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“¿Cómo es aquello? ¿Cómo es realmente África?”

Cuando llegas a España tras pasar por primera vez una temporada en el África subsahariana, los amigos siempre se quedan mirándote como evaluándote y luego te preguntan: “Bueno… ¿y cómo es aquello? ¿Cómo es realmente África?”

Es una cuestión demasiado amplia, claro. África es un continente enorme en todos los sentidos -como precisamente decimos en la introducción a este blog-, más grande que Europa y con una mayor diversidad cultural y lingüística, por compararlos de alguna forma. Es como si -por ejemplo- quisiéramos que alguien que vuelve de Corea del Sur nos hablara de toda Asia. O mejor, como si un keniano le preguntara sobre Europa a otro que sólo ha estado en Finlandia y esperara que éste le hablara también de España, Grecia y Reino Unido y de toda Europa.

Pero uno de los lugares que yo sí puedo describir es Nairobi, la capital de Kenia y, con unos tres millones de habitantes, la mayor ciudad y centro económico y comercial de toda el África oriental.

Algo que suele sorprender a los que vienen por primera vez es el centro de Nairobi. Está coronado por varios rascacielos, algunos con nombres de bancos, y a su alrededor crecen cada vez más edificios modernos llenos de oficinas acristaladas. Hoteles con nombres históricos compiten por los turistas y hombres y mujeres de negocios que visitan la ciudad: Hilton, Sheraton, Intercontinental… Las calles y avenidas del centro financiero están absolutamente repletas de gente a todas horas durante el horario laboral. Y es el mismo tipo de gente que uno se encontraría en la misma parte de la ciudad en Madrid, Londres o París. Son hombres y mujeres -en buena parte jóvenes- que caminan rápidos y decididos, enfundados en trajes, en una mano el maletín y junto a la oreja la BlackBerry o el smartphone o el ‘manos libres’ o los auriculares del mp3 o el dispositivo Bluetooth. Esta parte del centro de Nairobi no desentonaría en cualquier país occidental. Quizá mucha gente no pensaría precisamente en Nairobi al ver una fotografía de su ‘skyline’, del perfil de sus edificios recortados contra el horizonte.

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Parte del centro de Nairobi durante la noche (imagen en el dominio público)

(Sigue en el blog África no es un país)

Bernarda Alba se muda de casa

La escena se llena de tensión y electricidad cuando Bernarda y Poncia se enfrentan. La señora, Bernarda, bastón en mano, golpea el suelo y repite y proclama que la casa permanecerá cerrada, que ella y sus cinco hijas no saldrán, que durante ocho años todas respetarán el luto por la muerte de su segundo marido. La criada, Poncia, atrevida, sabia, conocedora de la vida y de las pasiones del cuerpo, le reprocha que es un error, que no puede ni debe mantener presas a cinco mujeres, que no se puede atentar contra la naturaleza sin atenerse a las consecuencias.

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Poncia (Margaret Karanja, izquierda) y Bernarda Alba (Njoki Ngumi)

Los espectadores, pocos, siguen en tensión el desarrollo de la trama en un escenario muy ligero, con el atrezo justo, que cede todo el espacio y el protagonismo a las nueve actrices, la mayoría sorprendentes en la fuerza de sus interpretaciones. Aunque sobre todas destaca Bernarda, cuya mirada literalmente da miedo.

La casa de Bernarda Alba, la obra que Federico García Lorca compuso probablemente en 1936, el año de su muerte, suena natural en este pequeño teatro, tan lejos del tiempo y del lugar de su escritura. Los celos, el machismo autoimpuesto, el peso de las apariencias y del qué dirán que ahogan a las protagonistas, el ansia de escapar de un hogar convertido en prisión… siguen vigentes aquí y ahora.

El texto es totalmente reconocible a pesar del idioma, o los idiomas, que usan las actrices, inglés y swahili, y de sus gestos y de su forma de hablar. A pesar de los coloridos vestidos africanos que no casan bien con el duelo impuesto en los personajes. Y a pesar de que la acción, inspirada en la España profunda de los años 30, transcurre en el presente y se sitúa en una anónima ciudad de la costa keniana. Porque en esta ocasión Bernarda Alba se ha mudado a Nairobi.

(Sigue en ‘África no es un país’, el nuevo blog sobre África de El País)

Cada vez hay más gordos en Kenia mientras otros se mueren de hambre

Hace unos días, el Daily Nation keniano alertó de que la obesidad se está convirtiendo en un problema cada vez más grave en Kenia. Un 13 por cien de los hombres y un 24 por cien de las mujeres son obesos en este país.

Al mismo tiempo que cada vez hay más gordos, en Kenia también hay 3,75 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria. De éstos, y en una escala del 1 al 5 en la que 5 es hambruna, 1,4 millones se encuentran ahora en situación de emergencia, que es el nivel 4. Y 2,35 millones están en situación de crisis, que es el nivel 3.

