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El final de la cuenta atrás

El final de la cuenta atrás

El final de la cuenta atrás

Quedan muy pocos días para el inicio del referéndum de independencia en sur Sudán. La votación tendrá lugar desde el domingo 9 al sábado 15 de enero.

La excitación en Juba es palpable, pero los más excitados no son los propios sursudaneses, sino nosotros, los periodistas y demás acoplados de turno.

Más y más periodistas han empezado a llegar a Juba, desde Kenia, desde Uganda y desde otros lugares en Asia, Europa y América.

Dicen que Al Jazeera English ha reservado dos plantas de Logali House, el hotel más pijo y caro de Juba. Y ahí están, con una enorme cobertura y emitiendo en vivo desde Juba, todo un lujo en una ciudad en la que conectarse a internet puede a veces llegar a ser una aventura.

Pero para los ciudadanos de Sudán del sur las cosas siguen igual. En la calle, la gente ve el referéndum como un mero trámite. La última encuesta dice que un 97 por cien votarán por la separación y nadie se plantea que pueda pasar otra cosa, aunque los periodistas tengamos que seguir usando el condicional o diciendo que los expertos y las encuestas apuntan a una victoria de la separación por un gran margen.

La mayoría de sursudaneses corrientes con los que he hablado dicen que tras el referéndum todo será mejor. Y, de hecho, se refieren al mismo día 9, al inicio del referéndum. Al momento en el que el famoso reloj con la cuenta atrás llegará a 0.

'Símbolo de dignidad'

‘Símbolo de dignidad’

Hay una fiesta prevista para la noche del día 8 y hasta la medianoche, cuando la cuenta atrás marcará 0. Eso suponiendo que el reloj funcione correctamente. En los últimos días, dos de sus cuatro lados han funcionado la mayor parte del tiempo, otro muestra símbolos extraños (los bodas bromean y dicen que es la cuenta atrás en árabe) y el cuarto no funciona.

“Es la cuenta atrás para nuestra libertad”, te dicen. “Necesitamos nuestra libertad“, te repiten. “Es el fin de nuestra marcha hacia la libertad”.

La gente repite la palabra ‘libertad’ como una especie de fórmula mágica que hará que todo sea mejor. Creo que esa insistencia en recobrar la libertad se debe a la retórica del gobierno del sur. Éste ha plantado varios carteles en Juba con la imagen de John Garang, el difunto líder rebelde y héroe nacional, y con rótulos como “El final de nuestra marcha hacia la libertad” o “2,5 millones de vidas pagaron por nuestra libertad”. La gente lleva desde el final de la guerra en 2005 (y desde antes, en realidad), añorando esta ‘libertad’.

Además, en los últimos días han aparecido en Juba gigantescos pósters con otra cuenta atrás hasta el día 9. Pero éstos no se cortan y explícitamente hablan de los días que faltan para la separación. Los hay con varios títulos: Símbolo de dignidad, Símbolo de justicia, Símbolo de libertad… Estos carteles no son oficiales sino producto de una ONG, la Organización de Educación Cívica de Sur Sudán (SSCEO, en inglés). Pero igualmente podrían haber sido plantados por el GoSS (el gobierno de Sudán del sur), porque ésa es la línea oficial.

La gente dice que cuando acabe la cuenta atrás y sur Sudán sea independiente, pasarán muchas cosas, habrá trabajo para todos y todo el mundo será feliz.

El gran problema es que cuando la cuenta atrás llegue a 0, no va a ocurrir nada.

Para empezar, cuando finalice la cuenta atrás simplemente empezará el primer día de votación del referéndum. En principio, si el período no se extiende, la votación durará hasta el día 15. Pero cuando acabe el día 15, tampoco pasará nada. Habrá que esperar hasta febrero o marzo o abril (diferentes fuentes me han dado diferentes fechas) para saber los resultados del referéndum – aunque ya todos sabemos que más del 90 por cien (y quizá más del 95) votarán por la separación. También habrá que ver si vota al menos el 60 por cien de los casi 4 millones de personas registradas, el otro requisito para que el resultado sea válido. Pero ya miembros del gobierno, de la sociedad civil y del Southern Sudan Referendum Bureau están desplazándose por los poblados diciéndole a la gente que vayan a votar.

Parece una tontería pero podría ocurrir que mucha gente no fuera a votar porque creen que ya lo hicieron cuando se registraron. Aunque dar cifras es complicado, entre el 80 y el 90 por cien de la población de sur Sudán (según la ONU y otras fuentes) no sabe leer ni escribir y apenas ha recibido educación. Aunque en Juba es imposible escapar de la palabra ‘referéndum’ y del ambiente ‘pre-referéndum’ (también en parte creado por nosotros los periodistas), en zonas rurales y aisladas del país hay gente que no tiene ni idea del tema. Maggie Fick, la correponsal de AP en Juba y una chica muy maja, escribió ya hace dos meses un post sobre esta cuestión.

Así que, suponiendo que todo vaya bien y que no haya enfrentamientos entre el norte y el sur (que no creo), en febrero, marzo o abril tendremos los resultados del referéndum que dirán que ha ganado el voto por la separación. Y aun así, entonces tampoco pasará nada.

Secesión (derechos de imagen reservados)

Secesión (derechos de imagen reservados)

Si desde entonces hasta verano tampoco hay problemas (que ésa sí es otra historia, aunque yo sigo pensando que no habrá un conflicto armado abierto entre ambas partes), el sur no declarará su independencia oficialmente hasta el 9 de julio. Y entonces, como es obvio, tampoco pasará nada, no habrá ningún cambio real.

Como nos hemos cansado de decir los periodistas (o al menos yo), sur Sudán es uno de los países más subdesarrollados del mundo, si no el que más. Juba, la capital y el lugar más avanzado, es una ciudad llena de desigualdades. Ahora mismo yo estoy en un hotel con aire acondicionado conectado a internet pero la casi totalidad de la población local vive en cabañas y chabolas. El tendido eléctrico cubre sólo parte de la ciudad y suele fallar cada día. La ciudad no tiene agua corriente y durante varios meses al año suele superar los 40 grados durante el día. Quien puede pagárselo, tiene en casa, en el hotel o en el bar un generador propio para tener electrcidad y depósitos de agua que hay que rellenar cada día. Pero la casi totalidad de la población local (excepto los peces gordos del gobierno y otros funcionarios) no pueden pagárselo.

Y eso en Juba.

El resto del país es aun más básico y no hay apenas infraestructura. No hay industria ni sector productivo. La presencia del sector privado es mínima y, casi en cada caso, extranjera. El empleo formal es prácticamente inexistente. La gran mayoría de la población vive de la agricultura de subistencia y el comercio es escaso, entre otras razones debido al hecho de que sólo hay unas pocas decenas de kilómetros de carreteras asfaltadas en el país. En un territorio algo mayor que el de España y Portugal juntas.

En Juba, la presencia de la comunidad internacional (ONU, ONGs y empresas privadas), más la élite gubernamental sursudanesa, sí han creado algunos puestos de trabajo y revitalizado un poco la economía. Pero entre los sur sudaneses, la mayoría de los empleos creados son guarda de seguridad o chacha. Puestos de trabajo ridículamente pagados, no productivos y que contribuyen muy poco a la economía local. Los extranjeros, principalmente kenianos, ugandeses, etíopes y eritreos, son camareros, bodas y algunos administran hoteles o restaurantes.

