 al 15 de enero, se esperan para el 6 de febrero, si no hay quejas ni recursos en contra, o para el 14 si hay que revisarlos. Pero, de momento y con casi todas las papeletas contadas, el voto por la separación obtiene cerca del 99 por cien. Si no hay problemas o extrañas sorpresas de última hora, Sudán del sur declarará oficialmente su independencia el próximo 9 de julio.

En la página en Facebook de la manifestación (en árabe), se han apuntado de momento 9.880 personas como asistentes a las protestas (hace un rato eran 9.500 y pico). Una nota en inglés, publicada hace unas tres horas, dice lo siguiente:

La gente de Sudán no va a permanecer en silencio. Ya es hora de que exijamos nuestros derechos y tomemos lo que es nuestro en una manifestación pacífica que no incluya ningún acto de sabotaje. Nos vamos a manifestar contra el aumento de los precios, la corrupción, el desempleo y todas las prácticas falsas del gobierno, como la violencia contra las mujeres y el darles latigazos de una forma que va contra todas las leyes de la religión y la humanidad y la violación de los derechos de las minorías.

Ya es hora de que usemos la voz que dios nos ha dado para manifestarnos contra un gobierno injusto al que no le importa sacrificar a su gente y a su tierra para mantenerse en el poder.

Ya es hora de que enseñemos de qué estamos hechos realmente, ya es hora de que recuperemos nuestro honor perdido, ya es hora de que luchemos por los derechos que dios nos ha dado.

Nuestros hermanos en Túnez lo han hecho y también nuestros hermanos en Egipto.

Ahora es nuestro momento.

En Sudán, como en muchos otros países, los alimentos básicos se han encarecido, las cifras de desempleo son muy elevadas, los jóvenes no tienen expectativas de futuro y el gobierno es uno de los más corruptos del mundo, según Transparencia Internacional.

Imagen de convocatoria de la protesta

Imagen de convocatoria de la protesta

En definitiva, en Sudán (del norte), como en otros países, se dan los ingredientes adecuados para una revuelta popular. Si se añade la capacidad de las redes sociales y de los teléfonos móviles para movilizar a la gente y se le pone el puntito extra de ver en Al Jazeera cómo en otros países las revueltas están teniendo un cierto éxito, sólo falta que prenda la chispa para que se inice la rebelión.

Pero también es cierto que Sudán, incluido el norte, es un país diferente y con una situación diferente a las de Túnez, Egipto o los otros países árabes.

La historia seguirá mañana y, aunque me sorprendería, ya veremos si Jartum y Sudán sirven de puerta de entrada para que las protestas se extiendan al África subsahariana.

Bienvenido a sur Sudán

Quizá fue por suerte o casualidad pero, en el año y pico que viví en Nairobi y en el mes y medio que pasé en Kampala, nadie me pidió un soborno. Sin embargo, a las pocas horas de estar en sur Sudán, ya había tenido que decir que no a dos supuestos funcionarios. Y días después, en el viaje de vuelta de Yambio a Juba, habría una tercera vez.

Entré en sur Sudán por carretera desde Kampala, donde días antes había conseguido mi permiso de viaje del gobierno de sur Sudán (GoSS). En la frontera, tuvimos que pasar por inmigración para salir de Uganda y para entrar en sur Sudán. Ya en la oficina en el lado sudanés, había que empujar y hacerse un hueco usando los codos si querías que te sellaran tu permiso. Mientras todos nos apelotonábamos, una de las personas detrás de las mesas era una chica que estaba poniendo sellos y tenía un libro en el que tenías que escribir tu nombre. Conseguí llegar casi hasta ella y ya sólo había dos chicas kenianas delante de mí. La ‘funcionaria’ les selló sus permisos, las chicas escribieron sus nombres y entonces la funcionaria les pidió 5 libras sudanesas (alrededor de 1,5 euros) a cada una. Las kenianas se sorprendieron, “¿5 libras?, ¿por qué?” “Porque, porque son 5 libras”, les respondió la funcionaria. Y las chicas kenianas pagaron.