Junto a Kenia, en Somallia hay unas 750.000 personas que podrían morir debido a la hambruna que afecta a la región.

El problema no es la falta de comida, y la sequía no ha sido la causante de la hambruna sino la última gota de un vaso lleno de problemas estructurales y particulares a cada zona de cada país.

La ley ‘seca’ resucita en Kenia

Un juez keniano confirmó ayer la ley que sólo permite beber alcohol dentro de un horario establecido: entre 5 de la tarde y 11 de la noche entre semana y entre 2 de la tarde y 11 de la noche los fines de semana. Por ejemplo, entre semana no puedes tomarte una cerveza o una copa de vino con la comida (a no ser que comas más tarde de las 5). Y un sábado por la noche, el último cubata o la última cerveza que te puedes tomar en un bar ha de ser antes de las 11. Las penas para quien bebe fuera de horas son 30.000 chelines kenianos de multa (unos 275 euros) o hasta seis meses de cárcel.

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Cerveza Tusker, más representativa de Kenia que la bandera del país

La ley fue aprobada el pasado 22 de noviembre y publicada oficialmente el 17 de diciembre y pronto resultó en cientos de personas multadas e incluso en algunas penas de prisión. Una asociación de hosteleros la recurrió y un juez del tribuna supremo suspendió la norma el 14 de enero. Hasta ayer, cuando otro juez de la misma corte, Daniel Musinga, la confirmó. Algo me dice que este Musinga no está interesado en hacer nuevos amigos.

La ley también endurece las penas para otros delitos relacionados con el alcohol. Para los que adulteren y vendan licores caseros, que pueden causar ceguera o hasta la muerte y se suelen consumir en los barrios más pobres, la pena asciende a una multa de 10 millones de chelines (unos 90.000 euros) o 10 años de cárcel. Además, también prohibe la venta y el consumo de alcohol a menos de 300 metros de una escuela.

Pero la norma va más allá incluso dentro del horario permitido. Si un cliente está borracho, pide otra copa y el barman se la sirve, el cliente podría ser multado con 5.000 chelines (45 euros) y el dueño del bar con 100.000 chelines (900 euros). Si un hombre o una mujer están en un bar con sus hijos menores de edad, pueden ser arrestados y condenados a pagar una multa de hasta 150.000 chelines (unos 1.350 euros). Si en un bar sirven alcohol a un menor de 18 años, la multa puede ascender a 2 millones de chelines (algo más de 18.000 euros). Y si un bar sirve alcohol fuera del horario permitido, las autoridades pueden cerrar el negocio (aunque no he podido encontrar a cuánto ascendería la multa).

Casi nada.

Tal y como parece, se trata de una ley que busca regular, forzar, la conducta de los ciudadanos. En su fallo, el juez Musinga señaló:

Si no hubiera leyes que regulan, lo que habría sería un caos total. Esta ley pretende asegurar la salud y el bienestar de los consumidores controlando los excesos en el consumo, la producción y la venta de alcohol.

El desarrollo económico de un país es muy importante y no se puede conseguir si su mano de obra se pasa las horas bebiendo.

Se ha estipulado este horario para evitar que la mano de obra beba durante su horario laboral. Se trata de un asunto de interés público y es por el bien de todos que la ley se mantiene en vigor.

La casi totalidad de los hosteleros se quejan ya de pérdidas millonarias y la industria turística advierte que la nueva ley podría tener consecuencias muy negativas. En Kenia, el turismo supone el 11 por cien del PIB y se trata de la segunda mayor industria del país tras la agricultura.

Además, y lo que es peor, Nairobi cuenta con una gran presencia de tres tipos de personas muy dadas a la bebida: gente de la ONU, gente de ONGs y, sobre todo, periodistas internacionales. “Oh dios mío”, es todo lo que me pudo responder una compañera periodista cuando le comenté la noticia. “Es terrible, qué vamos a hacer…”, me comentó un cámara. Y la cuestión es que muchos periodistas argumentarán, y con gran parte de razón, que el beber antes, durante y tras la jornada laboral es una necesidad sin la cual, simplemente, no se puede ejercer. O mejor: que forma parte del trabajo del periodista. Parece que el parlamento y el tribunal supremo kenianos no han querido tener nuestro bienestar en cuenta y ya veremos si esta ley no tiene consecuencias importantes, como que la ONU y las ONGs internacionales desplacen sus oficinas en Kenia a Uganda o Tanzania, o como que ser periodista en Nairobi se convierta en un trabajo de verdad y, por tanto, en algo aburrido.

Un poco más en serio, esta ley tampoco deja contentos a la mayoría de los ciudadanos de a pie. Para muestra y algo de sentido común, dos comentarios en la web de la noticia en la emisora de radio keniana Capital FM:

Creo que con todos los problemas que tenemos como país, legislar demasiado sobre los asuntos personales de la gente y usar demasiados recursos en estos temas en lugar de tratar las cuestiones verdaderamente importantes para la gente común, como el hambre, la corrupción, las ejecuciones extrajudiciales, el paro, etc, muestra un parlamento que ha perdido el contacto con la gente a la que se supone que representa.

