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¿Cuántas tribus hay en España?

Hace meses, al poco de llegar yo a Nairobi, durante un trayecto en taxi el taxista va y me dice, “¿Sabes que en Kenia hay 43 tribus?”, y yo, en plan repelente, “Ehm, creo que son 42…”, pero es que precisamente ese día había leído un artículo sobre las 42 tribus de Kenia y tenía el número fresco en la memoria. Bueno, más que un artículo creo que fue leyendo la Wikipedia… El caso. Dice el taxista, “Bueno, sí, 42, son muchas, eh”, y yo, “Pues la verdad es que sí son muchas”. Y el taxista, después de unos segundos de silencio, “¿Y tú de dónde eres?”, y yo, “Soy español”, y él, interesado, “¿Y cuántas tribus hay en España?”, y yo, “Ehm… bueno, en realidad en España no es que haya tribus…”. Y el taxista, sorprendido, “Pero, entonces, ¿sois todos iguales y todos habláis el mismo idioma?”, y yo, “Bueno, la verdad es que no, hay diferencias y en varias regiones se hablan otros idiomas además de español…”. Y el taxista, satisfecho, “Ves, entonces también tenéis tribus en España”.

Esta conversación es el perfecto ejemplo de (in)comunicación intercultural. En español, la palabra ‘tribu‘ conlleva un cierto sentido de comunidad ‘primitiva’ o ‘salvaje’ o ‘no civilizada’ y lleva a pensar en gente danzando alrededor de una hoguera. Eso, o en su acepción de diferentes ‘tribus urbanas’. En inglés, el significado de ‘tribe‘ es similar aunque al menos la primera acepción es más neutral:

a social division in a traditional society consisting of linked families or communities with a common culture and dialect (en una sociedad tradicional, una división social que consiste en familias o comunidades vinculadas por una cultura y un dialecto comunes)

En Kenia y en inglés, el término ‘tribe’ se referiría a esta acepción y no tiene ningún sentido peyorativo sino de pertenencia a una comunidad socio-cultural con una historia propia. En España, suena extraño utilizar la palabra ‘tribu’ para referirse a los catalanes o a los vascos o a los gallegos, aunque sería darle casi el mismo uso que se le da en Kenia.

En realidad, las 42 tribus de Kenia se agrupan en unos pocos grupos que comparten rasgos culturales y cuyos idiomas son muy similares entre sí, si no el mismo. Quizá la tribu más conocida fuera de Kenia sea la de los Masai, aunque en realidad sólo representan alrededor del 1 por cien de la población de Kenia con unas 400.000 personas. Es complicado incluso dar una cantidad aproximada porque los masai son un pueblo semi-nómada y porque la población masai se reparte a los dos lados de la frontera entre Tanzania y Kenia.

Poblado masai

Poblado masai. Foto de Andries Oudshoorn

De hecho, en las zonas más rurales de Kenia, que además suelen coincidir con las fronteras con Etiopía, Uganda y Tanzania, la gente no entiende de fronteras y, como normalmente se dedican a la agricultura o a la ganadería, simplemente van donde haya pastos o donde la tierra sea más fértil en cada momento.

Ésa era la realidad pre-colonial: cuando los europeos llegaron al este de África aquí no existía ningún Estado en sentido moderno. Dependiendo de quién llegara primero, tras pelearse por los lugares más ricos y respondiendo a razones geo-políticas y bla bla, fueron los europeos los que trazaron las fronteras modernas de África y los que, en la práctica, crearon los actuales países africanos. Así fue como en Kenia hoy conviven 42 tribus diferentes y las fronteras pasan por en medio de algunas de ellas.

En Kenia, las tribus mayoritarias son los Kikuyu -con alrededor de un 20 por cien de la población- los Luhya -un 14 por cien o por ahí- y los Kalenjin -sobre el 10 por cien-. Los Kikuyu tienen (mala) fama de ser buenos con el dinero y son la tribu más exitosa socio-económicamente (quizá como los catalanes en España) y los Kalenjin son fieros defensores de su tierra y destacan por ser excelentes atletas. Otras tribus también tienen diferente ‘famas’ y, en general, cada tribu tiene dichos y chistes sobre las demás.

