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De periodistas, catástrofes y el África subsahariana

El terremoto que ha devastado gran parte de Haití es el último ejemplo de catástrofe en la que los medios de comunicación se vuelcan de forma compulsiva. Imágenes, historias, análisis, opiniones llenan las páginas de los periódicos y, de repente, todo el mundo tiene algo que decir sobre Haití y los medios se pelean por ver quién envía más reporteros a la zona. No hay que ser muy cínico para ver a algún que otro director frotarse las manos ante la cantidad de páginas o minutos que se están llenando con la palabra Haití. Se presta una atención desmesurada a la desgracia que, aunque tiene efectos positivos y obliga al mundo a reaccionar, pronto se convierte en rutina que poco a poco va perdiendo su significado. 20.000 muertos es una cifra terrible, difícil de visualizar para mucha gente. Pero cuando tras una diaria pelea de cifras los muertos suman 50.000 y luego 90.000 y finalmente -con absurda precisión- 111.499, el número se ha convertido ya en algo abstracto, vacío, en una apuesta en las discusiones entre amigos. Cuando desayunamos, comemos y cenamos con espectaculares imágenes de destrucción durante 10 días seguidos, ya no se nos atragantan los cereales ni la pizza ni la copa de vino y apenas si miramos la pantalla mientras le contamos al amigo o al padre o a la novia las desgracias personales de cada día. Que al fin y al cabo son las que preocupan a la gente.

Aun así, esta gran cantidad de reporteros en Haití, esta desmesurada atención mediática al terremoto, contrastan con el escaso interés que otro tipo de catástrofes generan en los medios de comunicación.

El International Rescue Committee (IRC) estimó en 2008 que unos 5,4 millones de personas habían muerto en la República Democrática del Congo como consecuencia de la guerra civil que se inició en 1998. A ese ritmo, y jugando con los números, unas 45.000 personas habrían muerto cada mes, lo que en tres meses daría más muertos que los de Haití. En teoría, la guerra terminó en 2003 pero el conflicto sigue vivo, sobre todo en la zona este del país, donde diferentes milicias luchan por el control de lucrativos recursos minerales. Pero más allá de la ocasional referencia, este conflicto no existe ni en televisión ni en los periódicos.

Precisamente esta semana, la organización Human Security Report Project ha publicado un informe argumentando que las cifras de muertos en los conflictos contemporáneos podría estar sobrevaloradas, y en particular dicen que los 5,4 millones de muertos en la RD del Congo habrían sido más bien 1,5 millones. Tras este anuncio, un interesante debate sobre cómo medir la cantidad de víctimas en un conflicto se ha iniciado en internet, aunque el método usado por el IRC y la famosa cifra de los 5,4 millones sigue siendo aceptada por la mayoría de expertos.

Pero precisamente este debate ya apunta a varias de las razones por las que apenas se oye hablar de la República Democrática del Congo en los medios de comunicación. El conflicto se inició hace 12 años y por tanto es aburrido y no llama la atención. Además, no sólo la cantidad de víctimas es difícil de cuantificar sino que se trata de números tan enormes y tan repetidos que prácticamente pierden su sentido (¿te imaginas que muriera todo la gente que vive en Madrid y Barcelona? Pues según el Instituto Nacional de Estadística, se trataría “tan sólo” de unos 4,8 millones de personas). El conflicto en la RD del Congo es muy complejo. Incluye una indeterminada cantidad de actores y es muy complicado señalar quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Su desarrollo es lento y no se vislumbra ningún desenlace. No es una historia “sexy” sino difícil de explicar y de entender. Y en internet muchos denuncian que algunos gobiernos occidentales y grandes multinacionales no quieren que se hable del tema porque se están beneficiando de la expoliación de los recursos minerales.

Ahora mismo Haití es todo lo contrario. La desgracia acaba de suceder y el culpable es un terremoto, una catástrofe natural y que por tanto podría afectarnos a todos. Evidentemente, eso no es cierto y, de todos modos, un terremoto no afecta por igual a ricos y a pobres (afortunadamente, también hay artículos que intentan explicar porqué Haití ya era un desastre antes del terremoto). Es una historia simple y que encaja perfectamente en el discurso mediático. Hay héroes (los equipos de rescate) y víctimas y no hay un villano malvado responsable del desastre, lo que ayuda al espectador a identificarse con las víctimas. Con el desarrollo actual de internet y la gran cantidad de canales de televisión y radio disponibles, hoy es posible y relativamente fácil asistir en directo a la catástrofe, vivirla desde la cocina o el salón como si fuera una película – con el añadido de que todo es real (es el sueño de los programas de ‘tele-realidad’: ¿estoy siendo demasiado cínico si me temo que en un futuro exista algo así como “El terremoto de los famosos”?).