El país salió hace seis años de una guerra que se había iniciado en 1983 y que, en esencia, continuaba un conflicto que había acabado en 1972 y empezado en 1955, un año antes de la independencia. La gente de sur Sudán no conoce otra forma de vida que la guerra o el estar en campos de refugiados. Como he dicho antes, entre el 80 y el 90 por cien no saben leer ni escribir.

Y ésta es la situación que la gente en Juba cree y espera que va a cambiar de un día para otro – cuando ganen o recobren esa libertad de la que tanto hablan.

Un 'technical' protege la rotonda del reloj (derechos de imagen reservados)

Un ‘technical’ protege la rotonda del reloj (derechos de imagen reservados)

En realidad, desde la firma del tratado de paz en enero de 2005, el sur ha sido administrado por su propio gobierno y protegido por sus propias fuerzas de seguridad. Pero ocurre que el ‘Estado’ de sur Sudán no recibe muchos ingresos y que, durante estos años, los ha destinado a ‘seguridad’, lo que significa a rearmar su ejército. Por si acaso. El gobierno del sur apenas ha dedicado recursos al desarrollo. Con un ejército que nadie sabe cuántos militares tienen sus filas (aunque las estimaciones están entre 150.000 y 180.000, para un país de entre 8 y 10 millones de personas), y una policía, servicio de prisiones, servicio de vida salvaje y cuerpo de bomberos formados por ex militares de la guerra civil, el mayor y casi único gasto del ‘Estado’ es en defensa.

El desarrollo y la construcción del país quedaban para la comunidad internacional. La ONU tiene una cantidad increíble de personal en Juba y en todo sur Sudán, y toda ONG que se precie también tiene a gente por aquí. Sin embargo, después de seis años el país sigue si contar con las infraestructuras más básicas y necesarias: carreteras, agua y electricidad. E igualmente sigue sin tener una economía mínimamente funcional.

Cuando empiece y acabe el referéndum y no pase nada, cuando sur Sudán declare su independencia y no pase nada, cuando los periodistas ya no estemos por aquí dando el coñazo y no pase nada, cuando la comunidad internacional empiece a marcharse de Juba y sur Sudán y no pase nada. ¿Entonces qué?

Cómo saber si llevas demasiado tiempo en sur Sudán

- 34 grados a la sombra te parecen “muy agradables”.

- No recuerdas qué se siente cuando uno tiene frío.

- No te extraña estar rodeado de ranas cuando te duchas.

- Cuando ves cabras por las calles les haces los mismos gestos que a los perros. Esos típicos de “Mch, mch, hey, ven aquí”.

- Has sido atacado por y te han picado tipos de bichos que ni sabías que existían.

- Cuando vas a la prisión, el director, el sub-director, los guardas y los reclusos te conocen y uno condenado a 10 años por asesinato en defensa propia te abraza cuando te ve.

- Cuando vas al puerto, los guardas de seguridad te conocen.

- Cuando vas al Central Pub, los camareros te conocen y saben que te vas a pedir la ‘Pototo Salad’ porque es lo más barato del menú (se llama ‘Pototo’, no ‘Potato’, en serio).

- No se te ocurre otro modo de transporte mejor que subirte en una moto (boda-boda) sin casco con un desconocido y acelerar a oscuras por calles de tierra y piedras llenas de baches y agujeros.

- No hiciste nada especial y ni te diste cuenta de que era navidad y no eres consciente de que en un par de días es nochevieja, para lo que no tienes ningún plan.

- Pero sí sabes automáticamente que quedan 11 días para el inicio del referéndum (si no hay retrasos).

Cicatrices en la frente

Cicatrices en la frente

- Ya no te llama la atención ver a gente con este tipo de cicatrices en la frente por la calle.

- Te sabes todos los passwords de todas las conexiones a internet de todos los hoteles y restaurantes de Juba.

- Entras en Google y lo primero que haces es buscar ‘Sudan’, entras en Google News y lo primero que buscas es ‘Sudan’, entras en tu lector de RSS y buscas ‘Sudan’.

- Te enfadas o te ríes cuando los boda-boda te quieren cobrar 5 libras sudanesas de Thong Ping al centro.

- Te la sudan aun más de lo normal las tonterías de Zapatero y Rajoy allí en España.

- Una de cada tres palabras que dices está hecha de siglas como SSDDRC, SPLM, SPLA, SAF, NCP, UNMIS…

- Y lo peor es que la gente con la que hablas te entiende.

- Sabes dónde están sitios como Yambio, Bor, Aweil, Malakal, Abyei…

- Has perdido la gracia para escribir en el blog y tienes que recurrir a posts como éste para mantenerlo más o menos activo…

Noticia tonta del día desde sur Sudán

Es de Reuters, está en ingés y sí dice alguna que otra cosa interesante, pero en general me parece una noticia bastante tonta:

UN fears mass migration if Sudan vote sparks war

CAIRO (Reuters) – Hundreds of thousands of Sudanese may flee to neighbouring countries if fighting breaks out after southern Sudan holds a referendum on secession next month, according to a United Nations assessment.

(La ONU teme una migración masiva si el voto en Sudán provoca una guerra

CARIO (Reuters) – Cientos de miles de sudaneses podrían escapar a los países vecinos si surgen enfrentamientos tras la celebración de un referéndum de independencia en Sudán de sur el mes próximo, según una estimación de la ONU.)

No, ¿en serio? ¿Puede que la gente huya a otros sitios si hay guerra? Guau, yo nunca lo habría dicho. No sé, nunca se me habría podido ocurrir que, si hay un conflicto y dos ejércitos empiezan a matarse entre ellos, a la gente le dé por intentar escapar a otro lugar donde, no sé, donde no haya guerra, por ejemplo.

La posibilidad de algo puede a veces ser noticia, y más si es la posibilidad de una guerra, ¿pero esto? Que la ONU diga que puede que muchos sudaneses huyan si vuelve a haber una guerra no debería ser noticia. Vamos, creo yo. ¿Y es que los tipos de la ONU, con sus enormes sueldos pagados con dinero público, no tienen trabajo de verdad que hacer? Vale, la noticia también dice que ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, ha elaborado un plan de contingencia por si hay un conflicto y hay gente que resulta desplazada. Pero es que ése es su trabajo, ¿es noticia que una agencia de la ONU haga su trabajo? Bueno, ehem, a veces sí debería serlo, ja.

Iba a escribir que "tipos de la ONU y un mono discuten hoy en Juba cómo salvar el mundo, o al menos sur Sudán". Pero creo que mejor no lo escribo.

Iba a escribir que "tipos de la ONU y un mono discuten hoy en Juba cómo salvar el mundo, o al menos sur Sudán". Pero creo que mejor no lo escribo.