A qué tribu pertenece cada uno es algo muy presente y parte fundamental de la identidad de los kenianos. De hecho, muchos se consideran antes miembros de su tribu y después kenianos. En Nairobi, con una población urbana, con altos niveles de educación y más cosmopolita, la tribu tiene menos importancia pero para la mayoría de la gente en Kenia sigue siendo completamente definitorio de quién es cada uno. No hay muchos matrimonios mixtos y los políticos suelen jugar la carta tribal en las elecciones, lo que lleva a episodios de violencia como los acontecidos tras las elecciones presidenciales de diciembre de 2007. El actual gobierno, surgido tras aquella crisis, consiste en un complicado equilibrio de personas de las diferentes tribus del país, lo que conlleva que sea uno de los más grandes del mundo, con 40 ministros, presidente, primer ministro, vice-presidente… Además, también es uno de los mejores pagados del mundo con un total mensual de 861.000 shillings (unos 8.200 euros), algo que no está nada mal en un país en el que la mitad de la población vive con menos de 75 céntimos de euro al día…

Y, bueno, tras aquella conversación con aquel taxista pensé que estaría bien hablar de las tribus en Kenia en el blog y empezar con esa anécdota. Así que nada, sólo me ha costado como unos cinco meses escribir este post :-)

Sobre el caso de Luis Dueñas en Ruanda

Luis Dueñas es un ingeniero burgalés de 39 años que está encarcelado desde el 2 de abril en la prisión central de Kigali, en Ruanda.

Luis era el delegado en Ruanda de la empresa Espina Obras Hidráulicas, que ha construido dos plantas purificadoras de agua en este país africano. Está condenado a 3 años de prisión por evasión de impuestos y corrupción. Los materiales que Espina importaba para la construcción de las plantas estaban libres de impuestos pero las autoridades ruandesas acusaron a Luis de importar ilegalmente y no pagar las tasas de una partida de baldosas destinada a Munyanganizi Bikoro, diputado ruandés y ex secretario de Estado de Medio ambiente, agua y minas, lo que añadió el cargo de corrupción. Además, cuando fue detenido, Luis llevaba ejerciendo de cónsul honorario en funciones desde junio de 2005.

Después de varios retrasos y otros problemas durante el proceso, el pasado viernes 2 de octubre estaba previsto que el juez tomara una decisión sobre el recurso de apelación que sus abogados habían interpuesto. Por este motivo y debido al esfuerzo de amigos y colegas de Luis, la prensa española empezó a hablar del tema. Finalmente, el viernes Luis no acudió al juzgado y el juez pospuso su decisión hasta poder interrogar a Luis sobre ciertos aspectos del recurso y del caso. La nueva vista tendrá lugar mañana viernes 9 de octubre.

Yo me enteré del caso al mismo tiempo que muchos de mis colegas españoles, me interesé por él, hablé con algunas fuentes y, dada mi disponibilidad, decidí ir a Kigali a investigar el tema en persona. Oficialmente, y ya que no trabajo para ninguna organización, viajé por mi cuenta y riesgo como amigo de las personas implicadas, y una vez abandoné Ruanda el Diario de Burgos y Público acabaron publicando artículos míos sobre el tema.

Cuando llegué a Kigali, y gracias a los amigos de Luis y muy especialmente a Juan Blanco, que me acogieron y ofrecieron todo tipo de ayuda, empecé a conocer los detalles del caso y me sorprendió la cantidad de errores que iban apareciendo en diferentes medios de la prensa española (y en algunos comentarios a artículos online). Leí que Luis tenía 38 años (cumplió 39 en abril), que el valor de las baldosas era de 10.000 euros (era de 15.269,26 euros), que los impuestos que las autoridades ruandesas reclamaban eran unos 2.000 euros (la cantidad real está en francos ruandeses y es de 2.499.921, que al tipo de cambio de ahora mismo, según xe.com, son 3.002,138 euros), y otros errores más o menos graves.