Los enlaces son míos. Y:

Gente, Mututho [el diputado que impulsó la ley] lo ha hecho fácil… 1) Los ricos que puedan permitirse ir a clubes sólo para miembros y a grandes hoteles podrán beber cuando quieran. 2) Los que no sean muy pobres podrán beber sólo durante el horario establecido. 3) La gente nocturna no beberá. 4) Los más pobres seguirán bebiendo durante todo el día en los antros que sirven alcohol casero. En todas las partes de Kenia la gente bebe, trabaja y procrea. ¿Por qué son sólo los hombres de Murang’a y Naivasha [dos ciudades cercanas a Nairobi] los que beben y no trabajan ni procrean? No es por el alcohol. Enteraos de la verdadera razón. Kenia es para los ricos.

Amén.

¿Cuántas tribus hay en España?

Hace meses, al poco de llegar yo a Nairobi, durante un trayecto en taxi el taxista va y me dice, “¿Sabes que en Kenia hay 43 tribus?”, y yo, en plan repelente, “Ehm, creo que son 42…”, pero es que precisamente ese día había leído un artículo sobre las 42 tribus de Kenia y tenía el número fresco en la memoria. Bueno, más que un artículo creo que fue leyendo la Wikipedia… El caso. Dice el taxista, “Bueno, sí, 42, son muchas, eh”, y yo, “Pues la verdad es que sí son muchas”. Y el taxista, después de unos segundos de silencio, “¿Y tú de dónde eres?”, y yo, “Soy español”, y él, interesado, “¿Y cuántas tribus hay en España?”, y yo, “Ehm… bueno, en realidad en España no es que haya tribus…”. Y el taxista, sorprendido, “Pero, entonces, ¿sois todos iguales y todos habláis el mismo idioma?”, y yo, “Bueno, la verdad es que no, hay diferencias y en varias regiones se hablan otros idiomas además de español…”. Y el taxista, satisfecho, “Ves, entonces también tenéis tribus en España”.

Esta conversación es el perfecto ejemplo de (in)comunicación intercultural. En español, la palabra ‘tribu‘ conlleva un cierto sentido de comunidad ‘primitiva’ o ‘salvaje’ o ‘no civilizada’ y lleva a pensar en gente danzando alrededor de una hoguera. Eso, o en su acepción de diferentes ‘tribus urbanas’. En inglés, el significado de ‘tribe‘ es similar aunque al menos la primera acepción es más neutral:

a social division in a traditional society consisting of linked families or communities with a common culture and dialect (en una sociedad tradicional, una división social que consiste en familias o comunidades vinculadas por una cultura y un dialecto comunes)

En Kenia y en inglés, el término ‘tribe’ se referiría a esta acepción y no tiene ningún sentido peyorativo sino de pertenencia a una comunidad socio-cultural con una historia propia. En España, suena extraño utilizar la palabra ‘tribu’ para referirse a los catalanes o a los vascos o a los gallegos, aunque sería darle casi el mismo uso que se le da en Kenia.

En realidad, las 42 tribus de Kenia se agrupan en unos pocos grupos que comparten rasgos culturales y cuyos idiomas son muy similares entre sí, si no el mismo. Quizá la tribu más conocida fuera de Kenia sea la de los Masai, aunque en realidad sólo representan alrededor del 1 por cien de la población de Kenia con unas 400.000 personas. Es complicado incluso dar una cantidad aproximada porque los masai son un pueblo semi-nómada y porque la población masai se reparte a los dos lados de la frontera entre Tanzania y Kenia.

Poblado masai

Poblado masai. Foto de Andries Oudshoorn

De hecho, en las zonas más rurales de Kenia, que además suelen coincidir con las fronteras con Etiopía, Uganda y Tanzania, la gente no entiende de fronteras y, como normalmente se dedican a la agricultura o a la ganadería, simplemente van donde haya pastos o donde la tierra sea más fértil en cada momento.

Ésa era la realidad pre-colonial: cuando los europeos llegaron al este de África aquí no existía ningún Estado en sentido moderno. Dependiendo de quién llegara primero, tras pelearse por los lugares más ricos y respondiendo a razones geo-políticas y bla bla, fueron los europeos los que trazaron las fronteras modernas de África y los que, en la práctica, crearon los actuales países africanos. Así fue como en Kenia hoy conviven 42 tribus diferentes y las fronteras pasan por en medio de algunas de ellas.

En Kenia, las tribus mayoritarias son los Kikuyu -con alrededor de un 20 por cien de la población- los Luhya -un 14 por cien o por ahí- y los Kalenjin -sobre el 10 por cien-. Los Kikuyu tienen (mala) fama de ser buenos con el dinero y son la tribu más exitosa socio-económicamente (quizá como los catalanes en España) y los Kalenjin son fieros defensores de su tierra y destacan por ser excelentes atletas. Otras tribus también tienen diferente ‘famas’ y, en general, cada tribu tiene dichos y chistes sobre las demás.