Va, ¿es que no hay noticias de verdad hoy en Sudán o qué? Pues, la verdad es que no hay muchas (al menos en el momento de publicar este post). Es lo malo de tener que publicar algo todos los días y de recibir este tipo de informaciones oficiales de fuentes con tanta autoridad como la ONU: cualquier cosa que digan, es noticia – o se puede vender como tal aunque en realidad sea ‘bullshit’ (me gusta más esta palabra inglesa que cualquiera de sus traducciones). Además, es muy fácil de hacer porque normalmente te envían ellos su propia nota de prensa, que sólo has de retocar un poquito y, chan, acabas de escribir un artículo más, aunque no sea noticia ni ofrezca información relevante.

Éste de Reuters también habla de la situación de los refugiados en Egipto y tal (porque dice que la población sudanesa que quizá quiera escapara de la guerra que quizá pueda ocurrir, quizá fuera a Egipto). Quizá. Pero, vamos, que en un artículo noticioso, la noticia está en el titular y el primer párrafo. Y que la ONU tema que haya gente que huya de una guerra que quizá pueda ocurrir no debería ser noticia. Ya le vale a Reuters.

¡Guerra en sur Sudán!

El Carter Center tiene una misión de observación electoral en sur Sudán. En su último informe (pdf), nos da un tirón de orejas a los periodistas que estamos en Juba, sudaneses e internacionales (lo he visto primero en el blog de Maggie Fick):

Media coverage. At the start of registration, Carter Center observers noted that members of the domestic and international media acted intrusively in Juba, interfering in the process to take pictures of people registering and conducting interviews with referendum center staff at the height of the registration process. The Carter Center urges members of the media to demonstrate respect for the referendum process while performing their duties, particularly during what will likely be a high-volume polling day on Jan. 9.
The Carter Center remains disappointed by the prevalence of media coverage that seeks to emphasize the potential for volatility rather than the progress that has been made toward implementation of the referendum. The Carter Center calls on representatives of the media to provide balanced and accurate coverage of the referendum process.

Un par de comentarios:

1. Yo no estuve en ningún centro de registro durante el proceso de registro, así que no sé si los periodistas dieron realmente tanto por saco, aunque no me sorprendería. Muchas veces, es verdad que somos un coñazo y un problema. Los que tienen que conseguir la imagen, fotógrafos y cámaras, bueno, precisamente, tienen que conseguir la imagen. Tienen que captar el momento y tienen que estar allí, en la escena. Si no, no habría imágenes de televisión y los artículos en la web, los periódicos y las revistas no tendrían fotos. Además, suelen estar sujetos a una enorme presión por parte de sus editores, que están sentados cómodamente en sus oficinas en Nairobi o Madrid o París o Londres o Nueva York. A una enorme presión por conseguir la imagen y que sea lo mejor y más cercana posible, y luego por ser los primeros en enviarla. Por ejemplo, hay mucha competencia entre Reuters, AP y AFP en estos temas. Ante tanta presión y también debido a la ambición personal, hay veces que fotógrafos y cámaras se pelean con quien tengan delante con tal de conseguir la imagen. Y no sólo los que necesitan imágenes sino también los que necesitan audio e incluso los que únicamente van a escribir. Aunque tengan menos presión o puedan encontrar otras formas de hacerlo, también tienen que estar ahí cuando el tema está ocurriendo y hablar con y escuchar a la gente que está allí. Cuando hay muchos periodistas y se trata de una momento particular como el registro para votar en el referéndum en sur Sudán, en el que además mucha gente no habla inglés, la situación puede ser aun más problemática. No hay una solución perfecta, todas las partes deberían comprender y ponerse en el lugar de las demás y tratar de no ser más cabrón de lo necesario.

2. Me parecen llamativas estas líneas: “The Carter Center remains disappointed by the prevalence of media coverage that seeks to emphasize the potential for volatility rather than the progress that has been made toward implementation of the referendum.” (“El Carter Center sigue dececpionado por el predominio de cobertura mediática que pone el énfasis en la posibilidad de volatitlidad en lugar en el progreso que se ha hecho hacia la implementación del referéndum“.)

Es la historia de siempre. Las malas noticias venden y las buenas noticias no es que no vendan, es que no son noticia. Imagina estas dos portadas de periódico (o ‘homepages’ de dos medios en internet). Una dice en letras bien grandes: “Todo va bien en sur Sudán”, y tiene la foto de un niño sonriente. La otra dice en letras bien grandes: “Sudán podría volver a la guerra”, y tiene la foto de soldados o tanques o cadáveres o algo así. ¿Cuál te llama la atención? ¿Qué periódico cogerías para hojear o en qué titular pincharías para leer la noticia? Es un comportamiento humano, creo. Cuando te juntas con tus amigos en el bar, ¿qué tipo de historias les cuentas? Las más llamativas o los cotilleos o que ayer hubo una pelea o un accidente de coche o hablas mal del cabrón ése que te cae tan mal. No cuentas que “todo va bien y no pasa nada”. O, si lo haces, tus amigos te dejan de prestar atención y pasan a escuchar al que está contando las otras historias.

Los editores piensan igual – o peor. Guerra, conflicto, muerte, sangre, son algunos de los temas que más venden en los medios (junto con famosos, sexo y cosas raras: el tema perfecto sería una guerra entre famosos en la que haya sexo extraño) (de hecho, si algún empresario mediático lee mi blog -ja ja-, seguro que roba la idea y crea un ‘reality show’ exactamente con esas características) (¿o quizá debería dejarme el periodismo y montar yo ese ‘reality’?) (mmm…). Los periodistas estamos aquí, en el terreno, en Juba. Hace un calor acojonante (hoy hemos llegado a los 45 grados). Unos están alojados mejor que otros pero en general todos estamos bastante puteados. Todo es carísimo y a muchos nadie nos paga los gastos y muchos cobramos por pieza vendida. Y al final del día o de la semana o de lo que sea, o vendes artículos, reportajes y fotos o no cobras y pierdes dinero por venir a un sitio tan complicado como Juba (y, hey, que no me estoy quejando, que a ningún periodista le obligan a venir aquí, todos estamos porque queremos y nos gusta esto y sabíamos de antemano cuál iba a ser la situación – lo que tampoco evita que sea una situación difícil y muchas veces frustrante). Y cuando le dices a tu editor: “Tengo estas historias:

- gente que vuelve del norte y está formando campos de personas desplazadas

- los bombardeos del norte y un tío del ejército del sur que me dice que si quieren guerra, la tendrán

- problemas técnicos con las papeletas que pueden retrasar el referéndum y gente del sur diciendo que, como se retrase el referéndum, la liarán

- y el testimonio de un tío de un centro de registro que dice que todo fue bien y que espera que no haya problemas durante el referéndum.”

