Quedan muy pocos días para el inicio del referéndum de independencia en sur Sudán. La votación tendrá lugar desde el domingo 9 al sábado 15 de enero.
La excitación en Juba es palpable, pero los más excitados no son los propios sursudaneses, sino nosotros, los periodistas y demás acoplados de turno.
Más y más periodistas han empezado a llegar a Juba, desde Kenia, desde Uganda y desde otros lugares en Asia, Europa y América.
Dicen que Al Jazeera English ha reservado dos plantas de Logali House, el hotel más pijo y caro de Juba. Y ahí están, con una enorme cobertura y emitiendo en vivo desde Juba, todo un lujo en una ciudad en la que conectarse a internet puede a veces llegar a ser una aventura.
Pero para los ciudadanos de Sudán del sur las cosas siguen igual. En la calle, la gente ve el referéndum como un mero trámite. La última encuesta dice que un 97 por cien votarán por la separación y nadie se plantea que pueda pasar otra cosa, aunque los periodistas tengamos que seguir usando el condicional o diciendo que los expertos y las encuestas apuntan a una victoria de la separación por un gran margen.
La mayoría de sursudaneses corrientes con los que he hablado dicen que tras el referéndum todo será mejor. Y, de hecho, se refieren al mismo día 9, al inicio del referéndum. Al momento en el que el famoso reloj con la cuenta atrás llegará a 0.
Hay una fiesta prevista para la noche del día 8 y hasta la medianoche, cuando la cuenta atrás marcará 0. Eso suponiendo que el reloj funcione correctamente. En los últimos días, dos de sus cuatro lados han funcionado la mayor parte del tiempo, otro muestra símbolos extraños (los bodas bromean y dicen que es la cuenta atrás en árabe) y el cuarto no funciona.
“Es la cuenta atrás para nuestra libertad”, te dicen. “Necesitamos nuestra libertad“, te repiten. “Es el fin de nuestra marcha hacia la libertad”.
La gente repite la palabra ‘libertad’ como una especie de fórmula mágica que hará que todo sea mejor. Creo que esa insistencia en recobrar la libertad se debe a la retórica del gobierno del sur. Éste ha plantado varios carteles en Juba con la imagen de John Garang, el difunto líder rebelde y héroe nacional, y con rótulos como “El final de nuestra marcha hacia la libertad” o “2,5 millones de vidas pagaron por nuestra libertad”. La gente lleva desde el final de la guerra en 2005 (y desde antes, en realidad), añorando esta ‘libertad’.
Además, en los últimos días han aparecido en Juba gigantescos pósters con otra cuenta atrás hasta el día 9. Pero éstos no se cortan y explícitamente hablan de los días que faltan para la separación. Los hay con varios títulos: Símbolo de dignidad, Símbolo de justicia, Símbolo de libertad… Estos carteles no son oficiales sino producto de una ONG, la Organización de Educación Cívica de Sur Sudán (SSCEO, en inglés). Pero igualmente podrían haber sido plantados por el GoSS (el gobierno de Sudán del sur), porque ésa es la línea oficial.
La gente dice que cuando acabe la cuenta atrás y sur Sudán sea independiente, pasarán muchas cosas, habrá trabajo para todos y todo el mundo será feliz.
El gran problema es que cuando la cuenta atrás llegue a 0, no va a ocurrir nada.
Para empezar, cuando finalice la cuenta atrás simplemente empezará el primer día de votación del referéndum. En principio, si el período no se extiende, la votación durará hasta el día 15. Pero cuando acabe el día 15, tampoco pasará nada. Habrá que esperar hasta febrero o marzo o abril (diferentes fuentes me han dado diferentes fechas) para saber los resultados del referéndum – aunque ya todos sabemos que más del 90 por cien (y quizá más del 95) votarán por la separación. También habrá que ver si vota al menos el 60 por cien de los casi 4 millones de personas registradas, el otro requisito para que el resultado sea válido. Pero ya miembros del gobierno, de la sociedad civil y del Southern Sudan Referendum Bureau están desplazándose por los poblados diciéndole a la gente que vayan a votar.
Parece una tontería pero podría ocurrir que mucha gente no fuera a votar porque creen que ya lo hicieron cuando se registraron. Aunque dar cifras es complicado, entre el 80 y el 90 por cien de la población de sur Sudán (según la ONU y otras fuentes) no sabe leer ni escribir y apenas ha recibido educación. Aunque en Juba es imposible escapar de la palabra ‘referéndum’ y del ambiente ‘pre-referéndum’ (también en parte creado por nosotros los periodistas), en zonas rurales y aisladas del país hay gente que no tiene ni idea del tema. Maggie Fick, la correponsal de AP en Juba y una chica muy maja, escribió ya hace dos meses un post sobre esta cuestión.
