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Y mientras tanto en el este de África – 25/01/10

Hoy nos han dicho que estamos más cerca que nunca de poder encontrar vida extraterrestre. El presidente de la Real Academia de Astronomía del Reino Unido, Martin Rees, ha dicho en un alarde de perspicacia que algo así “se convertiría en uno de los grandes descubrimientos del siglo XXI”. Afganistán ha pospuesto sus elecciones legislativas de mayo hasta septiembre. Como razón sólo han citado “problemas de financiamiento, problemas de seguridad, de incertidumbres y de desafío logístico”. Londres lidera hoy la iniciativa europea de hacer como el tío Obama y gravar a los bancos con un impuesto similar a la llamada tasa Tobin. Y, sí, un avión de Ethiopian Airlines se ha estrellado en el mar al poco de despegar del aeropuerto de Beirut en un vuelo que tendría que haber llegado a Addis Abeba.

Y mientras tanto, en el este de África…

Líderes del grupo islamista rebelde al Shabaab, opuesto al gobierno somalí, han negado públicamente que una canción aparecida en una web fuera de verdad una amenaza sobre atacar Kenia. En la canción se podían oír tiros y dos voces decían en swahili que al Shabaab estaba listo para atacar Nairobi y que iban a matar a todo el mundo. La canción apareció después de que la policía keniana detuviera en Nairobi a al menos 700 personas de origen somalí como represalia tras una manifestación a favor del clérigo musulmán Abudllah al Faisal, quien… Bueno, echa un vistazo a la noticia.

Durante los años 50 y antes de la independencia de Kenia en 1963, tuvo lugar la rebelión de los Mau Mau en la Kenia colonial. Nativos kenianos lucharon ferozmente contra la administración británica, que respondió con igual fiereza y, como suele ocurrir, atrocidades fueron cometidas por ambos mandos. Y como también suele ocurrir, parece que el bando más fuerte, en este caso el británico, fue incluso más cruel que el otro. La Kenya Human Rights Commission denunció al Reino Unido en nombre de víctimas kenianas que supuestamente fueron torturadas durante la rebelión de los Mau Mau. Y lo gracioso del caso es que hoy, y según la firma de abogados Leigh Day & Co, que representa a los demandantes en el Reino Unido, el gobierno británico ha dicho que la responsabilidad legal de la administración colonial pasó al gobierno keniano cuando Kenia obtuvo la independencia en 1963. En otras palabras, que según el Reino Unido sería el gobierno keniano el responsable legal de las torturas que los propios británicos habrían infringido a los kenianos. No es una mala respuesta cuando te acusan de haber torturado, ¿no?

Por otro lado, Kenia, Uganda, Tanzania, Ruanda y Burundi, que ya forman la Comunidad de África del Este (the East African Community), siguen discutiendo y dando pasos hacia una futura Federación del Este de África (exactamente, the East African Federation) y ya hablan de tener una moneda única. La idea es tener como una pequeña Unión Europea pero en África, y aunque complicado de conseguir, pues podría estar bien.

Y parece que la moda de tirar zapatos a desagradables presidentes de gobiernos continúa. Esta vez le habría tocado el turno a Omar al-Bashir, el presidente de Sudán, a quien un asistente le habría tirado un zapato durante una conferencia en la capital del país, Jartum. Este angelito sería uno de los máximos responsables de la guerra en Darfur (que según la ONU ha dejado 300.000 muertos desde 2003) y en marzo del año pasado la Corte Penal Internacional emitió una orden de captura contra él – que de momento no ha sido muy efectiva.

De periodistas, catástrofes y el África subsahariana

El terremoto que ha devastado gran parte de Haití es el último ejemplo de catástrofe en la que los medios de comunicación se vuelcan de forma compulsiva. Imágenes, historias, análisis, opiniones llenan las páginas de los periódicos y, de repente, todo el mundo tiene algo que decir sobre Haití y los medios se pelean por ver quién envía más reporteros a la zona. No hay que ser muy cínico para ver a algún que otro director frotarse las manos ante la cantidad de páginas o minutos que se están llenando con la palabra Haití. Se presta una atención desmesurada a la desgracia que, aunque tiene efectos positivos y obliga al mundo a reaccionar, pronto se convierte en rutina que poco a poco va perdiendo su significado. 20.000 muertos es una cifra terrible, difícil de visualizar para mucha gente. Pero cuando tras una diaria pelea de cifras los muertos suman 50.000 y luego 90.000 y finalmente -con absurda precisión- 111.499, el número se ha convertido ya en algo abstracto, vacío, en una apuesta en las discusiones entre amigos. Cuando desayunamos, comemos y cenamos con espectaculares imágenes de destrucción durante 10 días seguidos, ya no se nos atragantan los cereales ni la pizza ni la copa de vino y apenas si miramos la pantalla mientras le contamos al amigo o al padre o a la novia las desgracias personales de cada día. Que al fin y al cabo son las que preocupan a la gente.