A qué tribu pertenece cada uno es algo muy presente y parte fundamental de la identidad de los kenianos. De hecho, muchos se consideran antes miembros de su tribu y después kenianos. En Nairobi, con una población urbana, con altos niveles de educación y más cosmopolita, la tribu tiene menos importancia pero para la mayoría de la gente en Kenia sigue siendo completamente definitorio de quién es cada uno. No hay muchos matrimonios mixtos y los políticos suelen jugar la carta tribal en las elecciones, lo que lleva a episodios de violencia como los acontecidos tras las elecciones presidenciales de diciembre de 2007. El actual gobierno, surgido tras aquella crisis, consiste en un complicado equilibrio de personas de las diferentes tribus del país, lo que conlleva que sea uno de los más grandes del mundo, con 40 ministros, presidente, primer ministro, vice-presidente… Además, también es uno de los mejores pagados del mundo con un total mensual de 861.000 shillings (unos 8.200 euros), algo que no está nada mal en un país en el que la mitad de la población vive con menos de 75 céntimos de euro al día…

Y, bueno, tras aquella conversación con aquel taxista pensé que estaría bien hablar de las tribus en Kenia en el blog y empezar con esa anécdota. Así que nada, sólo me ha costado como unos cinco meses escribir este post :-)

Y mientras tanto en el este de África – 06/02/10

Aunque el ‘tablet pc’ ya existía como tal, después de la aparición del iPad de Apple (que en español se podría traducir como iCompresa) todas las compañías quieren crear su propio tablet. Además, la economía española se hunde y en la capital del reino el entrenador del Real Madrid, Manuel Pellegrini, se enreda en el centro de campo.

Y mientras tanto, en el este de África…

No todo el mundo se queja de los piratas somalíes. Los pescadores kenianos están muy contentos porque, dicen, desde que los piratas empezaron a dar caña en 2007 ellos pueden faenar mucho más tranquilos y encuentran mucha más pesca, sin la presencia ni competencia de los grandes barcos internacionales que solía haber mar adentro  (muchos atuneros españoles entre ellos). Aun así, la versión oficial del gobierno keniano es condenar la piratería como algo negativo para toda la región, por supuesto. Y, de hecho, no está claro que haya una relación directa entre la piratería y la mejora de la pesca para los pescadores tradicionales kenianos, ya que oficiales marítimos dicen que la cantidad de peces fluctúa de tal manera y según temporadas que de momento podría ser una coincidencia. O también, como dijo un pirata a AFP en ese último artículo que enlazo, podría ser que los pescadores kenianos tienen menos competencia en las aguas poco profundas de la costa porque los que solían ser pescadores somalíes ahora se dedican a otra cosa: son piratas. “Nunca sabes cuando se va a acabar este negocio pero lo que sí te digo es que salir al océano como pirata es mucho mejor que hacerlo como pescador”, dijo el pirata a AFP.

“Una extendida crisis humanitaria persiste en una Somalia destrozada por la guerra”, alertó ayer la ONU. El aviso llega en un buen momento ya que yo, por ejemplo, pensaba que Somalia ya no estaba en crisis sino que últimamente se había convertido en algo así como Dinamarca o Finlandia, con su Estado del bienestar y todo. Pero no, nos recuerda la ONU, que ahora cifra en 3,2 millones el número de personas que necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir (hace poco, también según la ONU, eran 3,6 los millones de personas que necesitaban ayuda humanitaria en Somalia para poder comer). La realidad es que Somalia está tan hecha polvo y hay tan poca presencia internacional que nadie sabe muy bien cuál es el alcance del desastre. En los últimos días, varios oficiales de ese rimbombante Gobierno Federal de Transición han dicho que están preparando una ofensiva con la que esperan conseguir el control de todo el país rápidamente, algo muy difícil de creer si atendemos al hecho de que, en todo el país, el gobierno somalí sólo controla algunas calles de Mogadiscio, la capital, y el camino hacia el aeropuerto.

Aquí en Kenia, el jueves el gobierno aprobó un plan para crear una agencia independiente de protección de testigos, pensada principalmente para aquellos que han testificado y van a testificar sobre la violencia post electoral de principios de 2008, algunos de los cuales dicen haber recibido amenazas de muerte. Una vez establecida, esta agencia operaría independientemente del gobierno y serviría también para amparar a aquellos que quisieran testificar sobre casos de corrupción. La agencia tendría poderes policiales y podría detener y encarcelara a sospechosos. Los medios locales están comparando la ley de protección de testigos que crearía esta agencia con las que se realizaron para proteger a testigos de los juicios contra los nazis y contra Saddam Hussein. Ahora falta que el parlamento la apruebe dentro de dos semanas, y ya veremos, porque se supone que fueron algunos de esos políticos los que organizaron la violencia post electoral y los que han amenazado de muerte a los testigos. Además, como en todas partes, también son esos políticos los que están detrás de los casos de corrupción.