El conflicto en la RD del Congo es el ejemplo más conocido y, a su modo, el más “sexy” de catástrofe no mediática, pero no es el único. En Kenia, al menos 30 personas han muerto y 40.000 han resultado desplazadas por recientes inundaciones. También aquí, aún quedan decenas de miles de personas viviendo en algo parecido a cochambrosas tiendas de campaña tras ser desplazadas por la violencia post electoral de hace dos años (esto genera tan poca atención que no he encontrado ningún enlace reciente sobre la cuestión – pero yo mismo puedo atestiguarlo porque estuve en dos de estos campos en diciembre). En Etiopía, y según la Famine Early Warning Systems Network, hasta 6,2 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria para poder comer. Por no hablar de Sudán, donde el año pasado la ONU calculaba en 300.000 los muertos y en 2,2 millones los desplazados dede que la guerra en Darfur se reactivó en 2003. O de Somalia, donde sólo en las dos primeras semanas de 2010 al menos 138 personas murieron y 63.000 resultaron desplazadas por el enfrentamiento entre el gobierno ‘oficial’ y las facciones islamistas enfrentadas a él. Según la ONU, en Somalia ahora hay alrededor de 1,5 millones de personas desplazadas y 3,6 millones necesitan ayuda humanitaria para poder comer. Somalia tiene una población total de 9,1 millones de personas (la proporción es como si casi 15 millones de personas en España no tuvieran qué comer). Pero, hey, Somalia sí que aparece en las noticias a menudo, ¿verdad? Lástima que para ello sea necesario que aparezca la palabra “piratas“.

Pero si hoy le pegas una patada a una piedra, te saldrán varios periodistas deseando volar a Haití. Muchos de ellos, quizá, porque se ven también en ese jugoso papel de héroe. Este deseo y el afán de muchos medios de comunicación de tener a alguien en la escena, o a cuanta más gente mejor, da lugar a situaciones como ésta:

¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros? Sí.

Y es que, claro, como cuenta Jacobo García, hay periodistas y periodistas, como ocurre en cualquier otro oficio. En realidad, es comprensible el interés de tanto periodista y de todo medio de comunicación de estar en Haití, de ser testigo en primera persona, de vivir y ser -precisamente- parte de la historia. Es comprensible porque es humano.

Como también es comprensible que, en unas semanas, ningún periodista querrá estar en Haití, nadie hablará ya del terremoto y la verdadera magnitud de la catástrofe sólo la entenderán la gente de Haití y los pocos equipos de reconstrucción que se tengan que quedar allí. Y mientras tanto, el mundo estará atento a cualquier otro desastre o a la última declaración de Obama o al supuesto iSlate que Apple quizá haga público en unos días. En fin, pues sí, es comprensible porque las personas estamos hechas para prestar atención a lo espectacular y para aburrirnos pronto de cualquier cosa.

Pero ahora mismo, Haití es la noticia de moda. Así, por ejemplo, El País tiene a cuatro reporteros en Haití. Y sin embargo no tiene a ningún corresponsal en toda el África subsahariana y, lógicamente, ni siquiera tiene una sub sección sobre África en su sección de Internacional. Y esto a pesar de haber rebautizado su marca como “El periódico global en español”. Esto no es un ataque contra El País, que, con todos sus defectos, a mí me parece un buen periódico, pero su caso sí me ha parecido el más llamativo. De hecho, yo sólo sé de nueve periodistas pertenecientes a medios españoles en toda el África subsahariana. Habrá alguno más, supongo, espero, y también habrá periodistas que trabajen por su cuenta desde aquí y colaboren de vez en cuando con medios españoles, pero me sorprendería que la cantidad llegara a 20. Y esto para cubrir un continente más grande que Europa, con mucha más población (más de 800 millones de personas frente a cerca de 500), seguramente más diverso lingüística y culturalmente y que contiene a la gran mayoría de los países más pobres del mundo (curiosamente, Haití es el único país de América que también aparece en esta lista). Además, esta pobreza es una consecuencia más o menos directa del pasado colonial africano, cuando las potencias europeas explotaron el continente principalmente en su propio provecho.

