Ya no hablamos de Somalia. Y cuando hasta hace poco aún lo hacíamos era en términos de guerra. Hablábamos de la ofensiva keniana en territorio somalí contra la milicia islamista Al Shabab, a la que Kenia acusa de los secuestros de ciudadanos europeos en su territorio, incluyendo a las dos cooperantes españolas Blanca Thiebaut y Montserrat Serra. Pero el hambre, esa vergonzante hambruna que nos sonrojó a todos en verano, sigue presente en Somalia. Hay gente que sigue muriendo allí porque literalmente no tiene nada que llevarse a la boca.
Un niño desnutrido en el hospital Benadir de Mogadiscio (Foto: J.M.C.)
Ocurre, claro, que el público se cansa, se hastía de leer sobre el hambre y ocurre, claro, que los periodistas también nos aburrimos (unos más que otros) y también nos fatigamos al escribir sobre ella. Y quien no, lo tiene difícil: viajar a Somalia, a Mogadiscio, para informarse e informar desde el terreno es muy difícil. No tanto por la seguridad, ya que un viaje bien preparado es suficientemente seguro, sino por otro problema, el de siempre y más ahora con la crisis: por el dinero. Pasar unos días en Mogadiscio es posible pero muy caro y el mundo es muy grande y está lleno de historias.
¿Por qué seguir informando sobre Somalia?