Yo pasé cinco días en Kigali, pude ver a Luis en la cárcel y hablar con él, pasé mucho tiempo con sus compañeros y amigos, hablé con uno de los dos abogados de Luis (fue imposible contactar con el otro), con la actual cónsul honoraria de España en Ruanda (también en funciones), hablé con el embajador y el cónsul belgas (muy involucrados al principio del proceso y que prestaron ayuda a Luis), hablé con el propio Bikoro, hablé con la sede de Espina Obras Hidráulicas en España, hablé con la embajada española en Tanzania (responsable del cónsul honorario español en Kigali ante la ausencia de embajada española en Ruanda), hablé con la representante de ésta en Kigali durante la vista judicial del viernes, hablé con el Ministerio de Exteriores y tuve acceso a toda una serie de documentos pertenecientes al caso.

Estoy muy agradecido al Diario de Burgos y a Público por haber confiado en mí y publicado mis artículos, pero dada la cantidad de errores en otros medios y a que hay varios aspectos del caso que no han sido publicados, me he decidido a escribir este post sobre el tema.

Cronología del caso

Todo empezó el 23 de marzo de 2009, cuando una inspección de la autoridad fiscal ruandesa descubrió que Espina había importado unas baldosas que no estaban destinadas a la construcción de la depuradora y por las que la empresa debía haber pagado impuestos.

Todo apunta a que se trató de un chivatazo, porque los inspectores ya sabían lo que se iban a encontrar y ya sabían -aunque se hizo público más tarde- que esas baldosas eran para el diputado Bikoro. Además, y en lo que es una práctica habitual, la lista de materiales de construcción exentos de impuestos se redactó al principio del proyecto (en este caso en 2007), y luego la empresa importa lo que en la práctica va necesitando, que nunca coincide al cien por cien con la lista original. En el contenedor inspeccionado había más materiales que no estaban en esa lista, pero en este caso, y haya delito o no, las autoridades ruandesas se interesaron sólo por esa partida de baldosas.

Luis, como delegado de la empresa, fue citado el día siguiente, 24 de marzo, en la sede de la autoridad fiscal ruandesa para, según le dijeron, pagar los impuestos debidos y la multa correspondiente. Llegó allí a las 10 de la mañana junto con Jean Bosco Bavakure, que también había sido citado. Bosco es un ingeniero ruandés que trabajaba para el Programa nacional de purificación de agua potable, y que estaba encargado de supervisar el trabajo de Espina y de que éste tuviera lugar dentro de la legalidad. A Luis no le pidieron el pago de los impuestos sino que ambos fueron interrogados hasta las 4 de la tarde y no se les permitió llamar a un abogado. Más tarde, les llevaron a la comisaría central de Kigali, donde de nuevo fueron interrogados sin la presencia de un abogado. Esa noche se les comunicó que estaban detenidos y acusados de fraude fiscal y evasión de impuestos por la importación ilegal de una partida de baldosas. Las facturas muestran que el valor de las baldosas era de 15.269,26 euros y, según la documentación oficial del juicio, las autoridades ruandesas reclamaban a Luis unas tasas de 2.499.921 francos ruandeses, que al tipo de cambio de ahora mismo, según xe.com, son 3.002,138 euros.

Luis decidió admitir el delito de evasión de impuestos, dijo que lo había hecho sin mala fe y pidió perdón a su empresa y al gobierno ruandés. Lo hizo porque tenía entendido que la evasión de impuestos era un delito no penal que conllevaba multa y no prisión, y porque tradicionalmente en Ruanda la admisión del delito conlleva automáticamente una reducción de pena.

Esa noche Luis llamó a su empresa y a Bikoro y les contó lo que estaba pasando. Bikoro acudió el día siguiente y confirmó que las baldosas eran para él y dijo que las había comprado legalmente a Espina. En aquel momento las autoridades no acusaron a Bikoro de nada. Un día después Luis pudo hablar con un abogado por primera vez.

Luis y Bosco permanecieron detenidos, el 1 de abril se decidió que pasaran a régimen de prisión preventiva y el 2 de abril Luis ingresó en la prisión central de Kigali.

La acusación presentó la documentación al tribunal el 27 de abril y la fecha del juicio se estableció para el 6 de mayo. Sin embargo, primero se aplazó para el 13 de mayo, luego para el 22 y finalmente el juicio tuvo lugar el 2 de junio.

El juicio se celebró en kinyarwanda, la lengua local, y Luis estuvo asistido por un intérprete. Durante la lectura de cargos por parte del fiscal se citó por primera vez el de corrupción, del que Luis y Bosco no tenían noticia y sobre el que no habían sido interrogados o informados. Luis y Bosco negaron el cargo de corrupción. El juicio quedó visto para sentencia y se estableció que ésta se haría pública el 30 de junio.