¿Qué tres historias crees que te dirá que hagas? Y si sólo ofreces historias bonitas o de que todo va bien, no te cogerán ninguna. Y los periodistas en Juba no acaban de empezar a trabajar, llevan ya un tiempo en esto y saben qué historias venden y cuáles no. Es algo que se vuelve automático y es una preselección que haces en tu mente sin pensar, de forma instantánea. Empiezas a trabajar y le ofreces a tu editor las historias que sabes que puedes vender. Que suelen ser las malas noticias y las más llamativas. La posibilidad de guerra vende y el decir que todo va bien no vende. En ocasiones, sí puede haber historias bonitas o de que toda va bien que se conviertan en un artículo. Y si el referéndum va bien y no hay problemas, también será noticia (“Sudán del sur celebra el referéndum sin problemas”). Pero cuando la posibilidad de conflicto es real (aunque pequeña, yo quiero creer) y cuando hay tantos problemas reales en sur Sudán (bombardeos ocasionales del norte en territorio del sur, personas desplazadas, altísimos niveles de analfabetismo, una de las peores situaciones sanitarias del mundo, un país lleno de tribus diferentes que tienen un historial de enfrentamientos armados entre ellas…), es complicado vender buenas noticias e historias bonitas – que las hay. Además, y cuando estableces una relación con una fuente, alguien del gobierno o del ejército, te llaman para contarte sus ‘propias malas noticias’. Que el norte nos vuelve a atacar, que Khartoum esto, que Bashir lo otro. No te llaman para decirte, “Eh, todo va bien”. Si todo va bien, no te llaman. Y cuando sólo se publican malas noticias o historias agoreras, esta impresión negativa se retroalimenta y entramos en un círculo vicioso en el que estas malas noticias crean más malas noticias. Todas las partes tenemos algo de culpa. Pero también es un problema, digamos, estructural del periodismo y de la comunicación (oh, qué intelectual que suena eso). Lo malo, en este y otros muchos casos, es las posibles consecuencias reales y que una cobertura negativa de la situación pueda acabar contribuyendo a que haya un conflicto de verdad. Pero, de nuevo, ése es un problema presente en muchos otros ámbitos porque el resaltar lo malo es algo bastante humano y que tendemos a hacer en general en el día a día. Y, bueno, y eso.

De periodismo, fútbol español e islam en sur Sudán

Encuentro a Hussan junto a la mezquita vieja de Juba, en el mismo centro de la ciudad y pintada de un llamativo color verde. Hussan es un tío muy simpático y que está siempre sonriendo. Está tomando té junto con su padre -vestido con túnica y turbante- y otros dos hombres mayores. Por supuesto, me obligan a sentarme y tomarme un té con ellos. Por supuesto, no me permiten pagarlo.

El té estaba bastante bueno

El té estaba bastante bueno

Hace calor pero sentados en la calle en la sombra de un árbol, no se está mal – aunque el ruido del generador a mi lado es bastante molesto. Frente a nosotros, un edifico medio en ruinas o medio en construcción y, a nuestro alrededor, todoterrenos y más todoterrenos. Es una típica imagen de Juba. La gente no tiene mucho que hacer y se dedica a pasar el tiempo a la sombra de los árboles, tomando té y viendo pasar los 4×4 del gobierno, la ONU y demás. Y con la banda sonora de los generadores, ya que el tendido eléctrico no llega a toda la ciudad y, de todas formas, los cortes de luz son muy habituales.

Hablamos un rato y Hussan, de origen árabe pero que ha nacido y vivido toda su vida en Juba, me cuenta que se va con su familia al norte antes del referéndum. No es que se sientan amenazados aquí pero, aun así, creen que es mejor marcharse.

Pero Hussan tiene trabajo y me dice que volvamos a quedar el domingo, cuando parte de la comunidad musulmana de Juba se reúne en casa de su padre, para hablar más tranquilamente. Y así quedamos.

Más tarde, en la mezquita Kuwait (construida con dinero de este país), también en el centro de Juba, hablo con Omar, Deng, su tío Garang y otros. Todos son musulmanes excepto Garang, que se considera cristiano. Esta vez no hay té pero podemos hablar un rato más largo.

Como el resto de sudaneses del sur, todos van a votar por la independencia en el referéndum que debería empezar el 9 de enero (además, esta mezquita es la sede del Foro Musulmán de Sudán del Sur por la Separación). “No se trata de si eres cristiano (señalando a su tío) o de si eres musulmán (señalándose a sí mismo)”, me dice Deng, “sino de que somos del sur, ésta es nuestra tierra y tenemos que ser libres”. Ellos son musulmanes moderados, sus familiares y amigos son cristianos y les gustaría que el Estado siga siendo secular (todo lo secular que es en sur Sudán).

Desde la izquierda, Garang, Omar y Deng.

Desde la izquierda, Garang, Omar y Deng

Al rato, y ya aburridos de la política, me empiezan ellos a preguntar a mí. Que si hay musulmanes y mezquitas en España, que si viven en paz con los cristianos y que cuál es mi religión. Ninguno de ellos, musulmanes o cristianos, parece satisfecho cuando les digo que ni lo uno ni lo otro, que no soy una persona religiosa. Me preguntan que si soy de Barcelona y les digo que no, que de un pueblo bastante más abajo. Y entonces, Omar me pregunta en árabe (el único que habla inglés es Deng, que hace de traductor): “¿Conoces a Puyol?” Y yo, “¿Puyol?, ¿el jugador de fútbol del Barcelona?” y Omar ríe y dice, “¡Sí, Puyol, Barcelona, ¡el mejor equipo!” Y yo le digo, “Hombre, Puyol es bueno pero también te gustará Messi, ¿no?, e Iniesta, Xavi…” Y Omar dice, “¡Messi, Xavi, Xabi Alonso!” Y yo, “No, Xabi Alonso es del Madrid, del equipo rival”. Y Deng me pregunta, “¿Y qué equipo te gusta a ti?” Y el caso es que me han hecho la misma pregunta ya bastantes veces en sur Sudán. “Yo…, mmm”, empiezo, “bueno, supongo que soy del Madrid – pero en realidad me da bastante igual y también me gusta el Arsenal porque vivi en Londres”, siempre añado con rapidez para intentar que se olviden del Madrid. Algo que no suele funcionar. “Ahh, 5-0, 5-0″, dice Omar riendo. Aquí, a la mayoría de gente le gusta el Barça y me han recordado el 5-0 ya más veces que si estuviera en España.

Por la noche, hablo con otro sureño que es un voluntario en la mezquita vieja de Juba. Llegó hace poco desde Jartum, donde trabajaba en el gobierno. Es musulmán convencido, cumple con la ley Sharia y le gusta el norte de Sudán y Jartum. Pero, me cuenta, al norte de Sudán y a la gente de Jartum nos les gusta él. Me dice que allí, en él, no ven a un musulmán obediente sino a un negro, a un africano de Sudán del sur, y que, a medida que se acerca el referéndum, era maltratado y no se sentía seguro. Así que se ha venido a buscar trabajo y, cuando pueda, se traerá a su mujer y sus tres hijos. Y va a votar por la separación. Me dice que hay muchas cosas del sur que no le gustan, como que la gente beba alcohol y las chicas lleven pantalones. Me cuenta que a veces se tiene que tapar los ojos cuando va por la calle. Le gustaría que el sur se rigiera por la ley Sharia, que no es una ley para castigar sino para regular las costumbres, me dice. Pero admite que aquí la mayoría es cristiana y que, por tanto, el Estado debe ser cristiano y no pasa nada. No parece aceptar la posibilidad de un Estado laico.

Juba, ¿la capital mundial de los 4x4?

Juba, ¿la capital mundial de los 4x4?