Me llegó el turno, le di mi permiso a la funcionaria, lo selló, escribí mi nombre en el libro y entonces me pidió a mí también 5 libras. “No”, le dije. La funcionaria me miró durante un segundo y luego dijo, “Ok”. Y salí de la oficina.

El permiso de viaje del GoSS

El permiso de viaje del GoSS

Más adelante, cuando ya estábamos muy cerca de Juba, un supuesto control policial detuvo el autobús. Entraron varios tíos jóvenes sin uniforme pero diciendo que eran policías. De forma bastante agresiva y en un inglés algo básico, nos ordenaron a todos bajar con nuestras bolsas. Todas las maletas, cajas, paquetes y demás de los pasajeros estaban entre los asientos del autobús con nosotros. Salimos todos y yo me bajé mi mochila pequeña pero dejé la grande con toda la ropa y tal en el autobús. Al salir, me pidieron el pasaporte y cuando vieron que era español dijeron entre sonrisas, “¡Europeo!” Y yo, “Ehm, sí, je je”. Y el que parecía el jefe, “A mí me gustaría ir a Europa, ¿qué te parece?” Y se empezó a reír a carcajadas y yo pasé de largo y me quedé allí al lado esperando a ver.

Bueno, pues estamos todos fuera asándonos bajo el sol mientras los ‘policías’ registraban el interior y entonces sale del autobús el supuesto jefe y empieza a gritar en inglés. “¡Sois todos unos estúpidos!, ¡estúpidos! ¡No entendéis nada! Os digo que bajéis las bolsas y qué hacéis, ¡las dejáis adentro! ¡No entendéis nada!” Varios de los pasajeros, de hecho, no entendían bien el inglés y no se estaban enterando demasiado del tema. Pero yo, literalmente, me quedé mirándo al tipo con la boca abierta. Él también me miró, sonrió y dijo, “No, pero contigo no pasa nada, no te preocupes”. Y yo, “¿Qué?”. Y el tío, “No te preocupes, ven”. Me acerco y él, “Contigo todo está bien, no hay problema, pero estos estúpidos no saben nada, no entienden el inglés”, me dijo con su inglés bastante básico y señalando a los demás pasajeros. Entonces, otro de los ‘policías’ quiso registrar mi mochila pero el jefe no le dejó y me dijo, “Sube, tú puedes esperar dentro”. Así que me volví a meter en el autobús mientras oía murmurar a los demás pasajeros y decir, “…mzungu”. ‘Mzungu’ es ‘persona blanca’ en swahili y luganda y la mayoría de los pasajeros eran kenianos y ugandeses, hablantes de esos idiomas. Yo era el único blanco entre los pasajeros.

Ya dentro y mientras los policías registraban las maletas y cajas sin mucho cuidado, llegaron a mi mochila grande y les dije que era mía. Uno de ellos se disponía a abrirla pero el ‘jefe’ lo detuvo y me llamó y me pidió que la abriera. Precisamente pensando en este tipo de situaciones, siempre dejo la ropa sucia arriba del todo, con la idea de desanimar a quien esté registrando la mochila o la maleta. Pero el tipo me hizo rebuscar un poco por dentro y vio varias bolsas de plástico y me dice, “¿Y qué llevas ahí?”, y yo, estúpidamente, “Pues, cosas para trabajar, medicinas…” Y él, “¿Medicinas?, ¿qué tipo de medicinas?” Y yo, mierda, “Pues para el estómago y tal”. Y él, “Ah, ¿y no puedes darme unas cuantas?, me vendrían muy bien”. Y yo, “No tío, las necesito para mí”, y él se me quedó mirando, me sonrió y me dijo, “Va, está bien, puedes cerrarla”.