El 9 de junio Espina Obras Hidráulicas envió una carta oficial que el juez sigue estudiando y en la que decía que, en caso de haber algún delito fiscal, la responsabilidad recaía no en Luis sino en la empresa, que se mostraba dispuesta a pagar la multa correspondiente. La carta no menciona el cargo de corrupción.

El 30 de junio, fecha prevista para la lectura de la sentencia, Bikoro fue llamado a declarar en calidad de testigo. Dijo que había adquirido las baldosas legalmente a través de Espina, que no se debía a un intercambio de favores sino que simplemente las baldosas le habían gustado y que Espina se las había conseguido, que de todos modos él ya sólo era diputado cuando se produjo la venta y que Luis no había tenido nada que ver en la transacción.

Como secretario de Estado de Medio ambiente, agua y minas dentro del Ministerio de Recursos naturales, Bikoro había sido el responsable del departamento que adjudicó las dos obras a Espina Obras Hidráulicas. Las adjudicaciones se realizaron a través del sistema de plicas y todas las partes implicadas afirman que el proceso fue limpio. En realidad, la posición de Bikoro dentro del gobierno ruandés no tiene una equivalencia perfecta con el sistema español, aunque no estaba al cargo de un ministerio y por tanto no era ministro. Los españoles en Ruanda dicen que era “secretario de Estado” y yo decidí usar esa denominación por similitud con el cargo español.

Las facturas muestran que Espina pagó por las baldosas exactamente la misma cantidad que luego pidió a Bikoro, por lo que la empresa no obtuvo ningún beneficio económico con la venta. Bikoro había dejado de ser secretario de Estado el 18 de octubre de 2008 y la fecha de la primera factura entre Espina y Bikoro es del 14 de noviembre de 2008. El nombre de Luis no aparece en las facturas.

El juez entonces convocó una vista el 17 de julio para dictar sentencia, pero ésta se pospuso para el 21 de julio, día en que Bikoro fue requerido pero esta vez como co-acusado de corrupción. Finalmente, el 11 de agosto los entonces tres acusados fueron declarados culpables: Luis fue condenado a tres años de prisión, uno por evasión de impuestos y dos por corrupción, Bosco fue condenado a un año de prisión por evasión de impuestos y Bikoro fue condenado a dos años por corrupción.

Inmediatamente después del juicio los tres solicitaron el recurso de apelación y Bikoro no fue encarcelado. El juez aceptó la posibilidad del recurso y el 3 de septiembre los abogados de Luis interpusieron un recurso de apelación en el que señalan que no se ha aportado ningún indicio ni prueba de corrupción y que la ley por la que se le declaró culpable de evasión de impuestos había sido derogada cuando el juicio tuvo lugar.

El juez señaló el viernes 2 de octubre como la fecha en la que respondería al recurso de apelación. Hasta entonces Bikoro ha permanecido en libertad y Luis y Bosco han permanecido en prisión.

El 2 de octubre Luis decidió no acudir al juzgado y el juez pospuso su decisión hasta poder interrogar a Luis sobre algunos aspectos del recurso y del caso. La vista fue convocada para mañana viernes 9 de octubre.

Sobre el estado de salud de Luis y su situación en prisión

Luis es hipoglucémico y necesita medicación y controlar las comidas. Durante su estancia en prisión ha tenido dos crisis de hipoglucemia y, antes de ser detenido, tenía prevista una cita médica en agosto que podría haber acabado en una intervención quirúrgica que habría tenido lugar fuera de Ruanda, posiblemente en España.

Ya cuando tuvo lugar el juicio los abogados habían presentado varios informes médicos que fueron desestimados por el juez. Tras la condena y en espera de la respuesta al recurso de apelación, sus abogados solicitaron la libertad provisonal por razones médicas y volvieron a incluir varios informes médicos, esta vez el más reciente fechado el 7 de septiembre y realizado por el médico de la embajada belga en Ruanda. El 14 de septiembre el juez los volvió a desestimar y declaró que en la prisión podían atender adecuadamente a Luis.