Aun así, esta gran cantidad de reporteros en Haití, esta desmesurada atención mediática al terremoto, contrastan con el escaso interés que otro tipo de catástrofes generan en los medios de comunicación.

El International Rescue Committee (IRC) estimó en 2008 que unos 5,4 millones de personas habían muerto en la República Democrática del Congo como consecuencia de la guerra civil que se inició en 1998. A ese ritmo, y jugando con los números, unas 45.000 personas habrían muerto cada mes, lo que en tres meses daría más muertos que los de Haití. En teoría, la guerra terminó en 2003 pero el conflicto sigue vivo, sobre todo en la zona este del país, donde diferentes milicias luchan por el control de lucrativos recursos minerales. Pero más allá de la ocasional referencia, este conflicto no existe ni en televisión ni en los periódicos.

Precisamente esta semana, la organización Human Security Report Project ha publicado un informe argumentando que las cifras de muertos en los conflictos contemporáneos podría estar sobrevaloradas, y en particular dicen que los 5,4 millones de muertos en la RD del Congo habrían sido más bien 1,5 millones. Tras este anuncio, un interesante debate sobre cómo medir la cantidad de víctimas en un conflicto se ha iniciado en internet, aunque el método usado por el IRC y la famosa cifra de los 5,4 millones sigue siendo aceptada por la mayoría de expertos.

Pero precisamente este debate ya apunta a varias de las razones por las que apenas se oye hablar de la República Democrática del Congo en los medios de comunicación. El conflicto se inició hace 12 años y por tanto es aburrido y no llama la atención. Además, no sólo la cantidad de víctimas es difícil de cuantificar sino que se trata de números tan enormes y tan repetidos que prácticamente pierden su sentido (¿te imaginas que muriera todo la gente que vive en Madrid y Barcelona? Pues según el Instituto Nacional de Estadística, se trataría “tan sólo” de unos 4,8 millones de personas). El conflicto en la RD del Congo es muy complejo. Incluye una indeterminada cantidad de actores y es muy complicado señalar quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Su desarrollo es lento y no se vislumbra ningún desenlace. No es una historia “sexy” sino difícil de explicar y de entender. Y en internet muchos denuncian que algunos gobiernos occidentales y grandes multinacionales no quieren que se hable del tema porque se están beneficiando de la expoliación de los recursos minerales.

Ahora mismo Haití es todo lo contrario. La desgracia acaba de suceder y el culpable es un terremoto, una catástrofe natural y que por tanto podría afectarnos a todos. Evidentemente, eso no es cierto y, de todos modos, un terremoto no afecta por igual a ricos y a pobres (afortunadamente, también hay artículos que intentan explicar porqué Haití ya era un desastre antes del terremoto). Es una historia simple y que encaja perfectamente en el discurso mediático. Hay héroes (los equipos de rescate) y víctimas y no hay un villano malvado responsable del desastre, lo que ayuda al espectador a identificarse con las víctimas. Con el desarrollo actual de internet y la gran cantidad de canales de televisión y radio disponibles, hoy es posible y relativamente fácil asistir en directo a la catástrofe, vivirla desde la cocina o el salón como si fuera una película – con el añadido de que todo es real (es el sueño de los programas de ‘tele-realidad’: ¿estoy siendo demasiado cínico si me temo que en un futuro exista algo así como “El terremoto de los famosos”?).