Y eso.

Es viernes, lee algo sobre África / It’s Friday, read something about Africa

- Aunque no está directamente relacionado con África, este texto de Ramón Lobo sirve para recordar que, se trate de Bin Laden, Obama o el político español de turno, simplemente retransmitir las declaraciones de cualquier persona no es periodismo.

- Kenya is so worried about being infiltrated by al Shabaab militants that has arrested even those Somali in Nairobi who work at the Transitional Federal Government of Somalia or who are refugees who fled because of al Shabaab.

- The foreign affairs head of the main opposition coalition in Eritrea talks about making the country a true democracy. Shame he doesn’t say a word about how to actually change the current regime.

- Officials from the Transitional Federal Government of Somalia have lately been bragging about taking over the whole country in the next few days, which would be amazing, as now -and in despite of the cool name of the government- they only control a few streets of Mogadishu and the way to the airport. Anyway, maybe this is the reason behind their bragging.

- Lóbrego relato sobre la realidad de un hospital en Mogadiscio. Discutible por su dureza pero interesante como todas las historias hechas a pie de calle y con gente de verdad.

- Y como no todo van a ser malas noticias desde África, aquí El Viajero habla de ese otro lado de Kenia, el de los safaris y los paisajes de película.

- On Wednesday, the International Criminal Court said it’s going to re-assess whether Sudan’s president Omar al-Bashir may be charged with genocide or not. As well as not meaning almost anything in itself and just giving al-Bashir more time and fame, some believe this genocide charge could backfire in the hands of the ICC.

- What is worse, finding oil in your country or not finding it? Ugandan courts ally themselves with the government to stop the people from knowing anything about how they are dealing with the big oil reserves recently discovered.

- Y por último, otra forma de ver África.

- And finally, another view of Africa.

Y mientras tanto en el este de África – 25/01/10

Hoy nos han dicho que estamos más cerca que nunca de poder encontrar vida extraterrestre. El presidente de la Real Academia de Astronomía del Reino Unido, Martin Rees, ha dicho en un alarde de perspicacia que algo así “se convertiría en uno de los grandes descubrimientos del siglo XXI”. Afganistán ha pospuesto sus elecciones legislativas de mayo hasta septiembre. Como razón sólo han citado “problemas de financiamiento, problemas de seguridad, de incertidumbres y de desafío logístico”. Londres lidera hoy la iniciativa europea de hacer como el tío Obama y gravar a los bancos con un impuesto similar a la llamada tasa Tobin. Y, sí, un avión de Ethiopian Airlines se ha estrellado en el mar al poco de despegar del aeropuerto de Beirut en un vuelo que tendría que haber llegado a Addis Abeba.

Y mientras tanto, en el este de África…

Líderes del grupo islamista rebelde al Shabaab, opuesto al gobierno somalí, han negado públicamente que una canción aparecida en una web fuera de verdad una amenaza sobre atacar Kenia. En la canción se podían oír tiros y dos voces decían en swahili que al Shabaab estaba listo para atacar Nairobi y que iban a matar a todo el mundo. La canción apareció después de que la policía keniana detuviera en Nairobi a al menos 700 personas de origen somalí como represalia tras una manifestación a favor del clérigo musulmán Abudllah al Faisal, quien… Bueno, echa un vistazo a la noticia.

Durante los años 50 y antes de la independencia de Kenia en 1963, tuvo lugar la rebelión de los Mau Mau en la Kenia colonial. Nativos kenianos lucharon ferozmente contra la administración británica, que respondió con igual fiereza y, como suele ocurrir, atrocidades fueron cometidas por ambos mandos. Y como también suele ocurrir, parece que el bando más fuerte, en este caso el británico, fue incluso más cruel que el otro. La Kenya Human Rights Commission denunció al Reino Unido en nombre de víctimas kenianas que supuestamente fueron torturadas durante la rebelión de los Mau Mau. Y lo gracioso del caso es que hoy, y según la firma de abogados Leigh Day & Co, que representa a los demandantes en el Reino Unido, el gobierno británico ha dicho que la responsabilidad legal de la administración colonial pasó al gobierno keniano cuando Kenia obtuvo la independencia en 1963. En otras palabras, que según el Reino Unido sería el gobierno keniano el responsable legal de las torturas que los propios británicos habrían infringido a los kenianos. No es una mala respuesta cuando te acusan de haber torturado, ¿no?

Por otro lado, Kenia, Uganda, Tanzania, Ruanda y Burundi, que ya forman la Comunidad de África del Este (the East African Community), siguen discutiendo y dando pasos hacia una futura Federación del Este de África (exactamente, the East African Federation) y ya hablan de tener una moneda única. La idea es tener como una pequeña Unión Europea pero en África, y aunque complicado de conseguir, pues podría estar bien.