Esta gente es interesante porque muestra lo simplista que es decir que la guerra “enfrentó al norte, árabe y musulmán, con el sur, animista y cristiano”, como hacen casi todos los medios. Yo lo hice en el par de artículos que escribí sobre Sudán cuando estaba en Efe y estoy teniendo ahora el mismo problema en las historias que estoy escribiendo desde aquí en inglés y español.

Es difícil explicar en un artículo de 300 palabras -como las noticias de Efe- todas las complejidades de un país tan grande como Sudán y de un conflicto que viene tan de lejos y tiene tantos factores como la guerra entre norte y sur que acabó en 2005. Además, para dar el contexto sólo tienes el último párrafo, que a veces puede hasta desaparecer en el proceso de edición si el texto es demasiado largo. Pero incluso con estas ‘excusas’, la realidad de sur Sudán es muy diferente de esa mínima descripción que muchas veces los periodistas nos limitamos a copiar y pegar.

Es complicado decir cifras pero, de acuerdo con el World Fact Book de la CIA, de los casi 44 millones de personas que viven en todo Sudán, sólo el 5 por cien es cristiano y vive “sobre todo en Jartum y en el sur”. Eso sería unos 2,2 millones de cristianos. En Sudán del sur, y según diferentes estimaciones, viven entre unos 8 y 10 millones de personas. Con estos datos, sólo alredor de un 25 por cien de la población del sur sería cristiana, tirando por lo alto. Pero ocurre, además, que muchos sureños que se consideran cristianos también tienen varias esposas y siguen sus propias tradiciones culturales, que no tienen nada que ver con el cristianismo. Aunque es igual de cierto que la asitencia a misa (donde hay iglesias) sí es muy alta, al contrario de lo que pasa por ejemplo en España. ¿Son entonces cristianos o no? ¿Qué pensaría el papa?

El resto de la población del sur, entonces y según los medios, es animista. Pero el ‘animismo‘ es una etiqueta tan vaga y general y engloba tantas creencias diferentes que, prácticamente, no significa nada. Es como si en occidente, todo lo que no se identifique con alguna de las religiones típicas (cristianismo, islam, judaísmo…), se puede llamar animismo. Y aun así, lo escribimos y yo lo sigo escribiendo porque me parece la solución menos mala dadas las circunstancias.

Además, y algo que los medios casi nunca dicen, en Juba y en las ciudades más cercanas a la ‘frontera’ con el norte hay una importante población musulmana, formada por sureños y por árabes del norte que han vivido toda la vida en el sur. Y además, en los dos grupos los hay moderados, más integristas y radicales. Buf, demasiado complicado para los medios de comunicación, mejor lo dejamos fuera de los artículos sobre Sudán y sur Sudán – como también yo he hecho.

Y por último, aunque esto es sólo mi opinión y llevo aquí sólo cuatro semanas, me da la impresión de que, en realidad, en el sur de Sudán la religión tampoco es tan importante para la gente. Al menos no en el sentido de ‘religión organizada’ que solemos tener en occidente. En las zonas más rurales, la forma de vida, las costumbres y la socialización están imbuidas de creencias que podríamos llamar religiosas. Pero todo está entrelazado de una forma que no se corresponde con lo institucionalizado de la práctica religiosa en occidente. En Juba, la población urbana sí se parecería más a la occidental en este sentido pero, aun así, la religión forma parte del conjunto de normas y valores sociales de una forma mucho confusa porque todo está mezclado. Bueno, igualmente pienso que en España la religión tampoco es que sea muy importante para la inmensa mayoría de la gente. Aunque puede que sólo piense esto porque la religión no es imporante para mí. El caso y como conclusión, que etiquetar a todo un país y describirlo con esa alegría como “animista y cristiano” -algo que yo también he hecho-, me parece en el mejor de los casos excesivamente ingenuo y simplista y, en el peor, excesivamente ingenuo, simplista, interesado, engañoso, vago y, básicamente, equivocado.

Pero, ¿qué podemos hacer?, y más teniendo en cuenta que de todas formas a la casi totalidad del público de estos medios de comunicación les da bastante igual Sudán. Entonces, tampoco pasa nada, ¿no?

Escenas de sur Sudán #1

“Hey chavales, ¿qué hacéis aquí dentro?, fuera tenemos margaritas, ¡y son gratis!”. Se refiere a la bebida, no a la flor, y por su cara rosada y su risa fácil, parece que el hombre ya se ha tomado unas cuantas.

A los dos minutos, el tipo, uno de los dueños o jefes de este sitio, vuelve con dos margaritas. Una es para mí y la verdad es que está muy buena, casi granizada. Fuera, suena a toda hostia Living la vida loca, de Ricky Martin, en su versión en español. La puerta está cerrada para que el aire acondicionado surja efecto, pero cada vez que alguien la abre, nuestras voces quedan ahogadas por la de Ricky. Mis compañeros de mesa, un periodista, una cooperante y un trabajador en una empresa privada, los tres norteamericanos, discuten qué bar ofrece la mejor pizza en la ciudad.

Estamos en una especie de hotel bastante pijo que tiene una de las mejores conexiones de internet de Juba (al menos entre las que yo conozco). En lugares como Juba, donde a veces es complicado encontrar un sitio con electricidad, parte de tu trabajo como periodista es encontrar los mejores sitios para conectarte a internet. Los periodistas, que en el fondo tampoco somos tan cabrones (al menos la mayoría), compartimos información y recursos como contraseñas de las conexiones de hoteles que sólo ofrecen internet a sus huéspedes. Pero lo bueno de este sitio es que está en mi calle y que con cualquier consumición, aunque sea una botella de agua, te dan una hora de internet gratis. Además, el hombre de las margaritas nos cuenta, fuera están preparando una barbacoa a la que podemos unirnos, esta vez, presumiblemente, pagando un buen dinero.

Mi calle en Juba

Mi calle en Juba

Antes, aún aquí, otros dos periodistas y yo hablábamos con una cooperante británica que ha vivido bastante tiempo entre Khartoum y Juba y con un sur sudanés educado en Estados Unidos y que acaba de ser contratado por el gobierno de sur Sudán. Ella se queja de que la comunidad internacional y sobre todo occidental -diplomáticos, empresas, ONGs…- está imponiendo sus valores y su forma de hacer las cosas a los sur sudaneses. Lamenta que éstos apenas tengan voz o voto en la construcción de su propio país. Se queja de que los ‘mzungus’ (personas blancas) en Juba apenas se mezclan con la población local.

Estoy de acuerdo con ella en gran parte. Pero ocurre que ella misma es occidental y que es ella la que propuso este sitio para reunirnos. Miro a mi alrededor: todos somos blancos – excepto los camareros. En la televisión por satélite repiten imágenes del Newcastle – Liverpool de ayer. En el buffet, salchichas, bacon, ‘pancakes’ y todo lo que necesitas para prepararte un ‘English’ o ‘American breakfast’. Y ocurre que somos cuatro occidentales y un sur sudanés educado en Estados Unidos los que estamos hablando de cómo reconstruir sur Sudán. Rodeados de empleados de empresas privadas (la mayoría de clientela de este hotel) que, en lugar de hablar, están literalmente construyendo este nuevo país haciendo negocios.