El conflicto en la RD del Congo es el ejemplo más conocido y, a su modo, el más “sexy” de catástrofe no mediática, pero no es el único. En Kenia, al menos 30 personas han muerto y 40.000 han resultado desplazadas por recientes inundaciones. También aquí, aún quedan decenas de miles de personas viviendo en algo parecido a cochambrosas tiendas de campaña tras ser desplazadas por la violencia post electoral de hace dos años (esto genera tan poca atención que no he encontrado ningún enlace reciente sobre la cuestión – pero yo mismo puedo atestiguarlo porque estuve en dos de estos campos en diciembre). En Etiopía, y según la Famine Early Warning Systems Network, hasta 6,2 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria para poder comer. Por no hablar de Sudán, donde el año pasado la ONU calculaba en 300.000 los muertos y en 2,2 millones los desplazados dede que la guerra en Darfur se reactivó en 2003. O de Somalia, donde sólo en las dos primeras semanas de 2010 al menos 138 personas murieron y 63.000 resultaron desplazadas por el enfrentamiento entre el gobierno ‘oficial’ y las facciones islamistas enfrentadas a él. Según la ONU, en Somalia ahora hay alrededor de 1,5 millones de personas desplazadas y 3,6 millones necesitan ayuda humanitaria para poder comer. Somalia tiene una población total de 9,1 millones de personas (la proporción es como si casi 15 millones de personas en España no tuvieran qué comer). Pero, hey, Somalia sí que aparece en las noticias a menudo, ¿verdad? Lástima que para ello sea necesario que aparezca la palabra “piratas“.

Pero si hoy le pegas una patada a una piedra, te saldrán varios periodistas deseando volar a Haití. Muchos de ellos, quizá, porque se ven también en ese jugoso papel de héroe. Este deseo y el afán de muchos medios de comunicación de tener a alguien en la escena, o a cuanta más gente mejor, da lugar a situaciones como ésta:

¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros? Sí.

Y es que, claro, como cuenta Jacobo García, hay periodistas y periodistas, como ocurre en cualquier otro oficio. En realidad, es comprensible el interés de tanto periodista y de todo medio de comunicación de estar en Haití, de ser testigo en primera persona, de vivir y ser -precisamente- parte de la historia. Es comprensible porque es humano.

Como también es comprensible que, en unas semanas, ningún periodista querrá estar en Haití, nadie hablará ya del terremoto y la verdadera magnitud de la catástrofe sólo la entenderán la gente de Haití y los pocos equipos de reconstrucción que se tengan que quedar allí. Y mientras tanto, el mundo estará atento a cualquier otro desastre o a la última declaración de Obama o al supuesto iSlate que Apple quizá haga público en unos días. En fin, pues sí, es comprensible porque las personas estamos hechas para prestar atención a lo espectacular y para aburrirnos pronto de cualquier cosa.

Pero ahora mismo, Haití es la noticia de moda. Así, por ejemplo, El País tiene a cuatro reporteros en Haití. Y sin embargo no tiene a ningún corresponsal en toda el África subsahariana y, lógicamente, ni siquiera tiene una sub sección sobre África en su sección de Internacional. Y esto a pesar de haber rebautizado su marca como “El periódico global en español”. Esto no es un ataque contra El País, que, con todos sus defectos, a mí me parece un buen periódico, pero su caso sí me ha parecido el más llamativo. De hecho, yo sólo sé de nueve periodistas pertenecientes a medios españoles en toda el África subsahariana. Habrá alguno más, supongo, espero, y también habrá periodistas que trabajen por su cuenta desde aquí y colaboren de vez en cuando con medios españoles, pero me sorprendería que la cantidad llegara a 20. Y esto para cubrir un continente más grande que Europa, con mucha más población (más de 800 millones de personas frente a cerca de 500), seguramente más diverso lingüística y culturalmente y que contiene a la gran mayoría de los países más pobres del mundo (curiosamente, Haití es el único país de América que también aparece en esta lista). Además, esta pobreza es una consecuencia más o menos directa del pasado colonial africano, cuando las potencias europeas explotaron el continente principalmente en su propio provecho.

Aquí hay muchísimas historias para contar pero África no interesa, no es “sexy”, se ha convertido en algo aburrido, en una tragedia demasiado larga, repetitiva y cansina, en la que ya las buenas noticias tampoco salen a la luz. Además, las historias en África son complicadas y ni a los medios les apetece trabajar en ellas ni al público le apetece leer sobre el tema. Eso sí, qué fotogénicos son los niños negritos con sus ojos y sus sonrisas enormes a pesar de todo. Estas fotos sí que les encantan a la gente de los países ricos.

“Y qué, ¿qué quieres decir con este texto, que además es demasiado largo?”

Pues poca cosa, en realidad, no hay ningún mensaje ni ninguna moraleja ni nada que leer entre líneas: simplemente me apetecía quejarme. Es normal, es comprensible, es humano que a la gente le dén igual las tragedias africanas y, en el fondo, tampoco le importe mucho la catástrofe en Haití. A todos lo único que en verdad nos preocupa son nuestros propios problemas y de ellos hablamos cuando nos quejamos. Pues eso.