Y parece que la moda de tirar zapatos a desagradables presidentes de gobiernos continúa. Esta vez le habría tocado el turno a Omar al-Bashir, el presidente de Sudán, a quien un asistente le habría tirado un zapato durante una conferencia en la capital del país, Jartum. Este angelito sería uno de los máximos responsables de la guerra en Darfur (que según la ONU ha dejado 300.000 muertos desde 2003) y en marzo del año pasado la Corte Penal Internacional emitió una orden de captura contra él – que de momento no ha sido muy efectiva.

De periodistas, catástrofes y el África subsahariana

El terremoto que ha devastado gran parte de Haití es el último ejemplo de catástrofe en la que los medios de comunicación se vuelcan de forma compulsiva. Imágenes, historias, análisis, opiniones llenan las páginas de los periódicos y, de repente, todo el mundo tiene algo que decir sobre Haití y los medios se pelean por ver quién envía más reporteros a la zona. No hay que ser muy cínico para ver a algún que otro director frotarse las manos ante la cantidad de páginas o minutos que se están llenando con la palabra Haití. Se presta una atención desmesurada a la desgracia que, aunque tiene efectos positivos y obliga al mundo a reaccionar, pronto se convierte en rutina que poco a poco va perdiendo su significado. 20.000 muertos es una cifra terrible, difícil de visualizar para mucha gente. Pero cuando tras una diaria pelea de cifras los muertos suman 50.000 y luego 90.000 y finalmente -con absurda precisión- 111.499, el número se ha convertido ya en algo abstracto, vacío, en una apuesta en las discusiones entre amigos. Cuando desayunamos, comemos y cenamos con espectaculares imágenes de destrucción durante 10 días seguidos, ya no se nos atragantan los cereales ni la pizza ni la copa de vino y apenas si miramos la pantalla mientras le contamos al amigo o al padre o a la novia las desgracias personales de cada día. Que al fin y al cabo son las que preocupan a la gente.

Aun así, esta gran cantidad de reporteros en Haití, esta desmesurada atención mediática al terremoto, contrastan con el escaso interés que otro tipo de catástrofes generan en los medios de comunicación.

El International Rescue Committee (IRC) estimó en 2008 que unos 5,4 millones de personas habían muerto en la República Democrática del Congo como consecuencia de la guerra civil que se inició en 1998. A ese ritmo, y jugando con los números, unas 45.000 personas habrían muerto cada mes, lo que en tres meses daría más muertos que los de Haití. En teoría, la guerra terminó en 2003 pero el conflicto sigue vivo, sobre todo en la zona este del país, donde diferentes milicias luchan por el control de lucrativos recursos minerales. Pero más allá de la ocasional referencia, este conflicto no existe ni en televisión ni en los periódicos.

Precisamente esta semana, la organización Human Security Report Project ha publicado un informe argumentando que las cifras de muertos en los conflictos contemporáneos podría estar sobrevaloradas, y en particular dicen que los 5,4 millones de muertos en la RD del Congo habrían sido más bien 1,5 millones. Tras este anuncio, un interesante debate sobre cómo medir la cantidad de víctimas en un conflicto se ha iniciado en internet, aunque el método usado por el IRC y la famosa cifra de los 5,4 millones sigue siendo aceptada por la mayoría de expertos.

Pero precisamente este debate ya apunta a varias de las razones por las que apenas se oye hablar de la República Democrática del Congo en los medios de comunicación. El conflicto se inició hace 12 años y por tanto es aburrido y no llama la atención. Además, no sólo la cantidad de víctimas es difícil de cuantificar sino que se trata de números tan enormes y tan repetidos que prácticamente pierden su sentido (¿te imaginas que muriera todo la gente que vive en Madrid y Barcelona? Pues según el Instituto Nacional de Estadística, se trataría “tan sólo” de unos 4,8 millones de personas). El conflicto en la RD del Congo es muy complejo. Incluye una indeterminada cantidad de actores y es muy complicado señalar quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Su desarrollo es lento y no se vislumbra ningún desenlace. No es una historia “sexy” sino difícil de explicar y de entender. Y en internet muchos denuncian que algunos gobiernos occidentales y grandes multinacionales no quieren que se hable del tema porque se están beneficiando de la expoliación de los recursos minerales.