¿Qué hacer? El país lleva sólo cinco años en paz tras 22 años de guerra civil. La mayoría de la población no ha conocido en vida otra cosa que la guerra. El 74 por cien son analfabetos (según UNFPA). El Estado prácticamente no existe. Juba, la capital, no tiene agua corriente y gran parte de la ciudad depende de generadores particulares para tener electricidad. No hay servicios públicos. Y en el resto del país, la situación es aun más precaria. Aunque el referéndum sea pací­fico y sur Sudán obtenga su independencia sin problemas, los retos por delante son enormes. En el mismo momento de ganar su independencia, el país podría pasar a ocupar el último lugar de varias clasificaciones internacionales de economía y desarrollo.

¿Qué hacer? Va, tranquilos, no pasa nada. Para eso estamos aquí los blancos, para construirles su propio país a los sur sudaneses. Mientras tanto, ellos que sigan viviendo en sus chabolas, que los mayores sigan con sus trabajos de mierda, que los niños sigan sin ir a unas escuelas que carecen de recursos.

“Muchos sur sudaneses se quejan y me dicen que esperaban algo más del tratado de paz que conseguir trabajos como chachas de los ricos y los blancos”, nos dice la cooperante. Por supuesto, no todo es blanco y negro sino que hay infinitos matices de gris. Esta chica seguramente está haciendo un buen trabajo, e indudablemente con su mejor intención. El problema es que la enorme presencia de la comunidad internacional -sobre todo occidental- en sur Sudán, incluso suponiéndole la mejor de las intenciones, tiene muchos efectos perversos. Crea desigualdad y contribuye a que la élite sur sudanesa, ya de entrada educada en Europa o América, se relacione sólo con los blancos y olvide a sus ciudadanos. Crea puestos de trabajo entre la comunidad local que no son productivos ni sostenibles. Crea resentimiento cuando los blancos y ricos se pasean en sus ruidosos 4×4 blancos entre los sudaneses que caminan porque no pueden permitirse ni coger un boda-boda. Y, al menos por lo que yo he podido ver en estas semanas, no está contribuyendo gran cosa al desarrollo material de sur Sudán.

Sí, en fin, que no se preocupe la población local, que ya estamos aquí los blancos, aunque la verdad es que lo de construir un país es aburrido y cansa y cuesta. Así que mejor nos venimos a este hotel, vemos la Premier League en la televisión por satélite, nos tomamos unas cuantas margaritas gratis, disfrutamos del aire acondicionado y, de paso, escribimos historias en nuestros blogs.

De excursión en sur Sudán

Uno de los problemas de sur Sudán es cómo moverse por la región. Durante las elecciones en abril, los periodistas nos hartamos de repetir que sur Sudán sólo tenía 50 kilómetros de carreteras asfaltadas – para cubrir un territorio algo mayor que España y Portugal juntas.

Lo mejor es volar. No es que haya aeropuertos propiamente dichos pero sí hay ‘airstrips’, pistas de aterrizaje muy básicas, por aquí y por allá. Hay algunas compañías aéreas comerciales pero tienen muy mala fama y –peor aun– resultan muy caras para periodistas freelance. O al menos para mí. El Programa Mundial de Alimentos (WFP, en inglés) ofrece vuelos a través de UNHAS (el servicio humanitario aéreo de la ONU) pero también son caros y van dirigidos a personal de ONGs u otras organizaciones humanitarias. Un periodista que trabaja por su cuenta necesitaría que una de estas ONGs le ‘patrocinara’ y reservara el vuelo y luego el periodista pondría el dinero.

Y la otra opción es UNMIS, la misión militar de la ONU en Sudán. UNMIS permite a periodistas y gente de similar calaña volar gratis siempre y cuando haya asientos vacios y el periodista vaya a trabajar en historias sobre el referéndum. Es arriesgado, porque hasta la tarde o noche del día anterior no sabes con seguridad si tienes sitio en el avión o helicóptero. Y si por algún motivo le caes mal al personal encargado de estos vuelos, entonces olvídate de conseguir sitio.

Por supuesto, eso es lo que nos pasó a Marc –un fotógrafo alemán– y a mí cuando pedimos a UNMIS volar con ellos desde Juba a Yambio, la capital de Equatoria occidental. Pero al contrario que con otras partes de sur Sudán, Yambio está relativamente cerca de Juba, 424 kilómetros por carretera de tierra, y hay minibuses y ‘landrovers’ que cargan a cuanta más gente mejor y atan colchones, sacos, sillas o lo que sea en el techo y hacen el viaje. Así que Marc y yo preguntamos por ahí y encontramos un minibus que en teoría tardaba 10 horas de Juba a Yambio, de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Pagamos cada uno 150 libras sudanesas (algo más de XX euros) y a las 7 y media de la mañana el día siguiente -el 22 de noviembre- estábamos en el ‘bus park’ de Juba con varias mochilas y listos para el viaje.

Estos minibuses, igual que los ‘matatus’ kenianos, son furgonetillas que no inician el viaje hasta que se llenan con las 14 personas que, bien apretadas unas contra otras, más o menos caben en su interior – junto con el conductor. Marc y yo nos acoplamos como pudimos en los asientos de atrás hasta que un tío de la ‘compañía’ quitó a uno que estaba en los asientos de delante (los menos incómodos del minibus) y nos puso a nosotros dos. Por ser blancos. Mmm. En fin.

El ‘bus park’ de Yambio es un lugar caótico, lleno de gente vendiendo de todo y de boda-bodas y de cochambrosos autobuses y minibuses y gallinas y perros y cabras y gente ofreciendo billetes de bus y gente ofreciendo cambiar libras sudanesas por dólares y niños pidiendo dinero o intentando venderte cualquier cosa.

Y allí estábamos, el minibús parado en el ‘bus park’, Marc y yo y nuestras mochilas y sacos de dormir en los asientos delanteros y aún bastante estrechos, con todas las puertas abiertas pero igualmente cociéndonos a fuego lento – y esperando a que el minibus se llenara para salir hacia Yambio.

De repente, dos chavales de unos veinte o veintipocos años empezaron a pelearse a puñetazos justo delante de nuestro minibús. Todos les miramos con curiosidad y entonces uno de ellos se llevó la mano a la parte de atrás del pantalón y sacó una pistola. La cargó y estiró el brazo apuntando al otro chico, que se había quedado a cuadros. Aunque, más que asustado, parecía simplemente sorprendido. Se quedó parado mirando con la boca abierta al de la pistola, que le apuntaba con el brazo tenso pero, eso sí, sin poner el dedo en el gatillo. Y nosotros allí sentados en el minibús también a cuadros y sin saber muy bien qué hacer.

Pero entonces otro grupo de chicos llegó y rodeó al de la pistola entre sonrisas y le calmaron y se lo llevaron de allí mientras el otro chaval les miraba aún con incredulidad.

Y entonces Marc dijo: “Mierda, tendría que haber sacado mi cámara”.

Y un rato después, con hora y media de retraso, salimos hacia Yambio.

El viaje fue largo y, me atrevo a sugerir, más incómodo de lo que habría sido volar gratis con UNMIS durante dos horas (con una parada en Maridi).