Me volví a mi sitio y un largo rato después permitieron subir a los demás pasajeros y pudimos continuar el viaje. Algo más tarde, 14 horas después de haber salido de Kampala, llegábamos por fin al ‘bus park’ de la capital y pude poner el pie en Juba.

Y mientras tanto en el este de África – 06/02/10

Aunque el ‘tablet pc’ ya existía como tal, después de la aparición del iPad de Apple (que en español se podría traducir como iCompresa) todas las compañías quieren crear su propio tablet. Además, la economía española se hunde y en la capital del reino el entrenador del Real Madrid, Manuel Pellegrini, se enreda en el centro de campo.

Y mientras tanto, en el este de África…

No todo el mundo se queja de los piratas somalíes. Los pescadores kenianos están muy contentos porque, dicen, desde que los piratas empezaron a dar caña en 2007 ellos pueden faenar mucho más tranquilos y encuentran mucha más pesca, sin la presencia ni competencia de los grandes barcos internacionales que solía haber mar adentro  (muchos atuneros españoles entre ellos). Aun así, la versión oficial del gobierno keniano es condenar la piratería como algo negativo para toda la región, por supuesto. Y, de hecho, no está claro que haya una relación directa entre la piratería y la mejora de la pesca para los pescadores tradicionales kenianos, ya que oficiales marítimos dicen que la cantidad de peces fluctúa de tal manera y según temporadas que de momento podría ser una coincidencia. O también, como dijo un pirata a AFP en ese último artículo que enlazo, podría ser que los pescadores kenianos tienen menos competencia en las aguas poco profundas de la costa porque los que solían ser pescadores somalíes ahora se dedican a otra cosa: son piratas. “Nunca sabes cuando se va a acabar este negocio pero lo que sí te digo es que salir al océano como pirata es mucho mejor que hacerlo como pescador”, dijo el pirata a AFP.

“Una extendida crisis humanitaria persiste en una Somalia destrozada por la guerra”, alertó ayer la ONU. El aviso llega en un buen momento ya que yo, por ejemplo, pensaba que Somalia ya no estaba en crisis sino que últimamente se había convertido en algo así como Dinamarca o Finlandia, con su Estado del bienestar y todo. Pero no, nos recuerda la ONU, que ahora cifra en 3,2 millones el número de personas que necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir (hace poco, también según la ONU, eran 3,6 los millones de personas que necesitaban ayuda humanitaria en Somalia para poder comer). La realidad es que Somalia está tan hecha polvo y hay tan poca presencia internacional que nadie sabe muy bien cuál es el alcance del desastre. En los últimos días, varios oficiales de ese rimbombante Gobierno Federal de Transición han dicho que están preparando una ofensiva con la que esperan conseguir el control de todo el país rápidamente, algo muy difícil de creer si atendemos al hecho de que, en todo el país, el gobierno somalí sólo controla algunas calles de Mogadiscio, la capital, y el camino hacia el aeropuerto.

Aquí en Kenia, el jueves el gobierno aprobó un plan para crear una agencia independiente de protección de testigos, pensada principalmente para aquellos que han testificado y van a testificar sobre la violencia post electoral de principios de 2008, algunos de los cuales dicen haber recibido amenazas de muerte. Una vez establecida, esta agencia operaría independientemente del gobierno y serviría también para amparar a aquellos que quisieran testificar sobre casos de corrupción. La agencia tendría poderes policiales y podría detener y encarcelara a sospechosos. Los medios locales están comparando la ley de protección de testigos que crearía esta agencia con las que se realizaron para proteger a testigos de los juicios contra los nazis y contra Saddam Hussein. Ahora falta que el parlamento la apruebe dentro de dos semanas, y ya veremos, porque se supone que fueron algunos de esos políticos los que organizaron la violencia post electoral y los que han amenazado de muerte a los testigos. Además, como en todas partes, también son esos políticos los que están detrás de los casos de corrupción.

Y eso.