Ahora mismo Haití es todo lo contrario. La desgracia acaba de suceder y el culpable es un terremoto, una catástrofe natural y que por tanto podría afectarnos a todos. Evidentemente, eso no es cierto y, de todos modos, un terremoto no afecta por igual a ricos y a pobres (afortunadamente, también hay artículos que intentan explicar porqué Haití ya era un desastre antes del terremoto). Es una historia simple y que encaja perfectamente en el discurso mediático. Hay héroes (los equipos de rescate) y víctimas y no hay un villano malvado responsable del desastre, lo que ayuda al espectador a identificarse con las víctimas. Con el desarrollo actual de internet y la gran cantidad de canales de televisión y radio disponibles, hoy es posible y relativamente fácil asistir en directo a la catástrofe, vivirla desde la cocina o el salón como si fuera una película – con el añadido de que todo es real (es el sueño de los programas de ‘tele-realidad’: ¿estoy siendo demasiado cínico si me temo que en un futuro exista algo así como “El terremoto de los famosos”?).

El conflicto en la RD del Congo es el ejemplo más conocido y, a su modo, el más “sexy” de catástrofe no mediática, pero no es el único. En Kenia, al menos 30 personas han muerto y 40.000 han resultado desplazadas por recientes inundaciones. También aquí, aún quedan decenas de miles de personas viviendo en algo parecido a cochambrosas tiendas de campaña tras ser desplazadas por la violencia post electoral de hace dos años (esto genera tan poca atención que no he encontrado ningún enlace reciente sobre la cuestión – pero yo mismo puedo atestiguarlo porque estuve en dos de estos campos en diciembre). En Etiopía, y según la Famine Early Warning Systems Network, hasta 6,2 millones de personas necesitan de ayuda humanitaria para poder comer. Por no hablar de Sudán, donde el año pasado la ONU calculaba en 300.000 los muertos y en 2,2 millones los desplazados dede que la guerra en Darfur se reactivó en 2003. O de Somalia, donde sólo en las dos primeras semanas de 2010 al menos 138 personas murieron y 63.000 resultaron desplazadas por el enfrentamiento entre el gobierno ‘oficial’ y las facciones islamistas enfrentadas a él. Según la ONU, en Somalia ahora hay alrededor de 1,5 millones de personas desplazadas y 3,6 millones necesitan ayuda humanitaria para poder comer. Somalia tiene una población total de 9,1 millones de personas (la proporción es como si casi 15 millones de personas en España no tuvieran qué comer). Pero, hey, Somalia sí que aparece en las noticias a menudo, ¿verdad? Lástima que para ello sea necesario que aparezca la palabra “piratas“.

Pero si hoy le pegas una patada a una piedra, te saldrán varios periodistas deseando volar a Haití. Muchos de ellos, quizá, porque se ven también en ese jugoso papel de héroe. Este deseo y el afán de muchos medios de comunicación de tener a alguien en la escena, o a cuanta más gente mejor, da lugar a situaciones como ésta:

¿Puede un periodista ponerse a llorar cagado de miedo nada más poner un pie en Puerto Príncipe al verse rodeado de negros? Sí.

Y es que, claro, como cuenta Jacobo García, hay periodistas y periodistas, como ocurre en cualquier otro oficio. En realidad, es comprensible el interés de tanto periodista y de todo medio de comunicación de estar en Haití, de ser testigo en primera persona, de vivir y ser -precisamente- parte de la historia. Es comprensible porque es humano.

Como también es comprensible que, en unas semanas, ningún periodista querrá estar en Haití, nadie hablará ya del terremoto y la verdadera magnitud de la catástrofe sólo la entenderán la gente de Haití y los pocos equipos de reconstrucción que se tengan que quedar allí. Y mientras tanto, el mundo estará atento a cualquier otro desastre o a la última declaración de Obama o al supuesto iSlate que Apple quizá haga público en unos días. En fin, pues sí, es comprensible porque las personas estamos hechas para prestar atención a lo espectacular y para aburrirnos pronto de cualquier cosa.

Pero ahora mismo, Haití es la noticia de moda. Así, por ejemplo, El País tiene a cuatro reporteros en Haití. Y sin embargo no tiene a ningún corresponsal en toda el África subsahariana y, lógicamente, ni siquiera tiene una sub sección sobre África en su sección de Internacional. Y esto a pesar de haber rebautizado su marca como “El periódico global en español”. Esto no es un ataque contra El País, que, con todos sus defectos, a mí me parece un buen periódico, pero su caso sí me ha parecido el más llamativo. De hecho, yo sólo sé de nueve periodistas pertenecientes a medios españoles en toda el África subsahariana. Habrá alguno más, supongo, espero, y también habrá periodistas que trabajen por su cuenta desde aquí y colaboren de vez en cuando con medios españoles, pero me sorprendería que la cantidad llegara a 20. Y esto para cubrir un continente más grande que Europa, con mucha más población (más de 800 millones de personas frente a cerca de 500), seguramente más diverso lingüística y culturalmente y que contiene a la gran mayoría de los países más pobres del mundo (curiosamente, Haití es el único país de América que también aparece en esta lista). Además, esta pobreza es una consecuencia más o menos directa del pasado colonial africano, cuando las potencias europeas explotaron el continente principalmente en su propio provecho.