Nuestro minibús ardía bajo el sol y poco a poco todos nos íbamos poniendo marrones por la tierra y el polvo que entraban por las ventanillas y se mezclaban con nuestro sudor. De vez en cuando parábamos para bajar a mear o estirar las piernas o echar agua al motor. Durante el viaje, el paisaje iba cambiando y se volvía lentamente más verde porque Ecuatoria occidental es tierra de bosques y pastos. Marc y yo estábamos aburridos y callados y somnolientos mientras los demás pasajeros hablaban a gritos en árabe y reían y disfrutaban del viaje. A primera hora de la tarde, paramos para comer en un pueblo y Marc y no nos pusimos las botas con el típico plato de la zona: carne de cabra, una especie de pasta de lentejas y pan como de pita. Total para los dos, 5 libras sudanesas (1,5 euros).

Más tarde, tuvimos que parar tras sufrir un pinchazo, algo bastante normal por esos caminos de tierra y piedras y baches y hoyos. Pero nuestro conductor, James, era un tío grande que cambió la rueda en un par de minutos. Aun así, poco después, el motor empezó a hacer un ruido aun más extraño del que venía haciendo y, en su inglés precario, James nos dijo que una pieza estaba jodida y que no podíamos pasar de 40 km/h y que ya veríamos si no teníamos que parar en medio de la nada a dormir.

Un par de horas después, llegamos a otro pueblo y paramos y James se fue a buscar una pieza de repuesto para cambiar la que no funcionaba. Era ya tarde, sobre las 6 de la tarde y pronto iba a anochecer. Y si ya es complicado conducir por esos caminos a la luz del día, imagínate en completa oscuridad, sin poder ver los agujeros y las piedras en el camino.

Pero James volvió con la pieza de repuesto y, mientras le alumbrábamos con linternas, la cambió y consiguió que el motor volviera a funcionar con normalidad. Nos pusimos en marcha y James pisó el acelerador para recuperar el tiempo perdido y nos comimos unos cuantos hoyos a bastante velocidad y no sé como el minibús no acabó destrozado y tirado en la cuneta.

Y finalmente, sobre las 10 y media de la noche, 13 horas después de salir de Juba, llegamos a Yambio. Llamamos a nuestro contacto y esperamos a que nos encontraran en una gasolinera (consistente en una bombilla y un surtidor). Al rato nos recogieron y nos llevaron a la casa en la que nos íbamos quedar, la casa de un periodista sudanés de Yambio al que habíamos conocido en Juba y que generosamente quiso alojarnos.

Bienvenido a sur Sudán

Quizá fue por suerte o casualidad pero, en el año y pico que viví en Nairobi y en el mes y medio que pasé en Kampala, nadie me pidió un soborno. Sin embargo, a las pocas horas de estar en sur Sudán, ya había tenido que decir que no a dos supuestos funcionarios. Y días después, en el viaje de vuelta de Yambio a Juba, habría una tercera vez.

Entré en sur Sudán por carretera desde Kampala, donde días antes había conseguido mi permiso de viaje del gobierno de sur Sudán (GoSS). En la frontera, tuvimos que pasar por inmigración para salir de Uganda y para entrar en sur Sudán. Ya en la oficina en el lado sudanés, había que empujar y hacerse un hueco usando los codos si querías que te sellaran tu permiso. Mientras todos nos apelotonábamos, una de las personas detrás de las mesas era una chica que estaba poniendo sellos y tenía un libro en el que tenías que escribir tu nombre. Conseguí llegar casi hasta ella y ya sólo había dos chicas kenianas delante de mí. La ‘funcionaria’ les selló sus permisos, las chicas escribieron sus nombres y entonces la funcionaria les pidió 5 libras sudanesas (alrededor de 1,5 euros) a cada una. Las kenianas se sorprendieron, “¿5 libras?, ¿por qué?” “Porque, porque son 5 libras”, les respondió la funcionaria. Y las chicas kenianas pagaron.

Me llegó el turno, le di mi permiso a la funcionaria, lo selló, escribí mi nombre en el libro y entonces me pidió a mí también 5 libras. “No”, le dije. La funcionaria me miró durante un segundo y luego dijo, “Ok”. Y salí de la oficina.

El permiso de viaje del GoSS

El permiso de viaje del GoSS

Más adelante, cuando ya estábamos muy cerca de Juba, un supuesto control policial detuvo el autobús. Entraron varios tíos jóvenes sin uniforme pero diciendo que eran policías. De forma bastante agresiva y en un inglés algo básico, nos ordenaron a todos bajar con nuestras bolsas. Todas las maletas, cajas, paquetes y demás de los pasajeros estaban entre los asientos del autobús con nosotros. Salimos todos y yo me bajé mi mochila pequeña pero dejé la grande con toda la ropa y tal en el autobús. Al salir, me pidieron el pasaporte y cuando vieron que era español dijeron entre sonrisas, “¡Europeo!” Y yo, “Ehm, sí, je je”. Y el que parecía el jefe, “A mí me gustaría ir a Europa, ¿qué te parece?” Y se empezó a reír a carcajadas y yo pasé de largo y me quedé allí al lado esperando a ver.

Bueno, pues estamos todos fuera asándonos bajo el sol mientras los ‘policías’ registraban el interior y entonces sale del autobús el supuesto jefe y empieza a gritar en inglés. “¡Sois todos unos estúpidos!, ¡estúpidos! ¡No entendéis nada! Os digo que bajéis las bolsas y qué hacéis, ¡las dejáis adentro! ¡No entendéis nada!” Varios de los pasajeros, de hecho, no entendían bien el inglés y no se estaban enterando demasiado del tema. Pero yo, literalmente, me quedé mirándo al tipo con la boca abierta. Él también me miró, sonrió y dijo, “No, pero contigo no pasa nada, no te preocupes”. Y yo, “¿Qué?”. Y el tío, “No te preocupes, ven”. Me acerco y él, “Contigo todo está bien, no hay problema, pero estos estúpidos no saben nada, no entienden el inglés”, me dijo con su inglés bastante básico y señalando a los demás pasajeros. Entonces, otro de los ‘policías’ quiso registrar mi mochila pero el jefe no le dejó y me dijo, “Sube, tú puedes esperar dentro”. Así que me volví a meter en el autobús mientras oía murmurar a los demás pasajeros y decir, “…mzungu”. ‘Mzungu’ es ‘persona blanca’ en swahili y luganda y la mayoría de los pasajeros eran kenianos y ugandeses, hablantes de esos idiomas. Yo era el único blanco entre los pasajeros.

Ya dentro y mientras los policías registraban las maletas y cajas sin mucho cuidado, llegaron a mi mochila grande y les dije que era mía. Uno de ellos se disponía a abrirla pero el ‘jefe’ lo detuvo y me llamó y me pidió que la abriera. Precisamente pensando en este tipo de situaciones, siempre dejo la ropa sucia arriba del todo, con la idea de desanimar a quien esté registrando la mochila o la maleta. Pero el tipo me hizo rebuscar un poco por dentro y vio varias bolsas de plástico y me dice, “¿Y qué llevas ahí?”, y yo, estúpidamente, “Pues, cosas para trabajar, medicinas…” Y él, “¿Medicinas?, ¿qué tipo de medicinas?” Y yo, mierda, “Pues para el estómago y tal”. Y él, “Ah, ¿y no puedes darme unas cuantas?, me vendrían muy bien”. Y yo, “No tío, las necesito para mí”, y él se me quedó mirando, me sonrió y me dijo, “Va, está bien, puedes cerrarla”.