Aquí hay muchísimas historias para contar pero África no interesa, no es “sexy”, se ha convertido en algo aburrido, en una tragedia demasiado larga, repetitiva y cansina, en la que ya las buenas noticias tampoco salen a la luz. Además, las historias en África son complicadas y ni a los medios les apetece trabajar en ellas ni al público le apetece leer sobre el tema. Eso sí, qué fotogénicos son los niños negritos con sus ojos y sus sonrisas enormes a pesar de todo. Estas fotos sí que les encantan a la gente de los países ricos.

“Y qué, ¿qué quieres decir con este texto, que además es demasiado largo?”

Pues poca cosa, en realidad, no hay ningún mensaje ni ninguna moraleja ni nada que leer entre líneas: simplemente me apetecía quejarme. Es normal, es comprensible, es humano que a la gente le dén igual las tragedias africanas y, en el fondo, tampoco le importe mucho la catástrofe en Haití. A todos lo único que en verdad nos preocupa son nuestros propios problemas y de ellos hablamos cuando nos quejamos. Pues eso.

Y mientras tanto en el este de África – 13/01/10

Ayer, un terremoto de 7 grados en la escala de Richter sacudió Haití y ha causado enormes destrozos en el que es el país más pobre de América. Según la Cruz Roja, hasta 3 millones de personas podrían verse afectadas. Google ha anunciado que va a dejar de censurar los resultados de sus búsquedas en China (¿por qué aceptó esta censura en un principio?) después de descubrir ataques cibernéticos contra cuentas de Gmail de activistas chinos de derechos humanos. Según la ONU, 2.412 civiles murieron en Afganistán durante 2009, la cifra más alta desde el inicio del conflicto en 2001 con la invasión estadounidense.

Y mientras tanto, en el este de África:

- El clérigo musulmán Abudllah al-Faisal seguirá por ahora en prisión en Kenia. Al-Faisal, de nacionalidad jamaicana, entró en Kenia el 24 de diciembre, fue detenido en Mombasa el 1 de enero y de inmediato se inició su proceso de extradición. Pero hasta el día 7 no pudieron deportarlo porque ningún país quería acoger a al-Faisal en su territorio. El clérigo fue enviado, vía Nigeria, a Gambia, desde donde continuaría su viaje a Jamaica. Pero en Nigeria no se le permitió embarcar y el día 11 se le envió de vuelta a Kenia, donde aún sigue encarcelado. Al-Faisal cumplió condena en el Reino Unido por “incitar al odio contra los judíos, hindúes y occidentales”. Actualmente ni Kenia ni ningún otro país tienen cargos contra al-Faisal, y el gobierno keniano le detuvo como “inmigrante no deseado” porque supuestamente su nombre aparece en una lista internacional de sospechosos de terrorismo. Hasta que fue devuelto a Kenia el 11 de enero, al-Faisal no había podido hablar con un abogado.

- En Uganda se sigue discutiendo sobre un proyecto de ley que criminalizaría la homosexualidad y podría conllevar penas de muerte para los gays. En general, la homosexualidad no está muy bien vista en el África subsahariana.

- Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha pedido a la ONU que investigue la situación de los periodistas detenidos por el gobierno en Eritrea. Según RSF, 26 periodistas y dos trabajadores de medios de comunicación están actualmente encarcelados en Eritrea y cuatro habrían muerto en prisión desde 2005. Eritrea es el país que ocupa el último lugar en el ranking de libertad de expresión de RSF. En 2001, el gobierno eritreo “suspendió” las actividades de todos los medios de comunicación privados del país y detuvo y encarceló alrededor de 15 periodistas y otras personas opuestas al régimen de Issaías Afewerki.

Hace unas semanas, durante un torneo regional en Kenia, 12 jugadores de la selección eritrea de fútbol se escaparon de la concentración y pidieron asilo en Kenia.

- Etiopía y China han firmado un acuerdo comercial que dará a los productos etíopes acceso preferencial al mercado chino. La semana pasada, China ofreció una ayuda de 5 millones de euros a Kenia y se comprometió a financiar diversos proyectos. Estos acuerdos son el resultado de una estrategia general china de incrementar sus lazos comerciales con el África subsahariana.