Aquí hay muchísimas historias para contar pero África no interesa, no es “sexy”, se ha convertido en algo aburrido, en una tragedia demasiado larga, repetitiva y cansina, en la que ya las buenas noticias tampoco salen a la luz. Además, las historias en África son complicadas y ni a los medios les apetece trabajar en ellas ni al público le apetece leer sobre el tema. Eso sí, qué fotogénicos son los niños negritos con sus ojos y sus sonrisas enormes a pesar de todo. Estas fotos sí que les encantan a la gente de los países ricos.

“Y qué, ¿qué quieres decir con este texto, que además es demasiado largo?”

Pues poca cosa, en realidad, no hay ningún mensaje ni ninguna moraleja ni nada que leer entre líneas: simplemente me apetecía quejarme. Es normal, es comprensible, es humano que a la gente le dén igual las tragedias africanas y, en el fondo, tampoco le importe mucho la catástrofe en Haití. A todos lo único que en verdad nos preocupa son nuestros propios problemas y de ellos hablamos cuando nos quejamos. Pues eso.

Y mientras tanto en el este de África – 20/01/10

Hoy se cumple un año de la elección de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Y el partido demócrata lo ha celebrado perdiendo en el Senado un escaño clave por el Estado de Massachussetts. Esto significa que el partido de Obama ya no tiene mayoría en el Senado y tendrá mucho más difícil aprobar su controvertida reforma del sistema sanitario. En Nigeria, enfrentamientos entre cristianos y musulmanes han dejado más de 200 muertos. Y el lunes, un ataque talibán en el centro de Kabul dejó 12 muertos y al menos 71 heridos.

Y mientras tanto, en el este de África…

En lo que va de año y hasta el lunes pasado, en Somalia habían muerto más 138 personas y unas 63.000 han resultado desplazadas por enfrentamientos entre el gobierno federal de transición y facciones islamistas rebeldes. El gobierno somalí de transición está apoyado por Estados Unidos, Europa, la ONU y demás pero en la práctica sólo controla una pequeña parte de la capital, Mogadiscio. El resto del país está controlado por grupos rebeldes, principalmente al Shabaab y Hizbul Islam.

El último episodio de violencia en Somalia ha tenido como protagonistas a los famosos piratas. El lunes, dos grupos de piratas se enfrentaron por el rescate del petrolero griego Maran Centaurus, que podría haber llegado a los 7 millones de dólares (algo menos de 5 millones de euros) y que es el mayor rescate jamás pagado a piratas somalíes. El grupo de piratas a bordo del barco se vio atacado por un grupo rival en varias lanchas y se produjo una situación curiosa cuando los piratas a bordo del Maran Centaurus pidieron ayuda por radio a los barcos armados europeos que patrullaban cerca de allí. Dos o tres helicópteros (según fuentes) acudieron entonces, espantaron a los piratas que estaban atacando el petrolero en lanchas y garantizaron así que los piratas a bordo del Maran Centaurus pudieran recibir el dinero del rescate tranquilamente (al parecer, lanzado desde una avioneta). Pero la cosa no quedó ahí. Tras recibir el rescate, y muy contentos, los piratas dieron dinero a la tripulación, unos 500.000 dólares (350.000 euros, que no está nada mal) según la organización ecologista Ecoterra, que también se dedica a vigilar la piratería y sabe bastante de estas cosas. Esto enfadó aun más a los otros piratas, los que querían parte del rescate y habían atacado el petrolero con sus lanchas. Así que, cuando ya todos los piratas y el dinero del rescate estaban de vuelta, hubo varios enfrentamientos en Harardhere, una pequeña ciudad somalí que se ha convertido en la base pirata. Al menos 5 personas han muerto y 12 han resultado heridas durante esas peleas, que probablemente continuarán hoy.

En Nairobi, la policía ha detenido a unas 300 personas, la mayoría de origen somalí, tras la violenta manifestación del viernes pasado en defensa del clérigo jamaicano musulmán Abdullah al Faisal. La policía especial y la antiterrorista han hecho varias redadas desde el domingo por la noche en el barrio de Eastleigh, conocido como “la pequeña Mogadiscio” por la gran cantidad de inmigrantes somalíes que viven en él. Al parecer, entre los detenidos había 12 diputados del parlamento somalí, que habrían sido liberados más tarde. El portavoz de la policía no me pudo confirmar este dato pero se empezó a reír y dijo: “Si es verdad, ¿qué hacían aquí 12 diputados somalíes? ¿Por qué no estaban en Mogadiscio en el parlamento?”. El gobierno somalí envió al keniano una carta oficial de protesta por la detención de sus diputados. En principio, al Faisal ha sido citado mañana para una vista judicial. El gobierno de Kenia dice que ya han encontrado los medios para deportarle y que lo harán en cuanto puedan. Jóvenes musulmanes han convocado otra manifestación en apoyo del clérigo jamaicano para este viernes, aunque esta vez en Mombasa.

Todo, de nuevo, ‘buenas’ noticias. Pero esto es lo que hay.