Sin embargo, los medicamentos que Luis requiere no se pueden conseguir en Ruanda y en la prisión sólo les dan dos tazas de alubias y harina de maíz como comida diaria, y algunas mañanas una taza de caldo de harina de sorgo. Es su familia la que le envía las medicinas desde España. Y es su colega y amigo Juan Blanco quien se los lleva a diario junto con agua y comida. Pero sobre esto y sobre la situación de Luis en prisión se puede leer uno de mis artículos en el Diario de Burgos (versión online, versión en pdf 1 y 2).

Sobre Luis como cónsul honorario y el papel de la diplomacia española

Cuando fue detenido, Luis llevaba ejerciendo de cónsul honorario en funciones desde junio de 2005. María José Morales, la anterior cónsul, cuenta cómo los españoles en Kigali se reunieron en su casa para elegir a su sustituto. Hablaron, votaron y el elegido fue Luis por unanimidad. María José se fue de Ruanda en mayo de 2005, Luis envió la documentación necesaria a Exteriores y en junio empezó a ejercer como cónsul honorario, realizando trámites para los ciudadanos españoles y trabajando junto con la embajada en Tanzania, responsable diplomática de Ruanda ante la ausencia de embajada española en este país. El Ministerio de Exteriores recibió la documentación, aceptó la solicitud de Luis y envió la documentación necesaria al gobierno de Ruanda. Y fue aquí donde el proceso se detuvo porque las autoridades ruandesas nunca respondieron y por tanto Luis nunca fue reconocido oficialmente como cónsul a pesar de desempeñar el cargo en funciones desde junio de 2005 hasta el momento de su detención.

Durante este tiempo, Exteriores daba el teléfono de Luis como cónsul honorario a españoles que iban a viajar a Ruanda y, curiosamente, la embajada alemana en Ruanda sí reconoció a Luis como cónsul honorario español entre sus contactos.

El puesto de cónsul honorario no tiene remuneración y la persona que lo desempeña tiene que realizar el trabajo durante su tiempo libre. María José, que recibió la Medalla al Mérito Civil por su trabajo como cónsul honoraria de España en Ruanda, no duda de la integridad de Luis y dice que él merecería la medalla tanto o más que ella porque él estuvo en el cargo durante más tiempo y sin la protección que el reconocimiento oficial le habría proporcionado.

En junio, Emiliano García, funcionario de la embajada española en Tanzania viajó a Kigali y se reunió con la comunidad española. Les sorprendió y enfadó cuando dijo que nadie en la embajada de Tanzania o en Exteriores había reconocido a Luis como cónsul, y la sorpresa siguió cuando aprovechó para presentarles a la nueva cónsul honoraria en funciones, Betty Mutesi, una mujer ruandesa a la que nadie en la comunidad española conocía. Tras la detención de Luis, una mujer española residente en Kigali se había ofrecido voluntaria para ejercer como cónsul honoraria y había enviado la documentación al Ministerio de Exteriores pero no había obtenido ninguna respuesta.

Hasta el 2 de octubre la postura de Mutesi fue de esperar a la ratificación o no de la sentencia para solicitar la extradición, algo que habría sido muy difícil de conseguir en la práctica debido a que no existe tratado de extradición entre España y Ruanda y a que las relaciones diplomáticas entre los dos países no son muy buenas.

Según el Ministerio de Exteriores, y antes del 2 de octubre, Betty había visitado a Luis una vez en calidad de cónsul honoraria, pero no pude confirmar esa información. Aun así, y como se trata de la cónsul honoraria en funciones, igual que Luis lo había sido anteriormente, entiendo que esta hipotética visita no habría contado con el rango de oficial.

Durante el principio del proceso, la embajada belga prestó asistencia consular a Luis y además le asistieron médicamente y le llevaron comida, aunque para esto hubo que esperar a la autorización de la embajada española en Tanzania y de las autoridades ruandesas. Hasta entonces, como ahora, fue gracias a su familia y a su empresa que Luis pudo mantener su medicación y recibir comida y agua mineral. Tras la condena, el embajador belga visitó a Luis una vez y el cónsul belga lo hizo en tres ocasiones. Desde la embajada belga dicen haber actuado en nombre de España y defienden la labor de sus colegas españoles.