Así que, suponiendo que todo vaya bien y que no haya enfrentamientos entre el norte y el sur (que no creo), en febrero, marzo o abril tendremos los resultados del referéndum que dirán que ha ganado el voto por la separación. Y aun así, entonces tampoco pasará nada.

Secesión (derechos de imagen reservados)
Si desde entonces hasta verano tampoco hay problemas (que ésa sí es otra historia, aunque yo sigo pensando que no habrá un conflicto armado abierto entre ambas partes), el sur no declarará su independencia oficialmente hasta el 9 de julio. Y entonces, como es obvio, tampoco pasará nada, no habrá ningún cambio real.
Como nos hemos cansado de decir los periodistas (o al menos yo), sur Sudán es uno de los países más subdesarrollados del mundo, si no el que más. Juba, la capital y el lugar más avanzado, es una ciudad llena de desigualdades. Ahora mismo yo estoy en un hotel con aire acondicionado conectado a internet pero la casi totalidad de la población local vive en cabañas y chabolas. El tendido eléctrico cubre sólo parte de la ciudad y suele fallar cada día. La ciudad no tiene agua corriente y durante varios meses al año suele superar los 40 grados durante el día. Quien puede pagárselo, tiene en casa, en el hotel o en el bar un generador propio para tener electrcidad y depósitos de agua que hay que rellenar cada día. Pero la casi totalidad de la población local (excepto los peces gordos del gobierno y otros funcionarios) no pueden pagárselo.
Y eso en Juba.
El resto del país es aun más básico y no hay apenas infraestructura. No hay industria ni sector productivo. La presencia del sector privado es mínima y, casi en cada caso, extranjera. El empleo formal es prácticamente inexistente. La gran mayoría de la población vive de la agricultura de subistencia y el comercio es escaso, entre otras razones debido al hecho de que sólo hay unas pocas decenas de kilómetros de carreteras asfaltadas en el país. En un territorio algo mayor que el de España y Portugal juntas.
En Juba, la presencia de la comunidad internacional (ONU, ONGs y empresas privadas), más la élite gubernamental sursudanesa, sí han creado algunos puestos de trabajo y revitalizado un poco la economía. Pero entre los sur sudaneses, la mayoría de los empleos creados son guarda de seguridad o chacha. Puestos de trabajo ridículamente pagados, no productivos y que contribuyen muy poco a la economía local. Los extranjeros, principalmente kenianos, ugandeses, etíopes y eritreos, son camareros, bodas y algunos administran hoteles o restaurantes.
El país salió hace seis años de una guerra que se había iniciado en 1983 y que, en esencia, continuaba un conflicto que había acabado en 1972 y empezado en 1955, un año antes de la independencia. La gente de sur Sudán no conoce otra forma de vida que la guerra o el estar en campos de refugiados. Como he dicho antes, entre el 80 y el 90 por cien no saben leer ni escribir.
Y ésta es la situación que la gente en Juba cree y espera que va a cambiar de un día para otro – cuando ganen o recobren esa libertad de la que tanto hablan.

Un ‘technical’ protege la rotonda del reloj (derechos de imagen reservados)
En realidad, desde la firma del tratado de paz en enero de 2005, el sur ha sido administrado por su propio gobierno y protegido por sus propias fuerzas de seguridad. Pero ocurre que el ‘Estado’ de sur Sudán no recibe muchos ingresos y que, durante estos años, los ha destinado a ‘seguridad’, lo que significa a rearmar su ejército. Por si acaso. El gobierno del sur apenas ha dedicado recursos al desarrollo. Con un ejército que nadie sabe cuántos militares tienen sus filas (aunque las estimaciones están entre 150.000 y 180.000, para un país de entre 8 y 10 millones de personas), y una policía, servicio de prisiones, servicio de vida salvaje y cuerpo de bomberos formados por ex militares de la guerra civil, el mayor y casi único gasto del ‘Estado’ es en defensa.
El desarrollo y la construcción del país quedaban para la comunidad internacional. La ONU tiene una cantidad increíble de personal en Juba y en todo sur Sudán, y toda ONG que se precie también tiene a gente por aquí. Sin embargo, después de seis años el país sigue si contar con las infraestructuras más básicas y necesarias: carreteras, agua y electricidad. E igualmente sigue sin tener una economía mínimamente funcional.
Cuando empiece y acabe el referéndum y no pase nada, cuando sur Sudán declare su independencia y no pase nada, cuando los periodistas ya no estemos por aquí dando el coñazo y no pase nada, cuando la comunidad internacional empiece a marcharse de Juba y sur Sudán y no pase nada. ¿Entonces qué?