Me volví a mi sitio y un largo rato después permitieron subir a los demás pasajeros y pudimos continuar el viaje. Algo más tarde, 14 horas después de haber salido de Kampala, llegábamos por fin al ‘bus park’ de la capital y pude poner el pie en Juba.

Un mes interesante en el este de África

Oigo cantos y la música de un tambor y entro en la finca a ver qué es. Un grupo de mujeres danzan alrededor de otra que es la que toca el tambor. Un grupo de chicos jóvenes, muy altos, se me acercan y me saludan sonrientes. En un inglés rudimentario, me cuentan que se trata de un baile tradicional que las mujeres hacen antes de una boda. Seguimos hablando y una de las chicas me hace gestos para que me una al baile, yo niego con la cabeza casi asustado y me quedo en mi sitio.

Poco después, salgo al camino de tierra, lleno de piedras y agujeros, y sigo andando. La luz es blanca y cegadora y hace mucho calor, alrededor de 40 grados, y el alto nivel de humedad hace que todos estemos empapados en sudor. Cabras, gallinas, perros y algún que otro ‘boda-boda’ (moto-taxis) pasan por mi lado.

Más tarde, en el centro, el ruido de los generadores y de las múltiples obras se mezcla con el alboroto en los puestos de mercado. Por las pocas calles asfaltadas, la gente esquiva los numerosos y enormes todoterrenos blancos que aparecen por todas partes.

La cuenta atrás

La cuenta atrás

En una de las principales rotondas de la ciudad, una especie de torre cuadrada tiene cuatro relojes con una cuenta atrás: días, horas y minutos. Debería decir que faltan 30 días pero, como casi siempre, el contador está estropeado y no muestra ningún número.

Pero lo cierto es que esto es Juba y sólo faltan 30 días para que los ciudadanos de sur Sudán decidan en referéndum si siguen unidos al norte o si se convierten en un nuevo Estado independiente.

Juba es una ciudad curiosa y de contrastes. Edificios tan modernos como feos se alzan en caminos polvorientos junto a casas derruidas y chabolas. Los típicos todoterrenos blancos de la ONU y las ONGs están por todas partes junto a los destartalados minibuses, las motos sucias de los ‘bodas’ y la gran cantidad de gente que simplemente anda y anda bajo el sol. Sudaneses de traje y corbata y gente blanca toman cerveza fría en los pocos hoteles con aire acondicionado mientras fuera el resto de la población toma té aguado y caliente entre el polvo y las piedras de la calle.

Todo el mundo da por hecho que sur Sudán votará por la independencia. No he encontrado a una sola persona que diga que va a votar por la unidad – y en las últimas tres semanas he preguntado a mucha gente. “Separación, por supuesto”, dicen mirándote como si la pregunta no tuviera sentido.

Juba es una ciudad en construcción

Juba es una ciudad en construcción

La votación forma parte del acuerdo de paz que puso fin a la guerra que enfrentó al norte y al sur entre 1983 y 2005. En cada artículo y en un par de párrafos, las agencias de noticias nos dicen que el enfrentamiento fue entre el norte, árabe y musulmán, y el sur, animista y cristiano y de población negra. Y también nos dicen que la guerra provocó entre 2 y 2,5 millones de muertos y hasta 5 millones de desplazados. Pero las cifras reales no se pueden saber y la realidad, como suele ocurrir, es más compleja.

Sur Sudán tiene un área algo mayor que la península Ibérica pero en ella habitan más de 500 tribus diferentes que hablan unos 115 idiomas distintos. Según la zona de la que procedan, los sur sudaneses pueden llegar a tener un aspecto muy diferente. Y son comunes los conflictos, incluso armados, entre tribus del sur.

Durante la guerra, en el sur había facciones que apoyaban al norte y peleaban por la unidad. También, en un primer momento diferentes tribus y comunidades pelearon por su cuenta contra el norte y entre ellas mismas por la independencia.

En el sur, muchos hombres te dirán que son cristianos pero también tienen varias esposas. Un hombre de setenta y pico años (ni él mismo sabía su edad) me dijo que tenía 4 mujeres y 40 niños. Un hombre tiene tantas mujeres como se pueda permitir, tradicionalmente según el número de cabezas de ganado que tenga en propiedad o, en zonas más urbanas y entre gente más joven, según el dinero que tenga o gane en el trabajo. En Juba, hay varias mezquitas y muchos musulmanes que, como el resto de la población, van a votar por la independencia.

El centro de Juba

El centro de Juba

La guerra fue el último de toda una serie de complejos conflictos que, en su versión moderna, comenzaron a finales del siglo XIX y en los que el colonialismo europeo y el expansionismo árabe jugaron un papel importante.

Y por supuesto está el petróleo. Casualmente, hay grandes reservas de petróleo situadas en el sur, muy cerca de la ‘frontera’ con el norte. Y como era de esperar, el actual gobierno sudanés no desea la separación. Con sede en Khartoum, su presidente es Omar al-Bashir, todo un personaje y sobre quien pende una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por genocidio y crímenes de guerra y contra la humanidad por el conflicto en Darfur. Que ésa es otra.

Sudán (mapa de The Economist)

Sudán (mapa de The Economist)

Hay gente -sobre todo expertos y periodistas que no están en Sudán- que piensa que el norte no permitirá la separación y que pronto habrá otra guerra entre Juba y Khartoum. De hecho, hay periodistas que lo están deseando.

Quizá me equivoque, pero yo creo que no va a pasar de unos cuantos incidentes aislados y que no va a haber otro conflicto armado a gran escala. Las dos partes tienen demasiado que perder y, sobre todo, a los políticos del sur, que ya pasaron 20 años ‘in the bush’ (en los bosques) peleando contra el norte, no les apetece en absoluto abandonar sus nuevas y confortables vidas en residencias ajardinadas y grandes coches con chófer. Prefieren hacer negocios a desempolvar sus AK-47. Pero quién sabe. En los últimos días, el SPLA (el ejército de sur Sudán) ha acusado al norte de bombardear en tres ocasiones poblaciones en el sur. Y ambas partes dicen que la otra está reforzando sus posiciones militares en la frontera, a pesar del acuerdo de paz que obliga a desmovilizar y desarmar parte de los ejércitos de ambos lados. Para añadir más gracia al asunto, los cables diplomáticos publicados por WikiLeaks parecen probar que un cargo de 33 tanques secuestrado por piratas somalíes en 2008 tenía como destino el SPLA.

Hay mucho en juego y la situación es tensa. Una provocación tras otra, una respuesta airada del norte o del sur o una guerra dialéctica podrían acabar siendo la chispa que sí acabe encendiendo un nuevo conflicto armado. El tema es complicado pero también muy interesante. Muchas de las respuestas, en poco más de un mes. Y la historia, durante todos estos días en este blog.