Desde el Ministerio de Exteriores defienden el papel de Emiliano García en su visita a Kigali y dicen que, efectivamente, Luis nunca fue reconocido oficialmente como cónsul, aunque dicen que fueron las autoridades ruandesas las que no siguieron con su proceso de nombramiento. Igualmente defienden la labor de Mutesi, señalan que es algo relativamente normal y que hay muchos cónsules honorarios que no tienen la nacionalidad del país al que representan -algo que no he podido contrastar ni en general ni en el caso español- y afirman que han estado siguiendo el caso desde el principio, tal y como hacen con los otros 2.038 presos españoles que, a 30 de septiembre y según Exteriores, hay en el extranjero y que actuarán en consecuencia una vez haya una sentencia firme y oficial.

No fue hasta la pasada semana que Luis recibió la primera visita oficial del servivio de Exteriores español. Carolina de Manueles, en representación de la embajada española en Tanzania, viajó a Kigali, visitó a Luis en prisión, el viernes acudió al juzgado y luego volvió a visitar a Luis, esta vez junto con Mutesi. De Manueles declaró que, en caso de que se ratifique la sentencia, en su embajada se pondrán a trabajar en la solicitud de indulto de inmediato. Luego esta solicitud tendría que ser enviada de forma oficial por el gobierno español al gobierno ruandés.

Luis dice que la embajada ha tardado en actuar y que no tiene constancia directa de actuación por parte del Ministerio de Exteriores. Su entorno en Kigali se muestra tanto o más molesto con los servicios españoles, a los que critican por inactivos, y dicen que la justicia ruandesa no funciona.

En cualquier caso, España no podría sacar a Luis de la cárcel tal cual y, según la legalidad internacional, debe respetar la jurisdicción del país que está juzgando al ciudadano español por un posible delito cometido en su territorio. Pero lo que el Ministerio de Exteriores sí afirma en su página web en cuanto a españoles detenidos en el extranjero es que el criterio que le guía es asegurar a los ciudadanos españoles un trato adecuado por parte de las autoridades penitenciarias del país en el que se encuentren. Y además afirma que “el Estado español proporcionará una mayor asistencia y atención a los presos y detenidos en aquellos países en los que las condiciones sean objetivamente más deficientes.”

Y en el caso de Ruanda ésas parecen ser las circunstancias, como el propio Defensor del Pueblo ruandés señaló en julio de este año, cuando afirmó que el sistema judicial es la segunda institución más corrupta de Ruanda –sólo superada por la policía de tráfico– y documentó 446 casos de corrupción sólo en 2008.

Además, la organización Human Rights Watch también advierte en su último informe sobre el mal funcionamiento de la justicia en Ruanda: “Los derechos que garantizan un juicio justo no están asegurados, incluyendo la presunción de inocencia, el igual acceso a la justicia, el presentar a un testigo en defensa propia, el derecho a ser detenido en condiciones humanas, el derecho a no ser torturado.”

El séptimo comentario a mi artículo en Público dice que qué curioso que todos los españoles detenidos en el extranjero sean siempre inocentes según la prensa. Es una opinión compartida por muchos y cuyo cinismo yo entiendo y podría hasta compartir en algunos casos. Personalmente, yo no sé nada sobre los otros 2.038 detenidos y además desconozco la labor que la diplomacia española puede haber estado llevando a cabo en privado en cualquier de los 2.039 casos. Pero en el caso de Luis, y consierando las circunstancias anteriores, sí entiendo que haya gente molesta y que en público los servicios españoles sí están dando una impresión de inactividad y de no haber cumplido su labor de garantizar un juicio justo para Luis. Su amigo y colega Juan Blanco me comentó en varias ocasiones que lo único que pedían era la repetición del juicio y que éste fuera justo, porque están seguros de que en un juicio justo Luis sería declarado inocente.

Agradeceré cualquier comentario, corrección o crítica a este artículo ya que yo, como todo el mundo, soy falible y, aunque durante mi estancia en Kigali traté de recopilar y verificar el máximo de información, puedo haberme equivocado, haber malinterpretado información o haber dejado de lado datos importantes para la historia. Además, sé que no pude conseguir absolutamente toda la información y, en mis circunstancias, me era imposible hablar con las autoridades ruandesas. Lo que sí creo honradamente después de contrastar toda la información que conseguí es que lo que señalo en este texto es cierto.